JOSÉ FALCONI/ULTIMÁTUM
Bronce líquido es para mí la mengambrea perfecta: un entramado de acertados y afilados versos que cantan y cuentan las muy diversas serenidades, sedosidades, agitaciones y estallidos a cielo abierto que el amor convoca.
Toda una analecta de connotaciones emocionales que en espléndido ritmo coral amalgaman no sólo cobre y estaño, para hacer surgir el bronce, sino también harina y nube, tierra y cielo, efluvios corporales y aires de pavana, para que discurra un fragmento de la biografía del alma deseosa de la poeta Patricia Camacho Quintos. Mi muy querida Paty.
Para la escritura de este manifiesto amoroso, Paty y yo nos reunimos un día a la semana en sesiones en que entonamos himnos poéticos y soplamos dientes de león para esparcir deseos, mientras sus sutiles filamentos flotan en visiones angélicas.
Flotan, ascienden y se desvanecen en una fuga de encanto en las distintas velocidades en que se mueve este poema de largo aliento: aires lentos, moderados y vivos. Velocidades del alma musical de la poeta que deambula, como un trasgo en el bardo, no en la línea, sino en el plano del amor: hielo abrasador y fuego helado. Ese es su abismo.
Y mientras los filamentos del diente de león flotaban, nosotros, Paty y yo, recordábamos los sonidos negros de Federico García Lorca (encapsulada en ti / preparo el tramo hacia mi muerte); las, en ocasiones, severas sentencias de Rosario Castellanos (hallé otra forma de ser humana / pero no libre); la infantil alegría de Gabriela Mistral (toma mi mano y danzaremos).
El Bronce líquido de Patricia tiene también sus aires sabinescos. ¿Quién que en estos tiempos escriba un poema lírico, amoroso, puede ignorar a Jaime Sabines?
Un grano de arena escucha a Dios en su versión falible. Patricia Camacho Quintos ha derrochado palabras en un efluvio de energías amorosas y de su mente enfebrecida, con metálico sonido como de corno, irradian joyas imaginarias: caballitos de mar recién nacidos del vientre de un cervatillo.
Quien escribió esas voces ha firmado un pacto con la poesía. Habrá de cumplirlo siendo fiel, como lo es en Bronce líquido, a la sentencia de Rubén Darío: Ser sincero es ser potente.
