PUNTO Y COMA;/ROGER LAID/ULTIMÁTUM
El caso de Dafne ha reabierto un debate nacional sobre las novatadas o rituales de iniciación. Aunque las circunstancias de cada caso deben ser esclarecidas por las autoridades competentes, el tema ha puesto bajo escrutinio prácticas que desde hace años han sido denunciadas en distintas instituciones educativas, deportivas y de formación.
En Chiapas, por ejemplo, las novatadas en la Escuela Normal Rural Mactumactzá han sido motivo de señalamientos públicos “todos los años” y en diferentes momentos. Ello no significa que todas las generaciones o actividades sean iguales, pero sí justifica revisar si existen protocolos eficaces para prevenir abusos ya que se podría estar tocando una red muy delicada de intereses internos.
En las preparatorias era común rapar el cabello, pintar la cara, obligar a hacer ridículos públicos. Muchos lo recuerdan con nostalgia porque «a mí también me tocó». Ese es precisamente el problema: la violencia heredada se convierte en tradición.
En el Ejército existen rituales de iniciación y códigos de pertenencia, pero las fuerzas armadas modernas han tenido que regularlos para evitar abusos. La disciplina no puede confundirse con humillación.
En política ocurre algo parecido: muchas instituciones protegen prácticas abusivas bajo el argumento de que «siempre se ha hecho así». Ese argumento nunca ha sido una justificación.
El Gobierno Federal y los congresos podrían impulsar medidas firmes para equilibrar esa autoridad interna (o auto gobierno) que tienen en algunas escuelas normales y en la Mactumatzá, según informes de alumnos y otros ahora mentores, señalan su coalición entre algunos maestros y alumnos y es lo que lleva al temor de otros, a realizar quejas ya que quien no participa en el comité estudiantil a favor, lo dejan fuera.
La secretaría de Educación Federal entrega recursos para infraestructura por medio del “Programa Expansión de la Educación media y Superior” a “la Mactu” en millones y que se deben de utilizar para metas de operación, fortalecimiento y necesidades de infraestructura o gasto corriente autorizados en dichos convenios (observado en la página de convenios).
Ojalá, el secretario de educación Mario Delgado, genere alguna página de quejas “real” y obligue a denunciar cualquier acto que constituya un delito, evitando que se resuelva únicamente como un asunto interno.
Incluso, crear mecanismos de denuncia anónima y protección para estudiantes que denuncien abusos.
Ningún “código de tradición” puede justificar actos de violencia o degradación.
El punto y coma de esta deliberación podría ser que: la disciplina no debe confundirse con la humillación, ni la integración con el maltrato. Las tradiciones solo merecen conservarse cuando respetan la dignidad humana. Cuando una novatada termina en lesiones graves o en la pérdida de una vida, deja de ser una tradición para convertirse en un problema de seguridad, de responsabilidad institucional y, en su caso, de justicia penal.
Puntos Suspensivos…
Si hay fósiles en las normales por los negocios que representa entonces me quedo con esta reflexión:
«Toda tradición merece respeto, excepto aquella que necesita humillar a alguien para sobrevivir. Si una institución requiere violencia para construir identidad, el problema no son los estudiantes nuevos; es la cultura de quienes llevan años ahí.»
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