En tiempo récord, Ángel Torres destruyó lo que costó seis años reconstruir. Hoy Tuxtla está tan rápido en ruina como antes. Tardó 15 años en hundirse. Servicios públicos básicos en crisis, sospechas de saqueo, regresión administrativa y una capital que volvió a quedar a la deriva. No es casualidad porque quien no sabe gobernar, estorba. Y quien ve al Ayuntamiento como negocio personal, condena a la ciudad. La conclusión es incómoda, pero inevitable porque Carlos Morales ya lo hizo.
Tarot Político/Amet Samayoa Arce
Tuxtla Gutiérrez está discutiendo una necesidad medible, real. Cuando una ciudad vuelve al colapso en menos de año y medio, la pregunta es práctica: ¿quién ya demostró que sí puede gobernar? La respuesta tiene nombre y apellidos: Carlos Morales Vázquez. La capital chiapaneca venía de 15 años de saqueo, improvisación y despilfarro consecuencia de una cadena de alcaldes impuestos al amparo del sabinismo y del güerísimo, con herencias desastrosas porque fueron gobiernos corruptos, inútiles y caros que dejaron a Tuxtla Gutiérrez sin servicios, sin obra y con finanzas quebradas. El resultado fue una ciudad al borde de la ruina con basura sin control, agua potable fallando, alumbrado deficiente, asaltos y robos, ambulantaje desbordado y una deuda que ahogaba cualquier intento de gobierno. Ese fue el Tuxtla que recibió Carlos Morales. Un Ayuntamiento sin dinero, sin capacidad de pago, sin orden y sin rumbo, ante lo que Carlos Morales no llegó a improvisar, llegó a enderezar por que Morales Vázquez no fue un improvisado en entonces porque en su trayectoria había sido diputado local, diputado federal, secretario de Medio Ambiente en otros encargos. Esa experiencia no es un adorno curricular porque concentra la diferencia entre los otros que dejaron el hundimiento y el, la recuperación.
Orden ante el inminente colapso
Con visión política, disciplina administrativa y una decisión clara de poner orden, hizo lo que nadie se atrevía porque acabó con los aviadores, cerró la caja chica y corrupción de SMAPA, impuso austeridad con autoridad, no con discurso, e inició una reingeniería administrativa real, no simulada. Recibió un gobierno que no podía pagar sueldos ni aguinaldos y en cambio entregó un Ayuntamiento con finanzas sanas, millones en caja, servicios funcionando y obra pública sin moches. Ahí están los hechos como el Sabinal saneado, calles pavimentadas, espacios deportivos, servicios públicos atendidos y una administración que, por primera vez en años, no fue botín político.
“El caído” en tiempo récord para destruir
Lo que sigue ya lo está padeciendo Tuxtla. A un año y medio del arribo del tabasqueño Ángel Torres “el caído”, la ciudad vuelve a oler a fracaso. Corrupción, desconocimiento y negocios primero; gobierno después. En tiempo récord, Ángel Torres destruyó lo que costó seis años reconstruir. Hoy Tuxtla está tan rápido en ruina como antes. Tardó 15 años en hundirse. Servicios públicos básicos en crisis, sospechas de saqueo, regresión administrativa y una capital que volvió a quedar a la deriva. No es casualidad porque quien no sabe gobernar, estorba. Y quien ve al Ayuntamiento como negocio personal, condena a la ciudad. La conclusión es incómoda, pero inevitable porque Carlos Morales ya lo hizo. Ya rescató a Tuxtla, ya gobernó sin robar. Ya demostró que se puede administrar con firmeza y honestidad. Esto no va de colores ni de partidos. Va de capacidad comprobada contra improvisación corrupta. Tuxtla no necesita experimentos ni ocurrencias. Necesita volver a quien la levantó cuando estaba en el suelo. Carlos llegó, compuso y ordenó. Ángel llegó y destruyó. Por el bien de la capital, Carlos Morales debe volver. No hay nadie con más experiencia, integridad y resultados para rescatar, otra vez, a Tuxtla Gutiérrez. Porque gobernar no es prometer. Es saber hacerlo.
De Tarot y Adivinanza
Y usted ¿qué calificación le pone a Carlos Morales y a Ángel Torres “Caído” como alcalde? ¿Votaría porque vuelva como presidente o por la reelección del tabasqueño…? Servidos.
