COLABORACIÓN INVITADA/Sr. Smith/Ultimátum
El 12 de agosto de 2024 no fue un día cualquiera. Ese día, gobernadores y figuras de alto nivel del oficialismo firmaron un posicionamiento público para respaldar a Rubén Rocha Moya. Entre las firmas estaba la de Rutilio Escandón.
No fue un gesto menor.
El documento hablaba de “mentiras”, de “estigmatización”, de ataques sin sustento. Se apelaba a la honorabilidad del gobernador de Sinaloa, a su trayectoria, a su compromiso con la ley. Se invocaban, incluso, los principios más repetidos del movimiento: no mentir, no robar, no traicionar.
Era, en toda regla, un respaldo político.
Con nombre y apellido.
Pero la política tiene una cualidad incómoda: el tiempo revela.
Hoy, el escenario es otro. No se trata de versiones periodísticas ni de señalamientos en redes sociales. Es el Departamento de Justicia de Estados Unidos el que coloca sobre la mesa una acusación formal: presuntos vínculos entre Rocha Moya y una de las facciones más poderosas del crimen organizado.
Reuniones, acuerdos, protección institucional, control de estructuras de seguridad.
La narrativa es grave.
Y frente a eso, el viejo documento de respaldo adquiere otro peso. Ya no es solo un acto de solidaridad política. Es una toma de postura frente a hechos que hoy escalan a otra dimensión.
Y entonces viene la pregunta inevitable.
¿Dónde están hoy quienes firmaron aquel respaldo?
Porque si algo define a la política no es solo lo que se dice… sino lo que se deja de decir.
No hay nuevos posicionamientos. No hay aclaraciones. No hay distancia. No hay matices.
Y en ese vacío, el silencio se vuelve discurso.
Porque callar ante un cambio de contexto no es neutralidad. Es cálculo, es prudencia… o es incomodidad.
Pero nunca es irrelevante.
Este caso no solo pone bajo la lupa a un gobernador. Pone en tensión todo un discurso político.
Durante años se ha construido una narrativa basada en la superioridad moral, en la idea de que este proyecto es distinto, que no repite los vicios del pasado. Que aquí no hay complicidades, que aquí hay principios.
Pero cuando las acusaciones llegan desde instancias formales y con ese nivel de detalle, lo que se tambalea no es solo una figura.
Es la narrativa completa.
Porque entonces la pregunta ya no es si alguien mintió.
La pregunta es quién creyó… y quién respaldó.
Firmar un documento político es asumir una responsabilidad.
No es solo acompañar. Es validar.
Y cuando el tiempo cambia el contexto, esa firma no desaparece. Se reinterpreta.
Por eso, hoy no basta con mirar hacia Sinaloa.
Hay que voltear a ver a quienes, desde otros estados, pusieron su nombre para sostener una versión de los hechos que hoy está bajo cuestionamiento.
Porque cuando se firmó aquel documento, se habló de mentiras.
Hoy hay acusaciones formales.
Y entonces, la duda ya no es sobre Rocha.
La duda es sobre quienes lo defendieron.
A ver qué dice ahora Rutilio.
