DEMOCRACIA VIRTUAL/EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO/
Por años, los mexicanos soñaron con el Mundial de Futbol 2026 como el gran evento deportivo y, el gobierno, como la gran vitrina internacional del país.
Estadios llenos, turistas gastando dólares, campañas de promoción vendiendo la imagen de un México moderno y estable, es lo que podría pasar por la imaginación del respetable público.
Sin embargo, a unas semanas del silbatazo inicial, la realidad amenaza con atravesarse como tráiler volteado en plena autopista, con campesinos, transportistas y maestros dispuestos a incendiar políticamente el arranque de la Copa del Mundo.
No se trata de grupos pequeños ni de protestas testimoniales, estamos hablando de una fuerza social que, sumada, rebasa los 700 mil integrantes movilizables en distintas regiones del país.
El problema para el gobierno federal no es menor, toda vez que, si estas organizaciones cumplen sus amenazas de bloquear carreteras, aeropuertos y accesos estratégicos, el Mundial podría arrancar en medio del caos logístico más grande de los últimos años.
La bomba más pesada está en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), esa organización que representa al magisterio disidente presume una estructura cercana a los 500 mil maestros distribuidos en 33 secciones sindicales, principalmente en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán.
Estos no son improvisados, cuentan con experiencia en paros nacionales, plantones indefinidos y bloqueos que han puesto de rodillas a gobiernos estatales y federales en el pasado.
La exigencia central es la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, además de incrementos salariales superiores a los ofrecidos por el gobierno.
La CNTE sabe perfectamente que un mundial no solamente es futbol sino también imagen internacional, inversión, turismo y prestigio político.
Los maestros ya advirtieron movilizaciones en Paseo de la Reforma, Insurgentes, el Zócalo y, sobre todo, en las inmediaciones del Estadio Azteca y las rutas hacia el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
La otra mitad del problema viene del campo mexicano, pues el llamado Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano agrupa decenas de organizaciones agrícolas y productores de estados clave como Sinaloa, Chihuahua y Veracruz.
El reclamo tiene como base económica real los bajos precios de garantía, incremento brutal en costos de fertilizantes, diésel caro, enfrentar sequías sin apoyo oficial y abandono institucional.
El problema es que los campesinos bloquearán carreteras federales, casetas y rutas de distribución alimentaria y ahí el golpe pegaría directo al bolsillo nacional.
Si se frenan las rutas agrícolas que conectan con las centrales de abasto, los precios de productos básicos podrían dispararse en cuestión de días.
A esto se suma la Asociación Nacional de Transportistas, en la cual cientos de personas independientes han advertido cierres en las carreteras México-Querétaro, México-Puebla, México-Pachuca, México-Toluca y México-Cuernavaca, las venas por donde circula buena parte de la economía nacional.
Un solo día de paralización total podría generar pérdidas de entre 2 mil y 3 mil millones de pesos, según estimaciones del propio sector transportista, sin contar el efecto dominó en algunas industrias.
El gobierno federal enfrenta entonces un dilema delicado. Si cede completamente a las presiones, abrirá la puerta para que cualquier grupo use el Mundial como mecanismo de chantaje político, pero si se endurece y apuesta únicamente por la contención policiaca, el conflicto puede escalar rápidamente y convertirse en una crisis internacional transmitida en tiempo real.
El detalle que más preocupa en Palacio Nacional es que el Mundial 2026 estará en los ojos de todo el planeta y, cualquier bloqueo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey se volverá tendencia global en minutos.
¿Apostará el gobierno a conciliación colectiva para desactivar la bomba social antes del 11 de junio? El gobierno bebería intentar mesas de diálogo, liberación de recursos, acuerdos parciales y promesas de revisión presupuestal.
La negociación económica de último minuto no sería buena opción si tomamos en cuenta que hay desgaste económico, hartazgo acumulado y sectores que sienten que el discurso de transformación no llegó a sus bolsillos.
El campesino, por ejemplo, sigue quebrado, el transportista sigue asfixiado por baches, cuotas y combustibles, y el maestro disidente sigue convencido de que el gobierno de la 4T no cumplió acuerdos.
Sassón
La pelota está en la cancha del gobierno y el árbitro observa el reloj para lanzar el silbatazo de arranque… Mientras tanto, este fin de semana circularon la versión de que el senador Adán Augusto López estaba enfermo ¿No será que ya lo quieren cremar como Amet Ramos Troconis, aquel ex secretario de Finanzas tabasqueño que se llevó a la «tumba» el secreto del saqueo del ex gobernador Arturo Núñez Jiménez?
