Ultimatum Chiapas
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
Ultimatum Chiapas
No Result
View All Result
Home Especial

Paulina, la dama del silencio

3 de diciembre de 2025
in Especial
Paulina Castañón, nacida entre 1953 y 1954, no es santa ni diosa: es una sobreviviente que carga secretos congelados en la memoria. Creció entre privilegios, viajes y cenas con diplomáticos.

Paulina Castañón, nacida entre 1953 y 1954, no es santa ni diosa: es una sobreviviente que carga secretos congelados en la memoria. Creció entre privilegios, viajes y cenas con diplomáticos.

Compartir en FacebookCompartir en Twitter
Paulina Castañón, nacida entre 1953 y 1954, no es santa ni diosa: es una sobreviviente que carga secretos congelados en la memoria. Creció entre privilegios, viajes y cenas con diplomáticos.

El Duque de Santo Ton/Ultimátum 

Paulina Castañón no es santa ni diosa, es una sobreviviente plantada sobre tacones de 15 centímetros, con maquillaje impecable, vestida a la última moda y con un cúmulo de secretos helados en la memoria.
Esta distinguida señora nació en la Ciudad de México, probablemente en 1953 o 1954, nadie sabe la fecha exacta, como si su nacimiento ya fuera un secreto de Estado. Hija de una familia privilegiada de la Posrevolución, creció inmersa en privilegios: viajes a Europa y Nueva York, cenas con políticos y diplomáticos.
Era una adolescente cuando sus padres la enviaron a Suiza, junto a Eugenia, su hermana mayor. Volvieron convertidas en las reinas de la sociedad mexicana de los años sesenta y con el presidente Gustavo Díaz Ordaz en el Palacio Nacional. Eugenia no tardó en comprometerse con el primogénito presidencial, Gustavo Jr., un enlace que ya olía a pacto familiar.
Mientras tanto, Paulina, con su pelo rubio teñido, arreglado en peinados imposibles, pestañas postizas que rozaban las cejas, minifaldas que subían como el PRI al poder, y botas de cuero hasta el muslo. La moda de París tardaba años en llegar a las calles de la colonia Roma, pero Paulina ya la traía en sus maletas Louis Vuitton.
Las columnas de sociedad describían a las Castañón como trofeos inalcanzables. Las chicas de todo México las copiaron al instante -peinados gigantes, labios iridiscentes como luminarias de neón, pero, por más que lo intentaran, no conseguían ser las hermanas Castañón.
Paulina no era solo moda: era un statement. “Somos el futuro”, decían sus faldas cortas, mientras el país fingía ser moderno. Y entonces apareció Alfredo Díaz Ordaz, el hijo menor del presidente, Afredito, cuñado de su hermana, poco atractivo, pero con el ego inflado por el apellido y las substancias de moda, según se rumoraba.
Alfredo conoció a Paulina en una fiesta en el Pedregal, ella con un vestido metálico que parecía salido de un sueño francés de Yves Saint Laurent, él con esa sonrisa de quien cree que el mundo le debe algo. No hubo cortejo largo: era 1971, el año del eclipse, y su boda fue el evento del sexenio. Fue un enlace de élite y el suegro firmando el acta como si aprobara un decreto.
Paulina entró como nuera del rey del palacio, y salió como la nueva Díaz Ordaz. Tuvieron dos hijas rápido: Andrea en 1973, Paulina en 1975 -esta última, con esa chispa de la madre, pero jamás tan bella. Los años dorados duraron una década. Alfredo la llevaba a todos lados: fiestas en Acapulco, cocteles en Palacio Nacional y cenas en Chapultepec.
Antes de la boda, cuando el grupo norteamericano de rock “The Doors” estaba de gira en el territorio nacional y México fingía ser cool, Alfredo la plantó al lado de Jim Morrison para una foto icónica. Ahí está: Paulina, radiante con su melena rubia, sentada junto al rey lagarto, que la mira como si fuera una musa mexicana. Él con su chaqueta de cuero, ella con un escote que dice soy de aquí, pero parezco de allá. La foto se volvió leyenda -su hija Paulina la compartió en Instagram años después, con flechas señalando: Mamá y el diablo en persona. Pero detrás de ese flash, Morrison odiaba el concierto para los juniors: demasiado limpio, demasiado falso.
Con el tiempo, Alfredo empezaría a odiar el matrimonio encorsetado y convencional. El fin llegó en 1982, con un divorcio silencioso como un golpe de Estado. Alfredo bebía de más, desaparecía en giras de negocios que olían a amantes furtivas.
Paulina no gritó: enfrentó a la prensa con lentes oscuros, un abrigo de piel que valía un sueldo presidencial, y la custodia de las niñas. “No hay drama”, dijo a los periodistas que no preguntaron. Pero el morbo estaba en lo que no se vio: las noches en que Alfredo simplemente no volvía, las hijas pequeñas preguntando por papá.
Mientras, Alfredo aparecía en la prensa, con la cantante Thalía, de 17 años, presumiendo un anillo de brillantes que había pertenecido a Guadalupe Borja, la ex primera dama de México. Paulina reconstruyó su vida suntuosa en fiestas, viajes, exposiciones, cocteles y ese estilo de dama que no llora en público. Criaba a Andrea y a Paulina con niñeras y lecciones de piano, pero sin abrazos calientes: “el amor se demuestra con cuentas bancarias”, les diría después.
Doce años soltera, en 1993, Paulina conoció a Raúl Salinas de Gortari, el hermano mayor del presidente en turno. Tres meses bastaron: boda civil con invitados que susurraban “ella entró en la jaula de oro y cerró la puerta desde dentro”.
Raúl, con su bigote de banquero y ojos de quien sabe dónde está el dinero, recibió a Paulina como su tercera esposa. Vivían cerca de dos dinastías presidenciales: los Díaz Ordaz del pasado, los Salinas de Gortari del presente. Ella, la dama de sociedad que organizaba cenas con caviar y champage, mientras Raúl tejía redes de corrupción.
El morbo explotó en 1995: Paulina voló a Ginebra, Suiza, como cuando era una jovencita, pero ahora no para estudiar. Iba con su hermano Antonio y de una caja de seguridad a nombre de Raúl intentó sacar dos millones y medio de dólares en efectivo, joyas que nadie recordaba haber comprado y documentos falsos a nombre de su marido. La detuvieron, y los titulares de los periódicos mundiales gritaron: “¡la señora Salinas de Gortari implicada en lavado de dinero!”
Era la época del escándalo Salinas: Raúl en la cárcel por el asesinato de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu, cuentas suizas congeladas. Paulina pasó meses en Champ-Dollon, la prisión de lujo para millonarios, negando todo: “No sabía de dónde venía el dinero”, decía. Salió en 1996, absuelta por falta de pruebas, pero con el estigma pegado como perfume barato. Volvió a México, se divorció de Raúl en 1998 –“fue un error de cálculo”, diría después-, y se refugió en Polanco, en un departamento minimalista.
Paulina, la gran señora, se quedó callada al volver a México e invitó a sus hijas a cenar, puso la mesa impecable, generosa, y les dijo: “El pasado no se come, se digiere”. Hoy, con setenta y tantos años a cuestas, Paulina vive en el anonimato que ella misma tejió. Sigue siendo una dama de primera, cara como la mansión del Pedregal de los Díaz Ordaz o un yate de los Salinas de Gortari, cerca de dos familias presidenciales que ya nadie menciona sin ironía, pero ella sabe que su mejor arma es el silencio.
*La información en la que se basa esta nota fue obtenida de archivos públicos, hemerotecas y rumores generalizados, por lo que está inspirada en hechos supuestamente reales que al autor no le constan.

Paulina Castañón, nacida entre 1953 y 1954, no es santa ni diosa: es una sobreviviente que carga secretos congelados en la memoria. Creció entre privilegios, viajes y cenas con diplomáticos.
Paulina Castañón, nacida entre 1953 y 1954, no es santa ni diosa: es una sobreviviente que carga secretos congelados en la memoria. Creció entre privilegios, viajes y cenas con diplomáticos.
Ultimatum Chiapas

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.

Navegación

  • Aviso de Privacidad

Redes Sociales

No Result
View All Result

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.