El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha marcado una diferencia sustantiva frente a gobiernos del pasado que prefirieron negar la realidad y normalizar los índices delictivos en vez de encararlos. La presidenta Claudia Sheinbaum lo ha dicho sin rodeos: ‘la entidad es ejemplo nacional en la recuperación de la paz y la tranquilidad’.
TAROT POLÍTICO/Amet Samayoa
En un Estado donde la inseguridad solía ignorarse y maquillarse con discursos huecos, hoy Chiapas presenta una realidad que incomoda a los escépticos: la paz dejó de ser promesa y se convirtió en verdad tangible y cotidiana. No es una percepción aislada no panegirista, es un reconocimiento que viene desde el más alto nivel del poder federal. La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos: Chiapas es ejemplo nacional en la recuperación de la seguridad. Ese reconocimiento tiene nombre y apellido. El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha marcado una diferencia sustantiva frente a gobiernos que prefirieron negar la realidad y normalizar los índices de violencia en vez de encararlos lo cual les resultaba imposible porque estaba enseñoreada en casa propia. Es preciso subrayar que ahora no se vendió la fantasía de erradicar la delincuencia -algo imposible en cualquier lugar del mundo-, sino que se enfrentó lo verdaderamente urgente: controlar la violencia que tenía secuestrada a la sociedad chiapaneca. Y ahí está el punto clave que muchos omiten a conveniencia. Delitos siguen ocurriendo, sí, como ocurre en cualquier estado o país. Casos lamentables y escandalosos, como el registrado en Villaflores a finales del año pasado por disputas ligadas al narcomenudeo, no se ocultan ni se minimizan. Se reconocen como lo que son, hechos aislados, no la expresión de un territorio dominado por el crimen organizado.
La diferencia con el pasado es brutal. Antes, la violencia era sistemática con carreteras tomadas, cobro de derecho de piso, extorsiones normalizadas, despojos de propiedades, levantones, asesinatos de empresarios, comerciantes y ganaderos. Era el miedo gobernando. Hoy, esa pesadilla terminó. Hoy se puede transitar por las carreteras de Chiapas, hoy las actividades productivas se desarrollan sin la sombra permanente del crimen. Las llamadas fuerzas vivas del estado, empresarios, productores, transportistas, comerciantes trabajamos sin ser asediadas. ¿La razón? Porque el mensaje es claro de quien se mete con el pueblo de Chiapas enfrenta al Estado. Y ese rigor tiene responsables visibles en la estrategia de seguridad y justicia: el doctor Óscar Aparicio Avendaño y el maestro Jorge Luis Llaven Abarca, quienes encabezan una coordinación que antes simplemente no existía y que estaba sometida por el crimen organizado. Importante mencionar los 5 delitos que han disminuido de manera importante: homicidio Doloso, robo de Vehículo, ataques a las vías de comunicación (bloqueos carreteros), extorsión (derecho de piso) y Asaltos carreteros.
Se vive mejor y se vive en paz
Pero además, a esto se suma un factor decisivo: el Poder Judicial dejó de ser la puerta giratoria de los delincuentes. Bajo la conducción del magistrado presidente Juan Carlos Moreno Guillén, hoy hay mano dura y consecuencias. Los delincuentes ya no entran por una puerta para salir por la otra. Permanecen donde deben estar, con la Ley en la mano en prisión. El llamado gobierno del Jaguar Negro está cumpliendo con Chiapas. Se controló la violencia y, al mismo tiempo, la delincuencia se abate de manera sostenida. Los reductos del crimen organizado se enfrentan entre sí y el Estado actúa sin titubeos; hay abatidos, hay detenidos y hay procesos judiciales firmes. Por eso hoy Chiapas vive mejor y vive en paz. No es propaganda, es realidad, y en los tiempos que corren, eso es un logro mayor.
De Tarot y Adivinanza
¿No cree usted que sólo los chiapanecos no bien nacidos insistirían en la versión de que Chiapas sigue igual en términos de seguridad? … servidos.
