COLABORACIÓN INVITADA/ SR. SMITH
Hay gestos políticos que valen más que los discursos. Las formas, en política, importan tanto como el fondo. Y si algo dejó claro la reciente gira de tres días de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por Chiapas es que el estado ocupa un lugar prioritario en la agenda nacional.
No se trató de una visita protocolaria ni de una gira relámpago para la fotografía. Fueron tres días intensos de trabajo, recorriendo distintas regiones de la entidad, anunciando inversiones, entregando apoyos, inaugurando infraestructura estratégica y, sobre todo, enviando un mensaje político inequívoco: Chiapas no está solo.
Durante muchos años, los chiapanecos escucharon promesas que jamás se materializaron. La pobreza, el rezago social, el abandono del campo y la falta de oportunidades educativas parecían males permanentes, asumidos con resignación por gobiernos que volteaban hacia otros estados. Por eso, la presencia constante de una presidenta en territorio chiapaneco adquiere una dimensión distinta.
Primero fue Tapachula, donde Claudia Sheinbaum encabezó la entrega de las tarjetas de la Beca Rita Cetina para útiles y uniformes escolares. Más allá del apoyo económico, el mensaje es poderoso: ningún niño debe abandonar la escuela por falta de recursos.
La apuesta por la educación no es menor. De hecho, la mandataria anunció, junto con el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, la creación del programa de becas universitarias Gertrudis Bocanegra, dirigido a estudiantes chiapanecos que enfrentan dificultades económicas para continuar sus estudios superiores.
En un estado donde miles de jóvenes históricamente han tenido que abandonar las aulas para incorporarse al mercado laboral o migrar en busca de oportunidades, fortalecer la permanencia escolar significa apostar por transformar el futuro de Chiapas desde sus cimientos.
Pero la gira presidencial no se limitó al ámbito educativo.
En Metapa de Domínguez, la presidenta inauguró la Planta de Producción de Moscas Estériles del Gusano Barrenador del Ganado, una infraestructura de enorme relevancia para la actividad pecuaria del país. No es exagerado afirmar que se trata de una instalación estratégica para la seguridad alimentaria nacional.
La presencia de funcionarios estadounidenses y el anuncio de nuevas inversiones demuestran que Chiapas también puede convertirse en un punto de cooperación internacional y desarrollo científico. Durante décadas, el estado fue visto únicamente a partir de sus problemas; hoy comienza a posicionarse como un actor relevante en temas de sanidad animal y producción agropecuaria.
Más tarde, en Pijijiapan, Sheinbaum puso en marcha el programa El Maíz es la Raíz, dirigido a fortalecer la soberanía alimentaria y preservar el maíz nativo.
Y aquí hay un simbolismo profundo.
Defender el maíz es defender la identidad mexicana. Hablar de milpas, semillas nativas y producción comunitaria en Chiapas no es un asunto menor. Significa reconocer el valor de los pueblos originarios, de la agricultura familiar y de las comunidades campesinas que durante generaciones han sostenido la alimentación del país.
Finalmente, la gira concluyó en Tuxtla Gutiérrez con la entrega de viviendas, escrituras y finiquitos, como parte del programa Vivienda para el Bienestar.
La vivienda digna representa uno de los mayores desafíos sociales en Chiapas. Miles de familias han esperado durante años la posibilidad de acceder a una casa propia. Por ello, el anuncio de inversiones multimillonarias para construir decenas de miles de viviendas durante el sexenio constituye una de las apuestas sociales más ambiciosas para la entidad.
Por supuesto, nadie puede sostener que tres días de gira resolverán, por sí solos, los problemas históricos de Chiapas. Sería ingenuo pensarlo. La pobreza, la desigualdad y los rezagos acumulados requieren años de trabajo, coordinación institucional y continuidad en las políticas públicas.
Sin embargo, tampoco puede minimizarse el significado político de esta visita.
La presidenta no vino únicamente a inaugurar obras. Vino a refrendar compromisos, a anunciar nuevas inversiones y a demostrar que el gobierno federal mantiene una relación cercana con Chiapas y con el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.
En política, las señales cuentan.
Y la señal que dejó Claudia Sheinbaum es clara: Chiapas importa. Chiapas cuenta. Y, al menos desde la visión del actual gobierno federal, Chiapas dejó de ser la periferia olvidada del país para convertirse en una prioridad nacional.
Para una entidad históricamente acostumbrada al abandono, esa no es una noticia menor.
