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CHIAPAS Y MÉXICO EN UN NUEVO PRESENTE

17 de mayo de 2026
in Opiniones
CHIAPAS Y MÉXICO EN UN NUEVO PRESENTE
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COLABORACIÓN INVITAD/OSCAR SIEBER

Creo que, para comprender cómo llevar a un Estado hacia un mejor futuro, es indispensable contar con una habilidad que pocos dominan: ver lo que no todos alcanzan a ver. Después, reconocer sobre qué presente estamos parados; identificar sus problemas, diseñar sus soluciones y, finalmente, poner manos a la obra.

Personalmente, como ciudadano consciente y sensible a los avances de mi ciudad y de todos los elementos que la componen, alcanzo a ver un país en el que la clase gobernante —políticos en contubernio con algunos empresarios (una mayoría, no todos)— sostiene una retórica desgastada, llena de incongruencias, cinismo y corrupción. Esto ha dado paso a una imagen demagógica que deteriora, de forma casi invisible, su credibilidad moral, ética y cívica.

Por eso es importante señalar que no hay nada más peligroso que dañar la confianza de un pueblo. Cuando se vulnera, no solo se rompe una emoción colectiva: también se fractura la arquitectura invisible que lo sostiene todo. Sin confianza, se debilita la legitimidad; las instituciones pierden autoridad moral; las leyes se obedecen por miedo y no por convicción; el liderazgo deja de inspirar; se fragmenta la identidad común. En suma, se genera una degradación progresiva.

Cuando las funciones de un sistema comienzan a desnaturalizarse poco a poco, lo lógico es que su descomposición se agrave con el tiempo, hasta que deje de servir. Y las consecuencias de un orden social defectuoso son, inevitablemente, el caos.

Más que ciudadanos pasivos, debemos asumirnos como actores políticos. Es imprescindible iniciar un proceso de reparación en favor del rescate del sistema, entendiendo que la vía republicana sigue siendo el camino. De lo contrario, podríamos encaminarnos hacia un Estado fallido, como consecuencia de una política basada en egoísmos colectivos disfrazados de activismo social y promovidos mediante marketing engañoso.

Es necesario retomar periódicamente nuestra responsabilidad cívica, recapitular nuestros avances como sociedad y retroalimentarnos para tomar mejores decisiones. Como adultos que compartimos un mismo espacio social, tenemos el compromiso de construir un entorno estable, armonioso y próspero, que garantice el futuro tanto propio como el de las nuevas generaciones.

Soy consciente de que en México enfrentamos problemas complejos. Uno de ellos es la corrupción; otro, la violencia propiciada por el crimen organizado. Ambas son raíces profundas y difíciles de erradicar. Sin embargo, existen referentes alentadores que pueden inspirarnos.

Países desarrollados como Islandia, Dinamarca, Nueva Zelanda, Alemania y Canadá demuestran que es posible construir sociedades pacificadas y funcionales, apoyadas en una cultura institucional sólida. Asimismo, un país en vías de desarrollo como El Salvador ha logrado enfrentar de manera contundente el fenómeno de las pandillas, impulsando un nuevo orden interno bajo el liderazgo del presidente Nayib Bukele.

Por ello, me atrevo a afirmar que sí hay esperanza para recuperar un México próspero y pacífico. Pero para lograrlo es indispensable emprender renovaciones estructurales profundas en el sistema político. Menciono algunos puntos:

*1.       Incorporar perfiles dignos y capaces.*

No podemos permitir que personas sin una base moral sólida accedan a posiciones de poder. Como chiapaneco, he sido testigo de cómo personajes poco idóneos han llegado a cargos privilegiados, generando descrédito y burla social. Estos episodios deterioran la honorabilidad de la clase política mexicana y afectanto su ya desgastado prestigio ante el mundo.

*2.       Introducir la política en universidades y escuelas.*

Debemos activar la participación ciudadana desde plataformas académicas, recuperando su carácter ideológico, profesional y científico. Es fundamental estimular en la juventud el pensamiento social, político y crítico. Sin conciencia cívica, difícilmente se podrán conservar nuestros valores democráticos.

*3.       Importar ideas y fortalecer la competitividad internacional.*

Es necesario facilitar el aprendizaje de idiomas y el acceso a nuevas experiencias culturales. Esto permitiría formar ciudadanos más competitivos y abiertos al mundo. Potencias como Alemania y Japón recurren constantemente al reclutamiento internacional debido a su alta demanda productiva.

En lo personal, me gustaría ver en Chiapas un Estado donde, en reuniones sociales, se hablara de proyectos tecnológicos, ambientales y vanguardistas; de aspiraciones colectivas que impacten positivamente a nuestra comunidad.

Durante mi residencia en Alemania, instituciones como el Jobcenter (Centro de Empleo) y la Arbeit Agentur (Agencia Federal de Empleo) promovían activamente programas financiados por el gobierno para que personas desempleadas cursaran estudios tecnológicos —análisis de datos, Python, diseño UX/UI, desarrollo web, ciberseguridad, entre otros— en periodos de tres, seis o nueve meses. El objetivo era claro: incorporarlos rápidamente al mercado laboral tecnológico, donde un recién certificado puede percibir ingresos aproximados de 3,500 euros mensuales ($73,500 pesos mexicanos).

En gran medida, esto ocurre porque Europa y otras potencias viven una acelerada carrera tecnológica y espacial. La exploración de nuevos recursos y el posicionamiento estratégico global forman parte de la narrativa contemporánea en las altas esferas económicas y científicas.

En México, la industria aeroespacial ya ha sembrado avances importantes. Un ejemplo es el estado de Querétaro, que avanza en la consolidación de su primer puerto aeroespacial, actualmente en proceso de certificación y adecuación.

Estamos entrando en una nueva era. México y el mundo enfrentan paradigmas distintos que nos obligan a replantear nuestra forma de pensar y actuar. Ha terminado la etapa de la administración cómoda y sin visión. Es momento de innovación, liderazgo y responsabilidad histórica.

Ha llegado la hora de formar un nuevo movimiento.

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