TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE
Jiquipilas se encuentra en la oportunidad de gobernar con el pueblo… y el riesgo de los de siempre. Decimos esto porque este municipio cercano a la capital chiapaneca, vive un momento político extraordinario y delicado al mismo tiempo. Tras el desafuero y encarcelamiento de Blanca Yanet Chiu López por la presunta comisión del delito de extorsión, el municipio abrió una nueva etapa con el nombramiento de Benérita Vela Avendaño como alcaldesa interina. No proviene de la burocracia tradicional ni de los círculos acostumbrados al poder público. Es una mujer conocida en su comunidad, ama de casa, de origen sencillo, cercana a la vida cotidiana del pueblo. Esposa de un líder campesino del ejido El Triunfo, Benérita Vela representa justamente ese perfil ciudadano que pocas veces logra alcanzar una responsabilidad de esta magnitud. Y eso tiene un enorme valor político y social, porque quizá por primera vez en mucho tiempo Jiquipilas tiene al frente del ayuntamiento a una mujer que conoce de cerca las necesidades reales de la gente, respecto a la falta de servicios, las dificultades económicas, la incertidumbre diaria de quienes viven del trabajo en el campo o del esfuerzo familiar. Esa experiencia puede convertirse en su mayor fortaleza si logra traducirla en decisiones públicas sensibles y cercanas a la ciudadanía. La señora Vela merece la oportunidad de servir, merece respaldo institucional y merece también respeto.
La señora Vela, del pueblo para el pueblo
Ahora bien, junto a esa esperanza aparece una alerta que no debe minimizarse. Cuando un gobierno atraviesa una crisis política y el poder queda abierto a mitad del camino del trienio, inevitablemente comienzan a rondar quienes ven oportunidad donde otros ven responsabilidad. Ya empiezan a asomarse los buitres políticos que consideran que la nueva alcaldesa puede ser una presa fácil para intentar ocupar espacios, imponer operadores y tomar el control no solo político sino particularmente económico del municipio. Y ahí es donde conviene encender las señales de alerta. Algunos actores “políticos” ya comienzan a mover piezas alrededor del ayuntamiento. Entre ellos aparecen los grupos vinculados a César Espinosa Morales, actual titular del ICATECH; Antonio Valencia, incrustado también en ese Instituto; y José Luis Gálvez, quienes —según voces políticas del municipio— buscan colocarse en posiciones estratégicas de decisión dentro del gobierno local. No se trata de descalificar por anticipado ni de negar participación política a nadie. Eso sería irresponsable. Pero sí de advertir a tiempo cuando empiezan a construirse condiciones para la manipulación y para el control de una autoridad que apenas inicia su encargo en medio de circunstancias complejas. Tácitamente podemos decir que Jiquipilas no necesita tutores políticos, no necesita grupos de presión disputándose el presupuesto ni oficinas convertidas en cuotas de poder. Necesita estabilidad, transparencia y decisiones que beneficien al pueblo. Benérita Vela tiene frente a sí una oportunidad histórica, que es demostrar que se puede gobernar con sentido social, con dignidad y con cercanía verdadera. Que una mujer surgida del pueblo puede ejercer autoridad con firmeza y construir confianza donde antes hubo desgaste institucional. Pero para ello necesitará rodearse bien, escuchar con inteligencia y mantener distancia de quienes llegan ofreciendo ayuda mientras en realidad buscan apropiarse del timón.
De Tarot y Adivinanza
Los “buitres” que están en busca del control político y económico de Jiquipilas, ya están en la mira. Es bueno que lo sepan… Servidos.
