Las remesas bajaron 16.2 % en junio, la caída más fuerte desde 2012. Afecta a más de cinco millones de hogares, sobre todo en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde sostienen el consumo básico. El impacto va directo a la mesa y al bienestar.
MÁS ALLÁ DEL DISCURSO/Carlos Serrano
De acuerdo con el reporte oficial emitido por el Banco de México, el mes de Junio de este año cerró con una cifra que debería encender alertas en todo el país: las remesas enviadas por mexicanos desde Estados Unidos cayeron un 16.2 % respecto al mismo mes del año pasado. Fueron 5,201 millones de dólares, una cifra alta en términos absolutos, pero preocupante por tratarse de la caída más profunda desde septiembre de 2012 y la tercera baja mensual consecutiva.
La tendencia no es cosa menor. Las remesas representan un sostén económico fundamental para más de cinco millones de familias mexicanas, especialmente en estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde en algunos municipios estos envíos representan hasta un tercio del consumo local. El golpe no es solo a las estadísticas macroeconómicas, sino que va directo a la mesa, a la salud, a la educación y al bienestar de miles de hogares.
La causa de esta caída es multifactorial. Por un lado, está el clima político de Estados Unidos, donde el Presidente Donald Trump mantiene su discurso antimigrante, promoviendo redadas, deportaciones y sanciones a quienes viven y trabajan sin documentos. Por otro lado, como resultado de estas acciones, algunos especialistas advierten que hay una menor incorporación de nuevos migrantes al mercado laboral estadounidense, lo que frena el crecimiento del flujo de remesas.
Sin embargo, más allá de las causas externas, es indispensable hacer una crítica interna, ya que durante años, los gobiernos anteriores en Chiapas presumieron las remesas como un logro económico, como una fuente de ingresos que “beneficiaba” al estado, cuando en realidad eran el reflejo más evidente de un fracaso estructural, como es la falta de oportunidades en el lugar de origen.
En lugar de generar condiciones para que las y los chiapanecos pudieran desarrollarse en sus comunidades, se normalizó la emigración como única alternativa de vida. Se celebraban las cifras récord de remesas, mientras se ignoraban las causas: la desigualdad, la marginación, la falta de acceso a servicios, y más recientemente, la violencia que durante los últimos años frenó la inversión y paralizó la actividad económica en muchas regiones del estado.
Esta situación ya cambió, porque desde su llegada, el Gobernador Eduardo Ramírez Aguilar optó por una ruta distinta al poner al centro de sus acciones a las personas y sus territorios. La estrategia no parte de las remesas, sino del impulso de la economía social y las capacidades productivas, del fortalecimiento comunitario y del rescate del campo chiapaneco.
Con una visión de desarrollo integral, se han desplegado acciones concretas para fortalecer las economías locales y reducir la dependencia del dinero que llega del exterior, con lo que Chiapas está reconstruyendo desde abajo el tejido económico que otros dejaron abandonado.
Por eso se ha apostado también por recuperar el turismo regional, mejorar caminos rurales, fortalecer los mercados locales y articular programas sociales con cadenas productivas.
Lo más importante es que, a diferencia del pasado, ahora se gobierna con una conciencia clara de que el sur también existe y merece oportunidades dignas. La narrativa oficial ya no romantiza la migración, por el contrario, la reconoce como consecuencia de décadas de abandono y está actuando en consecuencia, devolviendo a las comunidades el derecho a quedarse, a producir, a crecer con justicia y, sobre todo, paz.
Transformar una economía profundamente dependiente de las remesas y golpeada por la violencia no se logra en unos meses. Lo importante es que Chiapas ya cambió de ser considerado un estado expulsor a uno de resiliencia, trabajo y esperanza.
Ante un contexto internacional adverso, Eduardo Ramírez está demostrando que es posible blindar la economía social desde lo local, es decir, sin esperar que el dinero llegue desde lejos. Se trata de sembrar, producir, transformar y crecer con lo que tenemos, con lo que somos.
Frente a la reducción de las remesas que llegan a nuestro país, Chiapas se alza con una respuesta firme, humana y con una ruta clara para construir un estado donde nadie tenga que irse a otro lugar para vivir con dignidad, un Chiapas que no solo resista el embate externo, sino que renazca desde su gente y desde sus territorios.


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