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¿Y Donald Trump quién es para dictar la seguridad de México?

18 de enero de 2026
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¿Y Donald Trump quién es para dictar la seguridad de México?
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A quienes le deben temblar las corvas y un poquito más arriba, desde que cayó Maduro y Trump amenazó a México, es a los verdaderos jefes de la mafia en el poder… del sexenio pasado. Ya veremos quién es el alfil que debe ser entregado para salvar al país.

DEMOCRACIA VIRTUAL/EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO

Desde Washington, Donald Trump vuelve a alzar la voz como si México fuera un expediente más de su campaña permanente. No gobierna, no dialoga; ah, pero eso sí, amenaza, señala, exige, descalifica. Lo ha hecho antes y lo vuelve a hacer ahora, recurriendo al viejo libreto donde México sirve de villano útil para cosechar aplausos fáciles entre el miedo y el prejuicio. ¿Quién es Donald Trump para pretender dictar la política de seguridad de un país soberano? México no es un satélite ni una colonia discursiva, es un Estado con historia, instituciones y dignidad. Su política de seguridad no se diseña en mítines estadounidenses ni se ajusta a los humores de un presidente gringo en busca de reflectores. Por si no ha quedado claro, la narrativa se ha construido, se construye y se seguirá edificando desde la compleja realidad que Estados Unidos, convenientemente, se niega a mirar de frente, el insaciable consumo de drogas y la irresponsable industria armamentista, que durante décadas ha alimentado la violencia que luego finge condenar. En ese contexto emerge Claudia Sheinbaum como una figura clave. Frente a la estridencia y el intervencionismo disfrazado de preocupación, la presidenta ha respondido con firmeza, serenidad y claridad. No con gritos, no con provocaciones, sino con una defensa puntual y valiente de la soberanía nacional. Su postura no es retórica, es política de Estado. Sheinbaum ha dejado claro que México coopera, pero no se somete; dialoga, pero no obedece órdenes extranjeras; construye seguridad con instituciones propias, no con recetas importadas. Eso, en los tiempos que corren, es un acto de auténtica heroicidad política. Defender la soberanía hoy no implica levantar muros ni romper relaciones, sino sostener la dignidad nacional frente a la presión, recordarle al vecino poderoso que la cooperación solo existe entre iguales.

Mientras Trump apuesta por el ruido, Sheinbaum apuesta por la razón; mientras él busca culpables externos, ella exige corresponsabilidad real. Resulta cómodo para Donald Trump señalar hacia el sur sin asumir el caos interno de su propio país. En Estados Unidos existe la ausencia de control de armas, la violencia cotidiana en sus ciudades, la hipocresía de un discurso que criminaliza al otro mientras protege intereses económicos y hasta mafiosos que lucran con la inseguridad. Nuestro vecino del norte exige “mano dura”, pero evade cualquier compromiso serio con soluciones compartidas. La narrativa trumpista no busca resolver problemas; busca votos. México, en su discurso, no es un socio, es un pretexto. Poco le importa tensar la relación bilateral o poner en riesgo la cooperación institucional. El espectáculo siempre pesa más que la responsabilidad. Por eso la respuesta mexicana importa. Y por eso es importante que hoy esté encabezada por una presidenta, la primera en México, que no titubea. Claudia Sheinbaum ha entendido que la soberanía no se negocia ni se explica con sumisión. Se ejerce. Se defiende. Se honra. Al final, la respuesta es clara, Donald Trump no es nadie para decidir la seguridad de México. Frente a su estridencia oportunista, México responde con firmeza y dignidad. Y en esa defensa —serena pero inquebrantable— hay liderazgo, hay carácter y hay una convicción que no se arrodilla. La seguridad no se impone desde afuera; se construye desde adentro, con soberanía y con verdad.

SASSÓN

A quienes le deben temblar las corvas y un poquito más arriba, desde que cayó Maduro y Trump amenazó a México, es a los verdaderos jefes de la mafia en el poder… del sexenio pasado. Ya veremos quién es el alfil que debe ser entregado para salvar al país.

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