A sus 65 años y con más de medio siglo de carrera, el payaso chiapaneco defiende la infancia como un espacio de juego, valores y alegría genuina, en contraste con una era dominada por pantallas y prisas por crecer
Eugenio Hernández Sasso/Ultimátum
Hubo un tiempo en que la infancia cabía en una lomita, en un papalote que se elevaba con el viento y en la imaginación suficiente para convertir una lata de sardinas y dos olotes en carreta. Hoy, ese mismo universo compite con pantallas brillantes, videojuegos sofisticados y redes sociales que capturan la atención desde edades cada vez más tempranas.
En medio de ese cambio, el payaso Yin Pin (Efraín Coutiño Espinosa) levanta la voz con la convicción sencilla de que “los niños deben disfrutar su niñez”.
En La Entrevista con Amet Samayoa Arce, director general del diario Ultimáutm, Yin Pin no protagoniza un discurso nostálgico sin fundamento, sino la experiencia de alguien que ha dedicado 51 años a hacer reír a la niñez actual y a la de su tiempo que ahora son abuelos y abuelas.
Para él, el problema no es la tecnología en sí, sino el riesgo de perder la esencia del juego libre, del contacto humano y de la inocencia.
“Hoy todos van embelesados en los teléfonos”, observa, mientras recuerda los concursos de trompo, yoyo y balero que organizaba en sus espectáculos.
Aun así, no se resiste al cambio y reconoce que plataformas como TikTok han transformado la forma de conectar con el público infantil.
“Hay que buscar nuevas maneras de hacer reír”, admite, consciente de que la risa sigue siendo el lenguaje universal que une generaciones.
UN PAYASO QUE NO SE RINDE
El 30 de abril, Día del Niño, no es una fecha cualquiera para Yin Pin. Ese día, a las cuatro de la tarde, se pintó la cara por primera vez desde hace 51 años.
Desde entonces, no ha dejado de hacerlo y, a sus 65 años, asegura que seguirá en los escenarios hasta que el cuerpo ya no responda. “El único que me puede retirar es Dios”, dice con serenidad.
Su trayectoria no ha estado exenta de críticas, pues algunos cuestionan por qué los comediantes no ahorran para su vejez.
Él responde sin rodeos y precisa que muchas de esas opiniones nacen desde la ignorancia o el deseo de ofender.
Mientras tanto, continúa trabajando, graba canciones, mantiene su programa en televisión, participa en radio y se mantiene activo en redes sociales.
Su conexión con el público sigue intacta, afirma, puesto que niños, adolescentes e incluso adultos que crecieron con él acuden a sus presentaciones.
En sus shows, no es raro ver parejas jóvenes riendo con canciones infantiles, compartiendo palomitas como si el tiempo no hubiera pasado.
Ese vínculo también se refleja en lo cotidiano, toda vez que cada día se toma alrededor de diez fotografías con personas que lo reconocen en la calle. Para él, esa es la verdadera medida del éxito.
LECCIONES DE RISA Y VIDA
Más allá del espectáculo, Yin Pin insiste en un mensaje claro en el que la infancia debe vivirse con responsabilidad y guía.
Advierte sobre los riesgos de las malas compañías, de abandonar la escuela o de querer crecer demasiado rápido.
En su experiencia, expresa que los niños que se desvían pueden terminar en caminos difíciles.
Su consejo es directo y sugiere escuchar a los padres, valorar la educación y demostrar con hechos que pueden convertirse en “grandes entre los grandes”. No se trata de limitar la libertad, sino de orientarla.
A lo largo de su carrera, Yin Pin ha vivido momentos memorables y otros peligrosos. Recuerda, por ejemplo, una función cancelada en Venustiano Carranza debido a un brote de violencia que sembró el pánico entre los asistentes.
También menciona anécdotas insólitas, como aquella noche en Veracruz cuando coincidió con Edgar Vivar en un hotel donde ocurrió un hecho trágico en la habitación contigua del actor que trabajo en el elenco de Chespirito.
Sin embargo, su esencia permanece intacta. Yin Pin es un payaso espontáneo que puede hacer reír incluso en comunidades donde el idioma es una barrera. En un pueblo tzeltal, comenzó con 200 niños y terminó con más de mil carcajadas compartidas.
Aunque reconoce que ya no lo contratan como antes, y critica que algunas instituciones prefieran soluciones improvisadas como vestir a empleados de payasos para regalar pelotas, mantiene su compromiso.
Si se trata de una causa noble o una comunidad necesitada, el payaso con más de medio siglo de experiencia está dispuesto a presentarse sin dudar, siempre manteniéndose al margen de intereses políticos.
Yin Pin no solo representa una carrera artística, sino una forma de entender la infancia como un espacio que debe protegerse, celebrarse y vivirse plenamente.
En un mundo que avanza rápido y exige madurez prematura, su mensaje es casi revolucionario, pues invita a reír, jugar, porque ser niño sigue siendo esencial.
