MÁS ALLÁ DEL DISCURSO/CARLOS SERRANO/ULTIMÁTUM
Durante años, la pesca y la acuacultura en Chiapas navegaron en aguas de abandono institucional y rezago estructural. El potencial productivo de la costa, de sus sistemas lagunarios y de miles de familias dedicadas a esta actividad quedó atrapado entre falta de apoyo, infraestructura deteriorada y una precaria visión que impidió impulsar al sector como motor de desarrollo.
El resultado fue evidente, con una baja productividad, escasa tecnificación, limitada organización y un deterioro progresivo de los ecosistemas que sostienen la actividad pesquera. En la práctica, la pesca y la acuacultura dejaron de ser prioridad, relegadas a una agenda secundaria, pese a su importancia social, económica y alimentaria.
Ese escenario comenzó a cambiar con la llegada del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, quien no solo reconoció el rezago, sino que decidió intervenir desde la raíz. La creación de la Secretaría de Pesca y Acuacultura del Pueblo no fue un gesto administrativo, sino una definición política. Significó colocar al sector en el centro de la estrategia de desarrollo regional y, sobre todo, asumir que no puede haber bienestar si quienes viven del agua siguen en condiciones de marginación.
La Nueva ERA de la pesca y la acuacultura plantea un giro de fondo, al pasar de la inercia a la acción, del asistencialismo a la planeación, de la dispersión a la conducción institucional. Y ese cambio ha comenzado a materializarse en el territorio.
Uno de los ejes más visibles es el rescate del sistema lagunario de la costa y el Soconusco, una intervención que durante años fue postergada pese a su importancia estratégica. Hoy, los trabajos de dragado y desazolve no solo representan una obra pública; son una apuesta por recuperar la base ecológica de la productividad pesquera.
En este contexto, la propia secretaria de Pesca y Acuacultura del Pueblo, Judith Torres Vera, ha llevado esta política al territorio. Siguiendo la instrucción del gobernador —un “gobernador con corazón de pescador”, como ella misma lo ha definido— realizó recorridos de supervisión en los sistemas lagunarios Chantuto-Panzacola y Los Patos-Solo Dios, donde se ejecutan estas acciones estratégicas.
Las visitas no son protocolarias. En campo, se ha constatado el avance significativo de los trabajos, orientados a mejorar la circulación del agua, favorecer su oxigenación y restablecer las condiciones naturales para la reproducción de especies acuáticas. En términos concretos, esto significa más peces, mayor productividad y mejores ingresos para las familias.
Pero el alcance va más allá. El rescate de los sistemas lagunarios refleja un cambio de enfoque, al entender que la política ambiental y la política económica no son caminos separados. Recuperar los ecosistemas es, en este caso, recuperar también el sustento de miles de chiapanecas y chiapanecos.
Al mismo tiempo, estas acciones envían un mensaje claro de que el gobierno está presente, supervisa, evalúa y acompaña. La cercanía territorial deja de ser discurso para convertirse en práctica cotidiana, en cumplimiento directo de un compromiso que no se queda en el escritorio.
Este nuevo enfoque se articula con una visión más amplia impulsada por el gobernador Eduardo Ramírez: hacer de la prosperidad compartida una forma de vida. Una visión que no se limita al crecimiento económico, sino que se construye desde el humanismo, desde el buen vivir, colocando en el centro a las personas y a sus comunidades.
En ese sentido, la pesca y la acuacultura dejan de ser sectores invisibles para convertirse en piezas clave de una estrategia que combina desarrollo productivo, justicia social y sostenibilidad ambiental. El objetivo no es solo producir más, sino producir mejor, de manera ordenada y con visión de futuro.
Aún hay retos por delante. Décadas de rezago no se corrigen de la noche a la mañana. Pero lo que hoy se observa es distinto: hay dirección, hay presencia institucional y, sobre todo, hay una decisión política de transformar.
Chiapas comienza así a saldar una deuda histórica con su gente de mar y de agua. Y lo hace con acciones concretas, con trabajo en territorio y con una idea clara de que el bienestar no sea privilegio de unos cuantos, sino una realidad compartida para todas y todos.
