La antropóloga Aracely Burguete denunció que en Chiapas los usos y costumbres siguen frenando el avance político de mujeres indígenas. Aunque hay más candidatas, pocas son electas. En 10 años de paridad, hay menos alcaldesas que en 2015.
CON VALOR DE MUJER. NI MÁS NI MENOS/Candelaria Rodríguez Sosa
Bajo el titulo “La politización de los usos y costumbres. Una narrativa que excluye a las mujeres indígenas” la feminista, antropóloga e investigadora del Centro de Investigaciones y Estudio Superiores en Antropología Social (CIESAS), Aracely Burguete Cal y Mayor, de manera certera, asegura que en Chiapas, el avance de los derechos políticos electorales de las mujeres para asumir el cargo de presidenta municipal se ha estancado.
Burguete Cal y Mayor, participó en el simposio denominado “Raíces de Cambio”, convocado por la Coordinadora Estatal de Mujeres Indígenas de Chiapas (COEMICH), en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas (ONU).
celebrado en San Cristóbal de las Casas, espacio donde reflexionó sobre la participación de las mujeres, en un recorrido historio de un siglo (1915-1925).
En un análisis profundo de los usos y costumbres que impide la asunción de las mujeres indígenas al poder, sostiene con base al nombre del evento: “Ellas claman por el cambio desde sus raíces; desde su identidad; desde sus pueblos, y hacer realidad su sueño a lograr una vida digna, libre de violencias; con reconocimiento a sus derechos de ciudadanía en sus comunidades y municipios.
En ese recorrido que coloca mayoritariamente la asunción de los hombre al poder, da cuenta que en un siglo que 4, 705 han sido presidentes municipales y únicamente 57 mujeres alcaldesas. Ante ese rezago, dijo, las luchas feministas impulsaron reformas electorales y legales para incluir formulas de cuotas, hasta llegar al año 2014 con lo que se estableció el principio constitucional de paridad.
Entre simulaciones y retroceso, agrega, fuero 34 presidentas electas en el 2015, pero su su participación disminuyó a 29 en 2018, a 17 en 2021; y a 21 en 2024. Por lo que en 10 años de la paridad (2024) se registran 13 presidentas municipales menos que las que hubo en el año 2015.
Pese a las estrategias y normas legales, refiere que 21 mujeres electas en la actualidad representan el 16.93% del total estatal, mientras que, 103 hombres gobiernan 113 de los 124 municipios que integran la malla municipal en la entidad.
En su análisis refiere como cada vez más las mujeres candidatas participan más en los procesos electorales, pero no son elegidas. Pese a que los partidos políticos las postulen , dicen, para cumplir con la paridad, ellas no son votadas, y se pregunta ¿cómo comprender este fenómeno?.
Y refiere como el orden patriarcal en toda su estructura, los partidos políticos están en manos de los hombres, reflejando una desigualdad en el seno de esos instituto políticos. Ese escenario, reitera, lleva a otorgar menos recursos a las mujeres en sus campañas.
La cultura patriarcal que subordinado a las mujeres, y carecen de agencia. Ellas para participar en la política deben pedir permiso a las figuras patriarcales.
Hoy, dice la antropóloga, hay un significado números de mujeres jóvenes llamando la atención sobre la injusta relación que expresan otras aspiraciones, y claman participación y reconocimientos, si que encuentren empatía con los grupos masculinos de sus pueblos, que por el contrario las descalifican para vaciar el campo de las mujeres activistas y dejan los espacios desiertos.
Señala Burguete que para socavar el avance de las mujeres en la participación política, se ha construido un discurso que señala a las mujeres activistas de poner en riesgo los usos y costumbres.
Y categórica sostienen que “Intentan con ello, bloquear su reconocimiento en los imaginarios sociales. Esta visión, acota, interpreta a los usos y costumbres desde una perspectivas conservadora, como estructuras cosificadas.
Clara y precisa, ante mujeres indígenas reunidas para escuchar su participación, la investigadora, recordó las modificaciones registradas en los años 70 y 80 para npbrar y elegir a las autoridades municipales, y antes, explicó se hacían por el sistema de escalafón cívico religioso al que se le llamó sistema de cargos. Después llegaron los partidos políticos, que dio lugar al pluralismo partidario y que se mezcló con el cambio religioso, en el que nacieron numerosas iglesias evangélicas, pero los que llevo a la concentración del poder político y religioso se opusieron, so pretexto de violentar los usos y costumbres.
La misma narrativa, que hoy se ha revitalizado para ser usado en contra de las mujeres activistas de esos municipios, enfatiza Cal y Mayor.
La investigadora en sus análisis, sostiene que si los cambios en las transformaciones de los usos y costumbres, conducen a la pacificación, como refiere la historia cuando se suspenden las expulsiones y es posible la convivencia, con nuevas reglas sociales, entonces “Lo que da cuenta que los usos y costumbres no son estáticos, sino que, dado que estos son la médula de una estructura estructurante, requieren estar en permanente transformación”
En este sentido refiere como el cambio político dio origen a nuevos grupos de poder. “Son los que hoy controlan los partidos políticos, y son los que están instalados en los ayuntamientos de los municipios indígenas”.
Y son estos, los que censuran las luchas de las mujeres, para impedirles que sean competidoras genuinas. La politización de los usos y costumbres se erige como una narrativa que bloquea el reconocimiento de la legítima lucha de estas, a tener y ejercer derechos.

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