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HACIA UNA ECONOMÍA REGENERATIVA

13 de julio de 2026
in Opiniones
HACIA UNA ECONOMÍA REGENERATIVA
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Escudo y Espada/Por Oscar Sieber

Durante un vuelo de regreso de Europa a México entablé conversación con el pasajero que viajaba a mi lado. Se trataba de un empresario venezolano radicado en Cancún. Mientras intercambiábamos algunas experiencias de viaje, la conversación fue derivando hacia temas de negocios internacionales. Entonces me compartió una experiencia que lo había sorprendido durante una visita de trabajo a China. Confieso que, sin imaginarlo, aquella conversación terminaría despertando en mí una forma distinta de pensar sobre el futuro de nuestras economías.

Según me relató, un grupo de fabricantes chinos le explicó que, después de décadas dedicadas a la extracción de recursos, la producción industrial y el consumo masivo, China consideraba haber contribuido ya a la construcción de una inmensa infraestructura de bienes, tecnologías y servicios que hoy sostienen una sociedad altamente conectada, funcional y productiva en todo el mundo. Bajo esa lógica, el siguiente gran mercado ya no consistía únicamente en fabricar más cosas, sino en garantizar que todo lo existente continuara operando de manera eficiente. De esa reflexión surgió la idea de una economía del mantenimiento (maintenance economy).

Su apuesta, le dijeron, sería fabricar cada vez más máquinas y robots especializados en labores de mantenimiento. Después de todo, hoy existen millones de edificios, hoteles, fábricas, hospitales, centros comerciales y establecimientos alrededor del mundo que enfrentan un mismo desafío cotidiano; mantener en funcionamiento sus instalaciones. La limpieza, las inspecciones, las reparaciones preventivas y muchas otras tareas operativas representan una necesidad permanente. En otras palabras, una vez que una parte importante de la infraestructura y de los bienes que sostienen la vida moderna ya ha sido creada, el siguiente reto consiste en conservarlos, hacerlos más eficientes y prolongar su vida útil.

Sin embargo, más allá de aquella explicación teórica, lo que realmente lo sorprendió fue comprobar que esa visión ya comenzaba a materializarse. En los parques de la ciudad china que había visitado había robots encargados de barrer las calles. Además de la eficiencia con la que realizaban la limpieza, le llamó especialmente la atención que estuvieran equipados con sistemas de señalización para advertir su presencia y evitar accidentes con los transeúntes. Aquella escena era la evidencia de cómo una necesidad tan cotidiana como barrer un parque podía transformarse en una oportunidad para desarrollar una nueva industria.

Aquella visión estratégica me dejó una pregunta rondando en la cabeza. Si China había encontrado una oportunidad económica en el mantenimiento de la infraestructura que el mundo ya construyó, ¿cuál podría ser, bajo esa misma lógica, la gran oportunidad económica de México o de Chiapas?

Al observar nuestro entorno, encuentro una realidad que me llama la atención. Tanto en Chiapas como en buena parte del país abundan los tianguis, las plazas comerciales, las tiendas y pequeños negocios dedicados a la venta de ropa, chácharas, artículos decorativos y toda clase de bienes de consumo. Detrás de cada uno de ellos hay personas que trabajan con esfuerzo para obtener un ingreso, y ese esfuerzo merece todo mi respeto. Sin embargo, al mismo tiempo, seguimos siendo un país con altos niveles de pobreza y desigualdad.

Esa aparente contradicción me lleva a preguntarme si buena parte de nuestra actividad económica está orientada hacia necesidades que ya se encuentran suficientemente atendidas, mientras otras, mucho más esenciales, continúan esperando soluciones. No cuestiono el comercio ni el emprendimiento; lo que cuestiono es si estamos dirigiendo nuestro talento, nuestro trabajo y nuestra capacidad productiva hacia aquellas actividades que realmente podrían transformar la calidad de vida de nuestras comunidades.

Si observamos con detenimiento los grandes desafíos que enfrenta México, descubriremos que muchos de ellos convergen en unos cuantos problemas fundamentales como garantizar el acceso a los alimentos, reducir la pobreza, regenerar nuestros ecosistemas y prepararnos para los efectos del cambio climático. Si esas son algunas de nuestras necesidades más urgentes, quizá ahí mismo se encuentre también una de nuestras mayores oportunidades económicas.

Bajo esa lógica, una de las actividades con mayor potencial podría ser la producción comunitaria de alimentos. Imaginemos, por plantear un ejemplo, redes de producción dentro de las propias colonias, donde las familias encuentren una oportunidad económica adicional mediante huertos caseros, pequeños cultivos o sistemas de producción a escala doméstica. Algunos hogares podrían especializarse en el cultivo de hortalizas; otros, en la producción de huevos, lácteos, miel, frutas o carne. A través del intercambio entre vecinos o del comercio local, cada familia aportaría aquello que mejor produce, fortaleciendo así la economía de la comunidad y su seguridad alimentaria.

Los beneficios de un modelo así irían mucho más allá del ingreso económico. Al producir parte de sus propios alimentos, las familias reducirían algunos de sus gastos, fortalecerían su autonomía y crearían una fuente adicional de riqueza basada en activos productivos y no únicamente en el consumo. Al mismo tiempo, surgirían más huertos, árboles y cultivos que contribuirían a regenerar los ecosistemas, recuperar áreas verdes y fortalecer la relación entre las comunidades y el entorno natural.

En lo personal, creo que el verdadero desarrollo económico no consiste únicamente en producir más bienes, sino en convertir la solución de nuestros principales problemas en nuestras principales actividades económicas. Cuando una economía logra generar riqueza mientras alimenta a su población, restaura sus ecosistemas y mejora la calidad de vida de las personas, deja de ser solamente una economía productiva para convertirse en una economía que produce bienestar.

Esto es a lo que yo le llamaría, implementar una “Economía Regenerativa”; que no es mas que aquellas actividades económicas que, además de generar ingresos, resuelven necesidades esenciales de la sociedad y regeneran las condiciones que hacen posible la vida.

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