Tarot Político/Amet Samayoa Arce / Ultimátum
Lo ocurrido ayer en Tuxtla Gutiérrez no fue una simple jornada de protesta. El bloqueo de los accesos de entrada y salida de la capital chiapaneca representó un nuevo escalón en la estrategia de presión que mantiene la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) frente al gobierno federal. La radicalización de las acciones no parece casual y tampoco es improvisada. Forma parte de una lógica política que coloca al movimiento magisterial en una posición donde, al menos en el corto plazo, tiene poco que perder y mucho que ganar. La ecuación es relativamente sencilla, porque la CNTE aprieta para lograr una mesa directa con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y alcanzar acuerdos sobre sus principales demandas. Si lo consigue, habrá obtenido una victoria política de gran dimensión, porque significaría que la presión ejercida en las calles produjo resultados concretos.
La provocación, en su estrategia
Pero existe otro escenario. Que la movilización escale, que aumente la tensión y que el gobierno decida responder con medidas más severas para restablecer la normalidad. En ese caso, el movimiento también podría obtener beneficios políticos. La confrontación colocaría a la CNTE en el centro de la discusión nacional, fortalecería su narrativa de resistencia y obligaría a abrir canales de negociación distintos a los planteados originalmente. Por eso resulta complejo entender este conflicto únicamente desde la óptica del orden público. La disputa es esencialmente política. Lo que está en juego no parece limitarse a demandas laborales o administrativas, en el fondo también existen intereses vinculados al equilibrio de fuerzas dentro del sindicalismo magisterial nacional, la disputa por espacios de influencia en el SNTE y, eventualmente, las posiciones que comenzarán a configurarse rumbo al proceso electoral de 2027. La historia reciente demuestra que los movimientos sociales con capacidad de movilización masiva suelen negociar mucho más que sus pliegos petitorios formales. Negocian presencia, interlocución, poder y representación. Mientras tanto, quienes pagan el costo inmediato son miles de ciudadanos. Comerciantes, transportistas, estudiantes, trabajadores y familias enteras que vieron afectada su movilidad por los bloqueos en una ciudad que ya enfrenta importantes desafíos de infraestructura y circulación. El gobierno federal y estatal enfrentan una decisión delicada porque el conflicto podría provocar una escalada mayor. Endurecer la respuesta también podría fortalecer a quienes buscan convertir la confrontación en una herramienta de negociación. Por ahora, la CNTE parece haber encontrado una posición cómoda dentro de la tensión política nacional. Si obtiene una reunión directa con la Presidenta, gana. Si logra convertirse en el eje de una crisis política que obligue a nuevas negociaciones, también gana. La pregunta de fondo no es qué busca la CNTE. Eso parece cada vez más claro.
De Tarot y Adivinanza
La verdadera incógnita es hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno para evitar que esa estrategia termine imponiéndose… Servidos.
