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A México le hacen falta políticos como Beatriz

12 de julio de 2026
in Opiniones
A México le hacen falta políticos como Beatriz
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COLABORACIÓN INVITADA/Sr. Smith/Ultimátum

En una época en la que la política parece medirse por la cantidad de seguidores en redes sociales, la estridencia de los discursos o la capacidad de construir campañas permanentes, escuchar a Beatriz Paredes Rangel resulta un ejercicio refrescante. No porque pertenezca a una generación distinta de políticos, sino porque representa una forma diferente de entender el servicio público.
Durante la presentación de su libro El valor de las palabras, la fuerza de los hechos, la exgobernadora de Tlaxcala recordó una premisa que hoy parece olvidada: gobernar no consiste en administrar popularidad, sino en resolver problemas.
Y eso marca toda la diferencia.
México atraviesa una etapa de enorme polarización. La confrontación ha sustituido al debate y la descalificación suele imponerse sobre el argumento. En ese contexto, escuchar a una mujer que ha ocupado prácticamente todos los espacios de la vida pública mexicana reivindicar el valor de la palabra, del diálogo y de la experiencia resulta particularmente significativo.
Beatriz Paredes no presentó únicamente un libro. Presentó una manera de hacer política.
Su obra recoge la experiencia que vivió al frente del Gobierno de Tlaxcala, pero también deja ver una convicción que ha acompañado toda su trayectoria: las palabras solamente tienen sentido cuando son respaldadas por hechos.
Parece una frase sencilla. En realidad, constituye uno de los mayores desafíos de la política contemporánea.
Durante décadas, la ciudadanía ha aprendido a desconfiar de los discursos porque demasiadas veces las promesas terminaron siendo simples recursos electorales. Se prometieron hospitales que nunca se construyeron, carreteras que jamás aparecieron y programas sociales que quedaron atrapados en el papel.
Por eso Beatriz insiste en que la credibilidad no nace del discurso; nace del cumplimiento.
No se trata de hablar mejor. Se trata de hacer mejor.
Quizá por ello su intervención estuvo alejada del protagonismo personal. No hubo frases diseñadas para viralizarse ni ataques dirigidos a adversarios. Hubo reflexión. Hubo memoria. Hubo autocrítica. Hubo historia.
Y eso también hace falta.
La política mexicana necesita recuperar el valor de la experiencia. No para regresar al pasado ni para idealizar otras épocas, sino para entender que gobernar exige conocimiento, preparación y capacidad de construir acuerdos.
Hoy pareciera que cualquiera puede asumir responsabilidades públicas únicamente porque domina la comunicación digital o porque posee una buena estrategia de propaganda.
La realidad demuestra todos los días que gobernar requiere mucho más que eso.
Requiere escuchar.
Requiere negociar.
Requiere administrar recursos.
Requiere conocer el funcionamiento del Estado.
Requiere entender que las decisiones afectan la vida de millones de personas.
Beatriz Paredes pertenece a esa generación que aprendió política caminando comunidades, dialogando con productores, organizaciones sociales, universidades, empresarios y pueblos indígenas. Una escuela donde primero se aprendía a escuchar y después a hablar.
Esa formación se refleja en cada una de sus intervenciones.
Podrán compartirse o no sus posiciones políticas. Esa es otra discusión.
Lo que resulta difícil negar es su preparación, su capacidad argumentativa y el profundo conocimiento que posee sobre el funcionamiento del país.
México necesita recuperar precisamente eso.
Necesita mujeres y hombres capaces de debatir sin insultar.
Capaces de defender sus ideas sin convertir al adversario en enemigo.
Capaces de construir acuerdos sin renunciar a sus principios.
Capaces de entender que el poder es temporal, pero las instituciones permanecen.
En tiempos donde abundan los discursos simplistas, Beatriz recuerda que los problemas complejos no admiten soluciones fáciles.
Gobernar implica tomar decisiones difíciles.
Implica asumir costos políticos.
Implica reconocer errores.
Implica corregir el rumbo cuando es necesario.
También resulta relevante el momento en que aparece este libro. México vive una profunda transformación política e institucional. Independientemente de las simpatías partidistas, el país requiere servidores públicos preparados para enfrentar desafíos como el crecimiento económico, la seguridad, la desigualdad, el cambio climático, la migración y el desarrollo tecnológico.
Ninguno de esos retos se resolverá únicamente con discursos.
Se resolverán con capacidad técnica, liderazgo político y visión de Estado.
Eso es justamente lo que reivindica El valor de las palabras, la fuerza de los hechos.
No es un libro de nostalgia.
Es un recordatorio de que la política sigue siendo una herramienta para transformar vidas cuando se ejerce con responsabilidad.
Quizá por eso la figura de Beatriz Paredes despierta respeto incluso entre muchos de quienes no comparten su militancia partidista.
Porque hay trayectorias que terminan convirtiéndose en patrimonio de la vida pública nacional.
Porque existen políticos que entienden que las instituciones están por encima de los intereses personales.
Porque todavía hay mujeres y hombres que saben que el verdadero prestigio no se construye con tendencias en redes sociales, sino con décadas de trabajo, congruencia y resultados.
México necesita nuevas generaciones de políticos, sí.
Pero también necesita que esas nuevas generaciones aprendan de quienes demostraron que la política puede ejercerse con inteligencia, preparación, cultura, sensibilidad social y respeto por la palabra empeñada.
Al final, el tiempo suele ser el juez más severo de cualquier carrera pública.
Las campañas terminan.
Los cargos concluyen.
Las mayorías cambian.
Lo único que permanece es la huella que cada servidor público deja en las instituciones y en la vida de las personas.
Por eso el título del libro resulta tan oportuno.
Las palabras tienen valor.
Pero únicamente cuando la fuerza de los hechos las convierte en verdad.
Y de políticos capaces de entender esa diferencia, México necesita muchos más.

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