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¿OTRO LADRILLO EN LA PARED?

26 de abril de 2026
in Opiniones
¿OTRO LADRILLO EN LA PARED?
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ECOLOGÍA HUMANA/AMADO RÍOS VALDEZ/ULTIMÁTUM

Recientemente el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA o UNEP por sus siglas en inglés) publicó el informe “Not just another brick in the wall” (No es solo otro ladrillo en la pared), haciendo un juego de palabras con la legendaria canción de Pink Floyd. En el informe, publicado en enero de 2026, se realiza un análisis de la situación mundial de la industria de la construcción y la edificación en 2024 y 2025. El informe subraya la urgencia de armonizar los códigos de construcción, ampliar el uso de materiales bajos en carbono, aumentar el acceso equitativo a la financiación verde e incentivar la construcción circular. Además, propone generar unos mecanismos de coordinación y rendición de cuentas globales más sólidos, como el Plan de Acción Voluntario del G20 para duplicar la eficiencia energética para 2030, entre otros.

A continuación, mis reflexiones sobre este importante informe del PNUMA.

LA DICTADURA DEL CEMENTO

Las ciudades modernas han crecido con la voracidad de un gigante que nunca duerme. Hemos levantado monumentos al progreso con la convicción de que dominar la naturaleza es sinónimo de civilización, olvidando que cada ladrillo colocado es un pacto firmado con el aire que respiramos. Hoy, el sector de la construcción y las edificaciones se ha convertido en el principal verdugo del clima. Nuestras casas, oficinas y rascacielos son responsables del 34 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) relacionadas con la energía y consumen el 32 % de la demanda energética global. Resulta paradójico que el lugar donde buscamos refugio sea el mismo que está desmoronando el techo del mundo. A pesar de algunas modestas promesas, el sector sigue sin estar en la senda para alinearse con los objetivos de resiliencia climática y cero emisiones netas para mediados de siglo, con emisiones que, lejos de caer, han aumentado un 5% desde 2015.

LAS CICATRICES DEL DESARROLLO

Detrás de la majestuosidad de nuestras urbes se esconde una contabilidad dolorosa. No solo se trata de la energía que consumimos al encender la luz o encender el aire acondicionado para engañar al clima que nosotros mismos hemos alterado, sino de la sangre de los edificios: el carbono incorporado. La producción de cemento y acero, pilares de nuestra ilusión de permanencia, representa el 18 % de las emisiones globales vinculadas a las edificaciones. A esto se suma un desperdicio monumental, pues el sector genera anualmente unos 2 mil millones de toneladas de residuos de construcción y demolición, lo que equivale a un tercio de toda la basura del planeta. Es la cultura de lo desechable elevada a escala arquitectónica; construimos para demoler, excavamos para sepultar, en un ciclo lineal que agota los recursos de la tierra bajo el disfraz del crecimiento económico.

REINVENTAR NUESTRAS CIUDADES

La salvación no vendrá de la invención de ciudades mágicas, sino de la redención de las que ya habitamos. Las soluciones existen y exigen un cambio de mirada: dejar de ver a los edificios como gigantes intocables y empezar a tratarlos como organismos vivos que pueden sanar. La economía circular es la brújula de este rescate, proponiendo la reutilización de materiales, la extensión de la vida útil de los edificios mediante un diseño adaptable y el reciclaje de alta calidad. Es fundamental realizar renovaciones profundas que mejoren el aislamiento y la ventilación, así como la adopción de tecnologías de calefacción y refrigeración de alto rendimiento junto con energías renovables. Reemplazar los materiales intensivos en carbono por alternativas como la madera, evaluando siempre su ciclo de vida, no es un mero capricho estético, sino una necesidad vital para dejar de asfixiar el entorno.

PLANIFICACIÓN SUSTENTABLE QUE NO SEA LETRA MUERTA

El papel lo aguanta todo, pero el clima no. Las normativas y códigos de construcción son las herramientas más eficaces para frenar esta catástrofe, pero la realidad nos golpea con una apatía burocrática alarmante. Más del 50 % de la nueva construcción mundial se levanta sin estar cubierta por códigos energéticos aplicables, dejando un inmenso vacío legal que pone en jaque cualquier objetivo de eficiencia. Las leyes, en gran parte del mundo, son fantasmas que no logran cruzar la puerta de las obras. Para detener la caída, los países deben adoptar códigos de construcción de emisiones cero de carácter obligatorio hacia el 2030, e incluir estas reformas en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional. No basta con firmar tratados en cumbres internacionales si al regresar a casa los cimientos se siguen vertiendo con la misma impunidad de siempre.

EL ESPEJISMO DEL DESARROLLO

Vivimos en un mundo donde sobra capital para la especulación, pero escasea para la supervivencia. Mientras la emergencia climática exige una movilización sin precedentes, la inversión global en eficiencia energética para edificios cayó un 7% en 2023, descendiendo a 270 mil millones de dólares debido al encarecimiento de los créditos y el retiro de programas gubernamentales. La austeridad se aplica a la ecología, mientras se subsidia la destrucción. Es urgente democratizar y expandir el acceso equitativo al financiamiento verde que permitan una adopción generalizada de prácticas sostenibles. Las inversiones en eficiencia energética deben duplicarse, apalancando fondos públicos para incentivar al sector privado y garantizando que las finanzas asimilen verdaderamente el costo del carbono.

LAS CIUDADES DE MÉXICO Y SU DESAFÍO VERDE

Nuestra geografía no es ajena a este drama de cemento y olvido. México ha empeñado su palabra prometiendo reducir en un 66 % las emisiones de los edificios residenciales y comerciales para 2030, amparado en diversas normas de eficiencia energética. Sin embargo, a la fecha no existe una hoja de ruta a largo plazo para la descarbonización del sector. Las tareas urgentes para nuestro país exigen articular urgentemente una verdadera ecología urbana.

Necesitamos leyes que dejen de ver al árbol como un estorbo para la obra pública y privada y comiencen a integrarlo como infraestructura vital, regulando el diseño de las ciudades bajo el respeto a las áreas verdes y los ciclos naturales. Es imperativo que México adopte códigos de construcción netos en carbono estrictos y obligatorios en todas sus entidades, impulsando el rescate de la vivienda existente mediante incentivos financieros reales que protejan a los sectores más vulnerables. El desarrollo urbano sustentable no debe ser el lujo de unos cuantos barrios privilegiados, sino el derecho de toda la población a habitar una ciudad que dialogue con la tierra, porque, aunque soñemos con otros mundos, este será nuestro hogar por miles de años más.

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