Hay personajes que no necesitan presentación.
Necesitan explicación.
Porque una cosa es reinventarse en política…
y otra muy distinta es pretender que nadie recuerda quién eras hace unos años.
En Chiapas tenemos esa extraña habilidad de ver cómo algunos pasan de la nada… al todo. De la discreción absoluta a la opulencia evidente. De servidores públicos a personajes que, de pronto, parecen haber descubierto la fórmula secreta del éxito.
Y no, no fue el salario.
No fue el ahorro.
No fue la austeridad republicana.
Fue, al parecer, el paso por el poder.
El caso no es nuevo, pero sigue siendo incómodo. Porque cuando alguien que tuvo en sus manos la responsabilidad de vigilar el uso de los recursos públicos hoy aparece dando discursos de honestidad, el problema no es lo que dice…
es lo que representa.
Porque la memoria institucional debería ser más fuerte que la amnesia política.
Durante años, la Auditoría fue, en teoría, el filtro. El candado. El mecanismo para evitar abusos. El espacio desde donde se debía observar, señalar y, en su caso, sancionar.
Pero hoy, cuando surgen observaciones federales, cuando se habla de irregularidades, cuando las cifras empiezan a incomodar…
aparece el silencio.
O peor aún: el deslinde.
Ese acto casi acrobático de decir “yo no fui”, cuando se ocupaba precisamente el cargo que debía ver todo.
Episodios recientes lo retratan con claridad: la evasión, la prisa, la incomodidad ante una pregunta directa. No es el cuestionamiento lo que molesta…
es la memoria.
Porque en política hay algo que pesa más que el cargo actual:
el historial.
Y ese no se borra con una diputación.
No se limpia con discursos.
No se maquilla con cartulinas.
Aquí el punto no es personal, es institucional.
¿Cómo confiar en quienes tuvieron la responsabilidad de auditar… y hoy evitan ser auditados?
¿Cómo creer en discursos de combate a la corrupción cuando quienes los pronuncian formaron parte del sistema que hoy se cuestiona?
¿Cómo construir una nueva etapa si los rostros son los mismos… pero con diferente narrativa?
La exigencia no es exagerada.
Es básica.
Transparencia.
Declaraciones patrimoniales claras.
Evolución del patrimonio explicada.
Rendición de cuentas real.
Porque si algo debería quedar claro en esta nueva etapa que tanto se presume, es que la congruencia no es opcional.
Es obligatoria.
Y si se habla de cero impunidad, entonces la vara no puede ser selectiva.
No puede aplicarse a unos sí… y a otros no.
Porque entonces no es justicia.
Es simulación.
Al final, el problema no es que alguien levante la voz.
El problema es que lo haga como si su pasado no existiera.
Y en Chiapas, ese pasado…
todavía está demasiado fresco.