PUNTO Y COMA; /ROGER LAID
Hoy el gobierno encabezado por Eduardo Ramírez Aguilar intenta responder a esa pregunta desde otro enfoque: el del desarrollo territorial y la inversión pública dirigida a los municipios con mayores rezagos.
Hay decisiones políticas que trascienden el acto administrativo y se convierten en mensajes. El inicio del programa “Del Olvido a la Prosperidad” en Oxchuc no es casualidad. Es una señal política, histórica y social que remite inevitablemente a uno de los capítulos más profundos de la historia reciente de Chiapas.
Hace más de tres décadas, desde las montañas y comunidades indígenas del estado surgió una voz que sacudió al país. El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994 no sólo fue un movimiento armado; fue también una denuncia nacional sobre el abandono estructural en el que vivían los pueblos originarios.
Aquella pregunta que resonó entonces sigue teniendo peso histórico: ¿por qué tantas comunidades quedaron al margen del desarrollo durante tanto tiempo?
Hoy el gobierno encabezado por Eduardo Ramírez Aguilar intenta responder a esa pregunta desde otro enfoque: el del desarrollo territorial y la inversión pública dirigida a los municipios con mayores rezagos.
El proyecto anunciado contempla acciones en salud, educación, infraestructura básica, agua potable, caminos y electrificación, dirigidas a doce municipios que durante décadas han sido señalados por sus altos niveles de marginación: Aldama, Capitán Luis Ángel Vidal, Chalchihuitán, Chanal, Chenalhó, El Bosque, Mitontic, Oxchuc, Pantelhó, San Andrés Duraznal, San Juan Cancuc y Tila.
Pero más allá del listado de obras o programas, el punto central está en el mensaje político: reconocer que el desarrollo del estado no puede seguir concentrado en unas cuantas regiones mientras otras permanecen atrapadas en rezagos históricos. Recordemos que el gobernador sureño Eduardo Ramírez Aguilar, embestido en diferentes representaciones políticas ha recorrido el estado y lo conoce.
La referencia al pensamiento del obispo Samuel Ruiz García, quien habló durante décadas de caminar “con los de abajo”, también es significativa. Durante años, la discusión sobre los pueblos indígenas en Chiapas se centró en el conflicto, en la protesta o en la tensión política. Hoy el reto es otro: traducir esas demandas históricas en políticas públicas concretas.
El desafío, por supuesto, será la ejecución.
Chiapas ha escuchado muchos anuncios a lo largo de los años. Programas, planes y estrategias que en ocasiones se diluyeron entre burocracia, falta de continuidad o simples discursos.
Por eso el verdadero examen no está en el arranque del programa, sino en su permanencia y en sus resultados. Que los caminos se construyan, que el agua llegue a las comunidades, que los servicios de salud funcionen y que la prosperidad anunciada se convierta en una realidad palpable.
Porque iniciar en Oxchuc tiene un enorme peso simbólico.
Pero transformar la historia de abandono de esos pueblos requerirá algo más que simbolismo: exigirá constancia, inversión y voluntad política sostenida.
Ese es el punto. Y también la coma.
Puntos Suspensivos….
La confianza en el mandatario estatal no esta a discusión, lo conocen y está caminando con ellos, lo identifican bien y tomemos en cuenta que en esa región ha recibido varias veces el bastón de mando como gesto ceremonial de confianza y liderazgo, desde que fue diputado del estado y federal, hasta en campaña ha sido reconocido: El bastón de mando es un símbolo de autoridad moral compromiso con la comunidad, ligado a las autoridades tradicionales y a los sistemas de gobierno por usos y costumbres.
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