IDENTIDAD POLÍTICA/JOSÉ ADÁN ALTÚZAR FIGUEROA/ULTIMÁTUM
En esta segunda entrega de dos partes, Jorge Arias (investigador en desarrollo democrático, gobernanza e inteligencia artificial) nos advierte que el uso de la IA es inevitable y que representa un riesgo para todos quienes ejercemos nuestro servicio profesional.
La democracia se apoya en una promesa de igualdad política. Cada persona debe poder participar, expresar sus intereses, controlar al poder y formar parte de las decisiones colectivas.
Podemos conservar elecciones, libertades públicas y derechos formalmente vigentes mientras una parte creciente de la sociedad deja de entender los sistemas que condicionan su empleo, su información, sus oportunidades o su relación con el Estado.
Las personas pueden seguir votando, pero tener cada vez menos capacidad para conocer y discutir aquello sobre lo que realmente se decide.
Los gobiernos también enfrentarán esta tensión. La IA permitirá analizar grandes cantidades de datos, anticipar escenarios y diseñar políticas con una velocidad inédita. Pero un gobierno no se vuelve más democrático porque produzca respuestas más rápidas.
Una decisión puede ser técnicamente eficiente y políticamente ilegítima cuando los ciudadanos no conocen sus criterios, no pueden impugnarla y no existe ningún responsable humano dispuesto a explicarla. Conducir el Estado supone decidir qué valores proteger, qué riesgos aceptar, cómo distribuir los costos y quién responderá por los resultados.
Y esas preguntas no pueden delegarse silenciosamente a un algoritmo.
El derecho a conservar el propio juicio.
Necesitamos desarrollar una nueva capacidad colectiva: la capacidad cognitiva democrática.
Una sociedad democrática debe poder utilizar el conocimiento y la inteligencia artificial para comprender, deliberar, decidir y aprender.
Comprender significa distinguir información relevante y reconocer lo que todavía no sabemos.
Deliberar supone comparar argumentos y escuchar experiencias diferentes, en lugar de reducir los desacuerdos a consignas.
Decidir implica transformar conocimiento en acción legítima, conservar la responsabilidad humana y explicar públicamente las razones.
Aprender significa revisar resultados, reconocer errores y corregir políticas sin borrar la memoria institucional.
Estas capacidades no dependen solamente de cada persona. Se forman en la relación entre familias, escuelas, universidades, medios, empresas, organizaciones sociales y gobiernos.
La inteligencia artificial llega a sociedades con profundas desigualdades educativas y territoriales, baja inversión en conocimiento y fuerte dependencia de plataformas extranjeras. Por lo que nuestros problemas, lenguas e historias están insuficientemente representados en muchos de los sistemas que comenzamos a utilizar.
Si nos limitamos a consumir respuestas elaboradas desde otros contextos, podemos volvernos tecnológicamente más eficientes y, al mismo tiempo, menos capaces de formular nuestras propias preguntas.
La soberanía del futuro no consistirá en rechazar el conocimiento global. Consistirá en conectarse con el océano de datos y conocimientos sin perder la capacidad de elegir el rumbo.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a pensar mejor. También puede acostumbrarnos a no pensar.
Por eso vale preguntarnos si la tecnología seguirá estando al servicio de personas capaces de comprender, decidir y ejercer plenamente su ciudadanía, o si terminaremos convertidos en simples usuarios de respuestas elaboradas por otros.
Ultimátum
Jorge Arias es investigador en desarrollo democrático, gobernanza e inteligencia artificial. Integra el Comité de Investigación sobre Democratización Comparada de la International Political Science Association (IPSA RC13). Es autor de “El Homo IA y la nueva desigualdad cognitiva” y director de los Índices de Desarrollo Democrático de América Latina, México y Argentina.
Ultimátum dos
¿Exservidores públicos involucrados en balaceras? Es urgente poner orden. Resulta inadmisible que la soberbia y la prepotencia persistan incluso después de haber dejado el cargo.
Ultimátum tres
Bien dicen que “cuando el río suena, agua lleva”.La reciente evaluación del programa de alfabetización “Chiapas Puede” reunió a la plana mayor del sector educativo, pero con una salvedad que encendió las alarmas: la sorpresiva asistencia de los titulares de la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno y de la Auditoría Superior del Estado. El mensaje del Gobernador, reforzado por un tenso lenguaje corporal, dejó claro que hay datos estadísticos y económicos que simplemente no cuadran y exigen una revisión inmediata. Al tiempo. Por el momento, es cuánto.
