DEMOCRACIA VIRTUAL/EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO
En la política mexicana no hay movimientos inocentes, y cuando alguien empieza a acomodar las piezas con precisión quirúrgica, más vale ir sacando la libreta para tomar nota.
Si algo ha quedado claro en los últimos meses es que Claudia Sheinbaum dejó de ser aquella figura que muchos veían como “heredera vigilada” para convertirse, sin pedir permiso, en la jugadora principal del tablero.
Y VAYA QUE HABÍA
PIEZAS AJENAS
Durante meses se repitió como mantra eso de que la presidenta gobernaba con la sombra de Andrés Manuel López Obrador encima, como si en Palacio Nacional todavía se despachara desde algún rincón de La Chingada.
También se decía que si los gobernadores le respondían a otro jefe, que si el Congreso de la Unión tenía otros dueños y que si el partido era manejado por los herederos del obradorismo.
En pocas palabras, se pensaba que la banda tocaba, pero la batuta no estaba en manos de la presidenta Sheinbaum.
ALGO CAMBIÓ, Y RÁPIDO
El primer campanazo fue el reacomodo en el Senado. La salida de Adán Augusto López Hernández de una posición clave no fue un simple ajuste administrativo, fue un mensaje claro de que manda quien firma como presidenta.
Esto demuestra que cuando alguien “se sube a las barbas”, lo bajan o lo bajan. No hay de otra. En esta ocasión no se perciben medias tintas.
Después vino el reordenamiento interno en Morena, ese partido que parecía más bien una casa con demasiados dueños y pocas reglas.
Ahí, donde muchos juraban que Luisa María Alcalde era poco más que una figura decorativa, y que el verdadero control lo ejercía «Andy» López Beltrán, las cosas empezaron a moverse distinto.
Una cosa es administrar herencias políticas y otra muy diferente es ganar elecciones y, en ese terreno, los resultados no acompañaron precisamente al heredero de López Obrador.
Las derrotas en los estados de Durango y Veracruz en 2025 dejaron claro que la operación política no es un juego de redes sociales ni de apellidos, además de que no se le da con facilidad a Abdy.
Ahí fue donde la presidenta, sin hacer mucho ruido, empezó a recoger fichas y a redibujar el mapa del poder, porque si algo entiende bien la doctora Sheinbaum es que el 2027 no se va a ganar con nostalgias, sino con control total.
En ese contexto aparece otra jugada que levantó cejas, el movimiento en el Instituto Nacional Electoral. La designación de nuevos consejeros, particularmente la de un perfil cercano como Arturo Chávez, desató la clásica tormenta de sospechas. Que si compadrazgos, que si cuates, que si cuotas. Lo de siempre.
Sin embargo, desde Palacio Nacional la respuesta fue tan técnica como política al revelar calificaciones altas, procesos transparentes y perfiles con trayectoria.
El discurso oficial suena impecable. El problema —o la realidad, según se vea— es que en política la forma también es fondo, y colocar a alguien de confianza en un órgano clave rumbo a elecciones no es casualidad, es estrategia pura.
EL ÁRBITRO SÍ IMPORTA
Mientras tanto, la narrativa de que el gobierno no interviene en órganos autónomos se mantiene firme, aunque en los pasillos del poder se entienda otra cosa.
La relación institucional existe, sí, pero también existe el olfato político y ese olfato le está funcionando a la presidenta mejor de lo que muchos anticipaban, porque su compañero de batallas en el CEU defenderá la causa a capa y espada desde el Consejo General del INE.
Quienes apostaban a que Sheinbaum sería una figura débil, atrapada entre lealtades heredadas y grupos de poder internos, hoy empiezan a quedarse con cara de “¿en qué momento pasó esto?”, porque la realidad es que, en año y medio, la mandataria no solo ha resistido, sino que ha avanzado.
ESTILO PROPIO
No es el mismo tono, no es la misma narrativa ni la misma forma de confrontar, pero eso no significa falta de firmeza, al contrario, la operación ha sido más silenciosa, más técnica, menos estridente, pero igual o más efectiva. Es algo así como quien sonríe mientras te quita la silla.
Así, pieza por pieza, la presidenta está armando su propio esquema de poder. En este momento ya tiene control legislativo, reconfiguración partidista, influencia en órganos clave y, sobre todo, definición anticipada del escenario electoral de 2027.
El que llega temprano reparte mejor, se podría entender. En esta etapa del gobierno de Claudia Sheinbaum, la sacudida es real y los nuevos diputados y diputadas federales de Morena, los congresos locales y las alcaldías, saldrán con la bendición de palacio nacional, no de Palenque.
Esto no es un tema de percepciones ni de discursos mañaneros, es un asunto de resultados y, en este momento, Claudia Sheinbaum está demostrando que no solo heredó un movimiento, sino que está construyendo el suyo.
Así que aquellos que la subestimaron harían bien en actualizar su diagnóstico, porque mientras unos siguen debatiendo si manda o no manda, ella ya movió la reina, acomodó las torres y tiene al rey rival contra las cuerdas.
Sassón
Esto apenas empieza y el tablero ya no es el mismo que hace casi dos años.
