El colapso del drenaje del Hospital General, obligó a suspender servicios y evacuar pacientes, pese a haber sido “rehabilitado” en el sexenio pasado, durante la gestión de José Manuel Cruz Castellanos.
Leonardo Gutiérrez/Ultimátum
Por fuera, el discurso hablaba de modernización, inversión histórica y servicios dignos. Por dentro, el Hospital General de Huixtla terminó oliendo a drenaje colapsado, aguas negras y abandono. La crisis sanitaria que estalló en enero de este año no solo obligó a suspender servicios médicos y evacuar pacientes; también volvió a colocar bajo la lupa las obras de rehabilitación realizadas durante la gestión de José Manuel Cruz Castellanos, hoy senador de Morena.
El colapso total de la red de drenaje del hospital evidenció fallas estructurales graves. Desde días antes, personal médico y de enfermería había reportado olores fétidos en el área de urgencias, una señal inequívoca de que algo no funcionaba. El jueves 4 de enero, el sistema cedió por completo: aguas negras se desbordaron y contaminaron áreas sensibles del nosocomio, poniendo en riesgo a pacientes, personal y familiares.
La reacción fue inmediata. Médicos, enfermeras y trabajadores administrativos se concentraron en el estacionamiento del hospital y tomaron una decisión drástica: suspender consultas y canalizar a los pacientes hacia Tapachula. Permanecer en el inmueble, advirtieron, representaba un peligro sanitario. La escena dejó al descubierto una realidad incómoda: un hospital “rehabilitado” que no soportó su propia operación.
Desde la Secretaría de Salud se difundió una explicación técnica: las afectaciones, dijeron, se debieron a tuberías antiguas con más de una década sin mantenimiento. Se anunció un programa emergente de reparación, desazolve y un plan de fortalecimiento de infraestructura con una inversión superior a 14.5 millones de pesos, además de la habilitación de áreas alternas como la Clínica de Parto Humanizado y un quirófano provisional.
Sin embargo, entre el personal del hospital la versión oficial no termina de convencer. Bajo condición de anonimato, trabajadores coinciden en un punto clave: si la red estaba tan deteriorada, ¿por qué no se corrigió durante la millonaria reconversión del hospital anunciada años atrás? ¿Dónde quedó la inversión pública ejercida durante la administración estatal pasada?
El antecedente es ineludible. En agosto de 2021, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador inauguró la reconversión del Hospital General de Huixtla, acompañado por el gobernador Rutilio Escandón Cadenas y por el secretario de Salud del estado, José Manuel Cruz Castellanos. Ese día se habló de infraestructura digna, medicamentos gratuitos y fortalecimiento del sistema de salud. Hoy, cuatro años después, el quirófano permanece cerrado y el drenaje colapsado.
Para el personal médico, lo ocurrido no es un accidente aislado, sino la consecuencia de obras deficientes, mantenimiento inexistente y una gestión marcada por el dispendio sin supervisión efectiva. “Aquí atendemos a pacientes con pie diabético, mujeres embarazadas y personas delicadas. Exponerlos a aguas negras es inhumano”, relata una enfermera. El reclamo no es solo técnico; es ético y político.
El caso Huixtla se suma a una larga lista de señalamientos sobre el manejo de recursos en el sector salud durante el sexenio anterior. Aunque Cruz Castellanos hoy ocupa un escaño en el Senado, las huellas de su gestión siguen presentes en hospitales que no funcionan como deberían. La pregunta no es menor: ¿quién responde por las obras pagadas, inauguradas y hoy inservibles?
Mientras las autoridades actuales prometen reparaciones y nuevas inversiones, el hospital sigue siendo un símbolo incómodo: el de una infraestructura pública que colapsó antes de cumplir su promesa.
En La crisis sanitaria dejó ver una deuda pendiente con la rendición de cuentas.



