TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE
Morena ha iniciado una cruzada nacional de más de 2 mil 600 asambleas informativas para, según sus dirigentes, defender la soberanía nacional, fortalecer la organización territorial y combatir la desinformación. La pregunta obligada es: ¿qué desinformación pretenden combatir? Porque si algo caracteriza al actual momento político de la llamada Cuarta Transformación no es precisamente la falta de información, sino el exceso y recurrentes escándalos. Los mexicanos no estamos confundidos, observamos cómo emergen cada vez más señalamientos sobre presuntos vínculos entre actores políticos y estructuras criminales. Vemos investigaciones, testimonios y revelaciones que cruzan fronteras. Observamos cómo desde Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump ha comenzado a exhibir información que pone bajo presión a figuras y gobiernos asociados al movimiento obradorista. Y lo más grave no es la acusación, es la impunidad que hasta ahora se enseñorea. Durante años, Morena construyó una narrativa donde la corrupción era patrimonio exclusivo del pasado, de sus adversarios. Sin embargo, hoy enfrenta cuestionamientos que golpean directamente el corazón de su discurso moral. La diferencia es que ahora el escándalo no viene de la oposición; surge desde expedientes, investigaciones periodísticas y agencias internacionales que colocan bajo sospecha a personajes vinculados al poder.
Fuerza y desgaste electoral
Por eso resulta extraño escuchar que las asambleas servirán para combatir la desinformación. ¿No será que buscan combatir el desencanto? ¿No será que intentan contener el desgaste? ¿No será que la verdadera preocupación es que millones de ciudadanos comienzan a cuestionar una narrativa que durante años se presentó como incuestionable? La defensa de la soberanía nacional es una causa legítima, porque ningún mexicano sensato estaría en contra de ella. Pero utilizar la bandera de la soberanía para reagrupar estructuras partidistas en momentos de crisis política parece más una estrategia de control de daños que un ejercicio auténtico de promoción democrática. La realidad es terca y evidentemente la violencia no desapareció; la corrupción no solo no desapareció, se institucionalizó. El crimen organizado tampoco desapareció, por el contrario, los señalamientos sobre la infiltración criminal en espacios de poder son cada vez más frecuentes y más difíciles de ignorar. Morena conserva una enorme fuerza electoral, pero también enfrenta un desgaste inocultable. Y cuando un movimiento político necesita organizar miles de asambleas para explicar lo que está ocurriendo, quizá el problema no sea la desinformación de la gente, sino la pérdida de credibilidad de quienes gobiernan.
De Tarot y Adivinanza ¿Cuál será el partido que logre capitalizar la eventual debacle de Morena? Esa, más que la desinformación, es la gran incógnita nacional… Servidos.
