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PSEUDOCIENCIA, CHARLATANERÍA Y FÍSICA CUÁNTICA

11 de enero de 2026
in Opiniones
PSEUDOCIENCIA, CHARLATANERÍA Y FÍSICA CUÁNTICA
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La física cuántica es, en realidad, una de las disciplinas más rigurosas, matemáticas y exitosas de la historia de la ciencia, pero su naturaleza contraintuitiva ha permitido que charlatanes y “terapeutas holísticos”

ECOLOGÍA HUMANA/Amado Ríos Valdez

En la actualidad, la palabra «cuántico» parece haberse convertido en un adjetivo mágico. Se vende agua cuántica, se ofrecen curaciones cuánticas y se promocionan saltos cuánticos de abundancia financiera. Sin embargo, detrás de esta terminología se esconde uno de los fraudes más profundos y lucrativos de nuestra era. La física cuántica es, en realidad, una de las disciplinas más rigurosas, matemáticas y exitosas de la historia de la ciencia, pero su naturaleza contraintuitiva ha permitido que charlatanes y “terapeutas holísticos”, como se hacen llamar estos charlatanes, la utilicen como un escudo de respetabilidad para prácticas que no tienen ningún fundamento en la realidad física ni en la medicina.

La arquitectura de lo infinitamente pequeño

Para entender por qué el uso popular del término es erróneo, debemos primero definir qué es realmente la física cuántica. Se trata de la rama de la ciencia que estudia el comportamiento de la materia y la energía a escalas increíblemente pequeñas, como átomos y partículas subatómicas. A este nivel, las reglas de la física clásica que aprendemos en la escuela —donde una pelota cae o se queda quieta— dejan de funcionar. En su lugar, surgen fenómenos extraños como la superposición, donde una partícula puede existir en varios estados a la vez hasta que interactúa con su entorno, o el entrelazamiento, donde dos partículas permanecen conectadas independientemente de la distancia que las separe.

Estos conceptos no son especulaciones filosóficas, sino realidades matemáticas descritas por ecuaciones complejas. La famosa ecuación de Schrödinger o la constante de Planck definen con precisión subatómica cómo se mueven los electrones. La física cuántica no nos dice que «todo es posible» o que el universo es un lugar de magia espiritual; por el contrario, nos dice exactamente qué es posible y qué es imposible en el mundo microscópico. Lo que ocurre a nivel de un átomo no se traslada de forma directa al mundo de los objetos grandes, como el cuerpo humano, debido a un proceso llamado decoherencia, que destruye los efectos cuánticos en sistemas con escalas mayores.

El motor invisible de la tecnología contemporánea

Lejos de las salas de meditación, la física cuántica es el motor real de nuestra civilización actual. No es una teoría abstracta que espera ser validada; es la base de casi todos los dispositivos electrónicos que utilizamos hoy. Sin la comprensión del comportamiento cuántico de los electrones en los materiales semiconductores, no existiría el transistor. Por lo tanto, no habría computadoras, ni teléfonos inteligentes, ni internet. No estarías leyendo actualmente este artículo en tu celular o laptop. El funcionamiento de un microprocesador depende de que millones de transistores operen siguiendo las leyes de la mecánica cuántica con una precisión absoluta.

Otras aplicaciones cruciales incluyen el láser, que se utiliza desde cirugías oculares hasta lectores de códigos de barras, y las máquinas de Resonancia Magnética Nuclear (RMN), que permiten ver el interior del cuerpo humano sin cirugía aprovechando el «espín» de los núcleos atómicos. Incluso el sistema GPS de tu teléfono funciona gracias a relojes atómicos que miden el tiempo basándose en las transiciones de energía de los átomos de cesio. Estas aplicaciones demuestran que la física cuántica es una ciencia de ingeniería y precisión, no una herramienta para la manifestación de deseos o la sanación a distancia mediante el pensamiento.

La semántica del fraude y el abuso de los conceptos

El engaño de las «terapias cuánticas» comienza con un secuestro del lenguaje. Los charlatanes toman términos técnicos y los vacían de su contenido matemático para rellenarlos con misticismo. El ejemplo más común es el uso de la palabra «vibración» o «frecuencia». En física, una vibración es un movimiento oscilatorio mecánico o una variación en un campo electromagnético que se puede medir en Hercios (Hz). Sin embargo, en las terapias holísticas, la «vibración» se usa como una metáfora vaga para el estado de ánimo o la «energía vital», conceptos que no tienen unidad de medida ni existencia física comprobable.

Estos “terapeutas” suelen afirmar que «el cuerpo es energía» y que, por lo tanto, se puede curar ajustando sus frecuencias cuánticas. Si bien es cierto que la materia está compuesta por átomos y que estos contienen energía, la escala a la que operan es tan distinta que es imposible «reprogramar el ADN» o «sanar células» mediante la intención o imanes colocados al azar. La energía en física es la capacidad de realizar un trabajo, no una sustancia invisible que fluye según nuestras emociones. Al usar palabras de la ciencia para validar afirmaciones que no han pasado por un solo experimento controlado, estos individuos cometen un fraude intelectual que confunde a personas vulnerables que buscan soluciones a sus problemas de salud.

El mito del observador y la falsa conciencia creadora

Uno de los pilares del fraude cuántico es la interpretación errónea del «Efecto del Observador». En experimentos cuánticos, el acto de medir una partícula altera su estado. Los charlatanes traducen esto como: «Tu conciencia crea tu realidad; si lo piensas, lo atraes porque el observador afecta lo observado». Esta es una distorsión peligrosa. En física, un «observador» no tiene que ser un ser humano consciente o una mente pensando; un «observador» es cualquier interacción física, como un fotón de luz chocando contra un electrón para poder medirlo.

La física cuántica no otorga a la mente humana el poder de alterar la materia por puro deseo. El famoso experimento mental del gato de Schrödinger se diseñó precisamente para mostrar lo absurdo que sería aplicar las leyes cuánticas a objetos grandes de la vida cotidiana. Afirmar que uno puede curarse del cáncer o atraer dinero simplemente «colapsando la función de onda» mediante pensamientos positivos es una falta de respeto a los pacientes y a los científicos. La conciencia es un proceso biológico complejo, pero no es una fuerza fundamental de la naturaleza que pueda reescribir las leyes de la termodinámica o la biología celular a voluntad.

Defendiendo la razón frente al mercado de la esperanza

El peligro real de las terapias cuánticas no es solo el gasto económico innecesario, sino el abandono de tratamientos médicos con base científica. Cuando un charlatán convence a una persona de que su enfermedad es un «desequilibrio energético cuántico» que puede resolverse con gotas de agua con memoria o meditaciones de frecuencia específica, está poniendo en riesgo vidas humanas. El pensamiento crítico es la única herramienta efectiva para protegernos de estas estafas que se disfrazan de vanguardia científica para explotar la esperanza y la desesperación.

La verdadera física cuántica es maravillosa y extraña, pero no es una medicina ni una guía de autoayuda. Debemos aprender a distinguir entre la complejidad real de la ciencia y la simplicidad seductora de la pseudociencia. Un descubrimiento científico no se valida porque suene «espiritual» o «profundo», sino porque puede predecir resultados, ser verificado por otros y, en última instancia, funcionar de manera consistente en la realidad. Ante cualquier oferta de sanación o éxito que utilice la palabra «cuántico» fuera de un laboratorio de física o un centro de tecnología avanzada, la respuesta más racional es el rechazo. La ciencia busca iluminar la oscuridad, no proporcionar etiquetas elegantes para ocultar el fraude.

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