JOSÉ ANTONIO MOLINA FARRO/ULTIMÁTUM
Quienes todo lo saben no tardan en querer matarlo todo.
Albert Camus
En la actividad política navegan hombres y mujeres en un mar sin límites y sin fondo. La empresa consiste en mantener la nave a flote y equilibrada; el mar es a la vez amigo y enemigo, y el arte de la navegación consiste en utilizar los recursos para volver amiga cualquier situación hostil. En muchas ocasiones se torna en una fea piedra tallada en la arena de las circunstancias: la oscuridad, las componendas, la turbiedad, los excesos, la deshonestidad, la falsa piedad y humildad, la mentira, la corrupción, la impunidad selectiva, la negligencia, la intromisión, la vanidad, el autoengaño tan propio del solipsista.
El orden político es siempre un orden precario y superficial. Debajo de la paz del Estado hay inevitablemente conflicto. Recuerdo en una ocasión le comenté a Javier López Moreno, siendo éste gobernador en 1994: “debes de sentirte satisfecho, el estado está en paz”. Sin solemnidad, con su habitual sencillez y magistral brevedad smántica me dijo: “no José Antonio, Chiapas está pacificado, no en paz”.
Hay gobernantes que no entienden no se debe frivolizar a la política, la gente respeta por intuición o razón cierto grado de solemnidad, la seriedad de un gobernante que inspira respeto. Sencillez y solemnidad retroalimentándose. Equilibrio. Debieran ver y hacer sin pontificar ni trivializar, escuchar para hablar, inspirar esa confianza en los colaboradores. Y después de hablar volver a escuchar. En suma, como el ajo del cocinero, el poder debe usarse con tanto comedimiento que solo su ausencia se note, pero también la presencia en momentos que así lo ameriten y, sobre todo, proyectar una imagen en palabras y acciones de un compromiso irreductible con la ley. El Estado y su anverso podrán ser condensaciones de la fuerza, pero su ausencia es un brinco al vacío.
CONSERVADORES. UNA APROXIMACIÓN.
La historia oficial mexicana ha querido que veamos al diablo cuando escuchamos la palabra “conservador”. Ser conservador libertario- no encontré una denominación mejor- es preferir los valores tradicionales que nos dieron cohesión familiar y capital social, es preferir lo efectivo a lo posible, sin petrificarse ni dejar de abrirse a nuevas ideas, es preferir lo limitado a los excesos sin límite, la risa presente a la felicidad utópica, los cambios pequeños y lentos, sin el absurdo de la quietud, sin dejar que las aguas se estanquen y después apesten.
CRÍTICA POLÍTICA.
De aquí desprendemos que la crítica a los políticos no debe nacer del odio. Quien odia al poder no hace el menor esfuerzo por comprender sus razones, simplemente lo acusa como el origen principal de todos los males. Qué común es escuchar a personas cargadas de pesimismo decir, “todos son iguales”. Norberto Bobbio era un convencido de que el pesimismo es un compañero indispensable en cualquier travesía política. “Dejo de buen grado a los fanáticos, o sea a quienes desean la catástrofe y a los fatuos, o sea a quienes piensan que al final todo se arregla, el placer de ser optimista. El pesimismo es hoy…un deber civil, porque solo un pesimismo radical de la razón puede despertar algún temblor en esos que, de alguna parte o de otra, demuestran no advertir que el sueño de la razón engendra monstruos”.
Al publicarse en un periódico un mensaje abyecto y deshonroso que le envió a Mussolini, siendo un joven profesor(26 años) jurándole lealtad al régimen para obtener una plaza de filosofía del derecho, el héroe de la resistencia antifascista se avergüenza ya siendo un viejo, “una dictadura corrompe el ánimo de los hombres”. El fantasma de la incongruencia lo perseguiría toda la vida, a pesar de que sus admiradores se empeñan en colocarlo en el pedestal de los héroes. Quienes han pretendido enmarmolarlo no se dan cuenta de que, como ha dicho Savater, el héroe es una especie de monstruo adorable, un personaje deforme por lo abultado de sus cualidades. Algo que no es propio de Bobbio. Su flaqueza dramatiza su verdadera militancia: la vacilación, su blandura personal.
Hay otra faceta en Bobbio. ¿Cuál es el contenido de la ley?: fuerza responde con contundencia. Fuerza domesticada, pero fuerza al fin. “El derecho es la regla de la fuerza”. “El derecho debe someterse a una crítica moral aunque no podamos encontrar un rasero objetivo para medir el bien”. El Estado que defiende Bobbio es democrático. El consenso democrático domestica la fuerza bajo el imperio de las reglas. No existe norma de derecho si sus postulados no activan las mandíbulas de la coacción. Hobbes lo dice inmejorablemente: “No es la sabiduría ni la autoridad lo que hace la ley…por leyes entiendo leyes vivas y armadas. Noes, pues, la palabra de la ley sino el poder de quien tiene la fuerza de una nación lo que hace efectiva las leyes”. En la fórmula Hobbiana se asoman el realismo de Webber y el positivismo jurídico de Kelsen, pero sobre todo su autor más admirado: Hobbes.
