ESCUDO Y ESPADA/OSCAR SIEBER/ULTIMÁTUM
Si yo pudiera darle un solo consejo a los jóvenes, el más importante de todos sería este: aprendan inglés.
A lo largo de mi vida, dominar el inglés ha sido una de las herramientas más valiosas que he tenido a nivel profesional. Sin él, difícilmente habría tenido la oportunidad de trabajar en Cancún, Estados Unidos, Canadá y Alemania. También me ha permitido acceder a una enorme cantidad de conocimiento, seguir la historia de los videojuegos en su idioma original, disfrutar películas sin depender de subtítulos, leer libros e instructivos, e incluso servir como intérprete entre personas que hablan español e inglés.
Todavía recuerdo cuando recién comenzaba la universidad, por allá de 2008 o 2009. Entre mis amigos se hablaba mucho de ir a trabajar a los hoteles de Cancún. Decían que los sueldos eran muy superiores a los que podía aspirar un joven en Tuxtla Gutiérrez, así que decidí aventurarme.
Un familiar me había conseguido una recomendación para ingresar a un hotel. Sin embargo, al llegar a Cancún me encontré con la noticia de que ya no había vacantes. Por un momento pensé que el viaje había sido en vano. Pero después me dije: «Si esta zona está llena de hoteles, alguno tendrá una oportunidad para mí».
Entré al primer hotel que encontré y pregunté por empleo disponible. Para mi sorpresa, ni siquiera tuve que visitar un segundo. Me contrataron ese mismo día. Durante la entrevista, la responsable de Recursos Humanos me explicó las prestaciones y las oportunidades de crecimiento que ofrecía la empresa. Me hablaba con tal entusiasmo que daba la impresión de querer convencerme de aceptar la oferta de inmediato y no seguir buscando empleo en otros hoteles. Con ello me dejaba claro el valor que representaba para la empresa mi dominio del inglés.
Aquella experiencia cambió por completo mi manera de entender el mundo laboral. Por primera vez comprendí que una habilidad que hasta entonces había considerado normal podía convertirse en una ventaja competitiva. Ese día entendí que el inglés no era solamente un idioma: era una llave que abría puertas que ni siquiera sabía que existían.
Hoy en día, hablar inglés puede ser tan valioso como obtener un título universitario. Incluso me atrevería a decir que, en muchos casos, puede ser más rentable que varias carreras profesionales. No lo digo para restarle mérito a la educación universitaria, sino para subrayar una realidad que muchas veces pasa desapercibida. Sobre todo en tiempos como los actuales, cuando la falta de empleo se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los jóvenes.
Aprender inglés te abre las puertas del mundo. Es la lengua internacional por excelencia y el idioma con el que millones de personas de distintos países pueden comunicarse entre sí. En gran parte de Europa, por ejemplo, aunque cada nación conserva su propio idioma, el inglés funciona como el puente común para estudiar, trabajar, hacer negocios o simplemente viajar.
Algunos argumentan que el chino es el idioma más hablado del mundo. Y es cierto si se considera el número de hablantes nativos. Sin embargo, el inglés sigue siendo el idioma con mayor presencia internacional y el más útil para comunicarse con personas de diferentes culturas y nacionalidades.
Hablar inglés incluso puede convertirse en una credencial de distinción social. En distintos entornos y estratos sociales en los que me ha tocado interactuar, he observado cómo algunas personas llegan a sorprenderse cuando descubren que lo hablo con fluidez. Sin embargo, para mí nunca ha sido algo extraordinario, sino una herramienta más de la vida cotidiana.
Quizá ello se debe a que tuve la fortuna de recibir una educación que me acercó al idioma desde temprana edad. Gracias al esfuerzo de mis padres, mis hermanos y yo fuimos inscritos, desde niños, en cursos impartidos por una profesora estadounidense, Tere Smith, cuando vivíamos en Tonalá. Con el tiempo, aquello que comenzó como una actividad extracurricular terminó convirtiéndose en una de las habilidades más valiosas de mi vida.
Por eso mi consejo consiste en alentar a los jóvenes a hacer una apuesta por su futuro. Sé que, a esa edad, no siempre es fácil tomar decisiones cuyos beneficios solo se verán con el paso de los años. Pero, si tuviera que recomendar una sola inversión personal, sería aprender un idioma, particularmente el inglés.
Si no es el inglés, que sea alemán, francés, japonés, ruso o chino. Lo importante no es únicamente dominar una lengua extranjera, sino adquirir una herramienta que amplíe sus oportunidades de estudio, de trabajo y de crecimiento personal. Después de todo, muchos de los países donde se hablan estos idiomas figuran entre las economías con mayores oportunidades laborales, una realidad especialmente relevante para las nuevas generaciones que contemplan la posibilidad de emigrar.
Basta con entrar a LinkedIn o revisar cualquier plataforma de empleo para comprobar la enorme cantidad de vacantes y becas en las que dominar el inglés —o el idioma del país que ofrece la oportunidad— constituye un requisito indispensable.
Cuando viví en Alemania consideré ingresar a estudiar Ciencias Políticas o Ingeniería. Durante una larga conversación en inglés, el asesor universitario del TUM (Technische Universität München) me explicó algo que nunca olvidé. Muchas personas creen que estudiar en las universidades más prestigiosas garantiza un mejor salario. Allí descubrí que la realidad es distinta: en Alemania, para acceder a las mejores oportunidades laborales, uno de los factores más valorados es dominar el alemán. Ese detalle, aparentemente simple, cambió por completo mi perspectiva, y puede cambiar las posibilidades profesionales de cualquier persona.
En Chiapas, uno de los estados con mayor vocación turística del país, diversos especialistas y profesionales del sector turístico coinciden en que una de las principales limitantes para impulsar su desarrollo es la escasez de personal con dominio del inglés, especialmente en la industria hotelera, restaurantera y tour operadoras. En una entidad que vive, en buena medida, del turismo, hablar inglés deja de ser una habilidad opcional para convertirse en una ventaja competitiva.
Quizá aprender inglés no garantice el éxito. Ninguna habilidad lo hace. Pero sí aumenta considerablemente el número de puertas que pueden abrirse a lo largo de la vida. Y cuando uno es joven, pocas inversiones ofrecen un rendimiento tan alto como aprender a comunicarse con el mundo.
Un idioma no cambia quién eres, pero sí cambia el tamaño del mundo al que puedes aspirar.
