Manolo Pariente no es un improvisado ni un técnico de escritorio, tampoco es el típico funcionario que descubre el servicio público desde la comodidad del cargo. Su historia está marcada por una doble vertiente: la empresarial y la institucional.
Tarot Político/Amet Samayoa ArceTarot Político
La charla entre el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y el secretario de Finanzas del Estado, Manolo Pariente Gavito, fue una conversación relajada y más allá del tono cordial, de la anécdota familiar y de las risas compartidas, lo que ahí se mostró fue algo más profundo: la relación entre confianza política y responsabilidad pública, y en ese terreno, no cualquiera se mueve con soltura. Manolo Pariente no es un improvisado ni un técnico de escritorio, tampoco es el típico funcionario que descubre el servicio público desde la comodidad del cargo. Su historia está marcada por una doble vertiente: la empresarial y la institucional. Viene de una cultura -como él mismo lo dice- de orden heredado de su señora madre y del trabajo de su padre Don Toño Pariente Algarín, pero también de un legado político que, en Chiapas, pesa y cuenta. Aquí hay un dato clave: no llegó a aprender, llegó con formación y antecedentes reconocidos. Y eso, en un estado donde muchos aterrizan en cargos sin entender ni la dimensión ni la responsabilidad del dinero público, marca una diferencia importante, relevante.
Credibilidad financiera
La conversación deja ver una relación de cercanía con el gobernador que va más allá de lo protocolario. Hay confianza construida en el tiempo, incluso en momentos donde el poder no estaba asegurado. Y eso, en política, es una moneda valiosa. Porque los leales en la adversidad suelen ser los que ocupan posiciones clave cuando el tablero se acomoda. Pero cuidado: la lealtad no sustituye la eficacia. Y ahí es donde comienza el verdadero examen. En el terreno técnico, Manolo Pariente habló con claridad sobre uno de los grandes lastres de Chiapas: la deuda histórica. No la maquilló, no la minimizó. La explicó, y más aún, planteó acciones concretas: reestructuración, conversión de deuda bursatilizada en UDIs a pesos, mejora en tasas y generación de ahorros. ¿El resultado? Más de 5 mil millones de pesos proyectados en beneficios para el estado. Dicho así suena contundente, y lo es. Pero en política financiera, los números no solo se anuncian, se sostienen. Porque Chiapas ya ha escuchado antes promesas de orden que terminan diluyéndose entre intereses, presiones y viejas prácticas. Aquí es donde el discurso de Pariente se vuelve interesante… y delicado. Cuando afirma que “no hay moches”, no solo está marcando una postura, está lanzando una línea trazada por el gobernador Eduardo Ramírez, una línea que, de cruzarse, lo colocaría en la misma lista de aquellos que prometieron lo mismo y terminaron igual, es lo plantea como un desafío que no él no va a pasar. Por eso la sostiene y construye algo que históricamente ha sido escaso en la administración pública estatal: credibilidad financiera. Otro punto que merece atención es la visión del gasto público. No se trata solo de recaudar o ahorrar, sino de para que por ejemplo el programa de seguridad social para trabajadores independientes -taxistas, comerciantes, quienes viven al día-apunta a una lógica distinta: incorporar a los invisibles al esquema de protección del Estado. Eso, bien ejecutado, no es discurso. Es política pública con impacto real. Pero como todo, el reto no está en anunciarlo, sino en sostenerlo sin que se contamine en el camino.
Más allá de lo protocolario
Hay también un elemento humano que no pasa desapercibido. El funcionario que habla de la vida como comedia, no tragedia, que canta, que se asume cercano en un entorno donde muchos se disfrazan de solemnidad para ocultar vacíos, esa naturalidad puede ser una virtud… o un riesgo, dependiendo de cómo se administre y el empresario lo administra bien. Hoy, Manolo Pariente ocupa una de las posiciones más delicadas del gobierno estatal. Manejar el dinero público en Chiapas no es solo una tarea técnica, es una prueba política permanente. Es resistir presiones, cortar inercias y, sobre todo, demostrar que el discurso de orden no es solo una narrativa.
Lo que se ve es un funcionario que entiende el tamaño del reto, que tiene cercanía con el poder y que apuesta por marcar diferencia, sostener la congruencia y honrar el legado de sus padres en nombre de su familia.
De Tarot y Adivinanza
Cuando el que cuida el dinero promete orden, prevalece una disciplina que en el pasado era retórica… Servidos.
