Sr. Smith/Ultimátum
El problema de Morena no es —como muchos repiten sin pensar— el populismo. El problema es el cinismo. Ese que permite exhibir la ineptitud de un servidor público y seguir como si nada. Ese que normaliza que alguien no sepa hacer su trabajo, lo haga mal, lo ignore o lo simule… y aun así no enfrente consecuencias.
En la llamada “cuarta transformación”, la falta de capacidad no se castiga; se tolera. Y peor aún: se protege. Porque en la mayoría de los encargos públicos ya no llegan los más preparados, sino los “hijos de tal”, los que aportaron votos, los que se alinearon a tiempo o los que aprendieron a repetir consignas sin cuestionar nada. Para cualquiera que estudia, se forma y se esfuerza, debe ser profundamente frustrante ver cómo el mérito estorba y la incompetencia asciende.
El caso del desempeño de Rutilio Escandón Cadenas como cónsul general de México en Miami es un ejemplo claro y documentado de ese cinismo institucionalizado. No se trata de una crítica mediática ni de un ataque opositor. Se trata de un testimonio interno, directo y demoledor.
Juan Manuel Murillo Valencia, quien se desempeñaba como cónsul de Protección a Mexicanos en Miami, renunció a su cargo en el Servicio Exterior Mexicano y explicó por qué. Su carta, difundida por la periodista Dolia Estévez, describe un consulado sin dirección, sin liderazgo y sin interés real por los connacionales.
Murillo Valencia no habla de diferencias políticas ni de estilos personales. Habla de hechos: un cónsul general que en más de un año no procuró una sola reunión con autoridades locales, que no dio instrucciones claras, que no sostuvo acuerdos con su equipo y que ni siquiera tuvo la cortesía de conocer al personal bajo su responsabilidad. Un funcionario ausente, indiferente y desconectado de la función que le fue encomendada.
Más grave aún es la descripción del ambiente interno: desmotivación, hartazgo y vergüenza profesional. Vergüenza por ver a superiores exhibir ignorancia, incompetencia y falta de preparación en reuniones donde, al menos, deberían dominar lo básico. Vergüenza por saber que, aun así, no pasará nada.
La carta también retrata otro vicio recurrente del poder actual: la simulación. No importa resolver problemas, sino parecer que se hace algo. No importa atender integralmente a los detenidos, sino reportar visitas. No importa proteger derechos, sino generar boletines. La política de apariencias sustituye a la política pública.
Y aquí está el fondo del asunto: este tipo de desempeños no son errores aislados, son síntomas de un sistema que premia la lealtad por encima de la capacidad. Donde la cercanía pesa más que el conocimiento. Donde la improvisación se vuelve virtud si viene acompañada de obediencia.
El cinismo aparece cuando todo esto se sabe, se documenta, se denuncia… y aun así se mantiene intacto. Cuando nadie rinde cuentas. Cuando nadie responde. Cuando nadie asume responsabilidades.
Morena prometió acabar con los privilegios, pero terminó creando una nueva élite: la de los incompetentes impunes. Y eso, más que cualquier discurso populista, es lo que está erosionando la confianza pública.
Porque una cosa es equivocarse. Y otra muy distinta es no saber, no querer aprender y aun así sentirse intocable.
Dicho sin rodeos: el problema no es fallar; el verdadero problema es no saber… y que no pase nada.
