TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE
Hay políticos que convierten en oro todo lo que tocan. Y luego está Ángel Torres “El caído” que parece haber descubierto la fórmula inversa: convertir el oro de los contribuyentes en basura… y la basura en un negocio de cientos de millones de pesos. La denuncia realizada por el regidor Miguel Ángel Zárate Izquierdo debería encender todas las alarmas en Tuxtla Gutiérrez. No estamos hablando de un ajuste menor en el costo de un servicio público. Estamos hablando de un contrato que prácticamente duplica el gasto mensual en recolección de basura, pasando de 14 a 28 millones de pesos al mes. En otras palabras, para la administración municipal la basura ya no vale su peso en desperdicios, sino su peso en lingotes. Lo extraordinario no es únicamente el monto, porque lo extraordinario es que mientras el costo se dispara, los ciudadanos siguen observando contenedores saturados, malos olores, depósitos deteriorados y un servicio que dista mucho de ser relativamente bueno. Es decir, el precio parece de primer mundo, pero el resultado continúa siendo tercermundista. La explicación oficial raya en lo pintoresco. Que si se reconsideró el tonelaje, que si se optimizaron rutas, que si se lavarán contenedores, pero la joya de la corona son los códigos QR. Al parecer, la gran revolución tecnológica del siglo XXI en Tuxtla consiste en colocar códigos a los botes de basura. Casi cuatrocientos millones de pesos después, los ciudadanos podrán escanear elegantemente un contenedor repleto de desperdicios.
Desfachatez del tabasqueño “caído”
Más inquietante resulta la opacidad y la desfachatez. Los regidores preguntan quién ganó la licitación y la respuesta parece formar parte de un concurso de adivinanzas. Preguntan si es la misma empresa que operaba antes bajo otro nombre y reciben evasivas. Preguntan por los detalles del procedimiento y aparecen más preguntas que respuestas. La sospecha política es inevitable cuando una licitación parece confeccionada para que solamente un participante pueda cumplir los requisitos. Porque una licitación con un solo competidor no es una competencia: es una formalidad administrativa disfrazada de concurso. Y mientras tanto, aparecen gastos complementarios que harían sonrojar a cualquier tesorero prudente: 12 millones para diseñar la licitación, 21 millones para contenedores y otros recursos para programas asistenciales. El dinero corre con una velocidad que contrasta dramáticamente con la lentitud con que desaparece la basura de las calles. Lo más delicado para Ángel Torres no es la denuncia en sí misma. En política las denuncias van y vienen. Lo verdaderamente peligroso es que la percepción ciudadana comienza a coincidir con las acusaciones. Cuando la gente observa montañas de basura en las colonias y al mismo tiempo escucha hablar de contratos multimillonarios, la pregunta surge sola: ¿a dónde está yendo el dinero? Por eso el alcalde tiene una obligación elemental: abrir completamente la información. Decir quién ganó, cuánto cobrará, qué servicios adicionales prestará y por qué el costo prácticamente se duplicó. Porque cuando un gobierno es transparente, los números hablan por sí solos. Pero cuando los números se esconden, terminan hablando los rumores y tácito negocio.
De Tarot y Adivinanza
Y en política hay algo peor que la basura acumulada. La basura acumulada junto con la sospecha pública. Lo fuerte de “El caído” son los negocios, mismos que lo ponen con pie en “El Amate” fresco bote donde podrían estar en breve sus jefes políticos: Adán Augusto y Rutilio… Servidos.
