IDENTIDAD POLÍTICA /JOSÉ ADÁN ALTÚZAR FIGUEROA/ULTIMÁTUM
México no puede seguir atrapado en una política que confunde el escándalo con el debate público. Cada día, la agenda nacional se llena de señalamientos, acusaciones cruzadas y defensas partidistas que ocupan titulares, pantallas y redes sociales, pero que rara vez producen soluciones reales. La pregunta ya no es quién acusa a quién, sino cuánto le cuesta al país esta maquinaria de confrontación permanente.
Los nombres desfilan como parte de un espectáculo repetido: Alejandro Moreno Cárdenas, Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López Hernández, Andrés Manuel López Beltrán, José Rafael Ojeda Durán, Ángel Aguirre Rivero, Ernesto Ruffo Appel, Ernesto Zedillo Ponce de León, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Xóchitl Gálvez Ruiz, algunos renombrados y multiseñalados como manipuladores comunicadores, entre muchos otros. Todos aparecen en una arena mediática donde abundan las acusaciones, las defensas convenientes y las narrativas hechas a la medida. Pero en medio de ese ruido, la ciudadanía sigue esperando resultados.
La política mexicana parece haber encontrado en el conflicto su negocio más rentable. Hay quienes viven de denunciar, quienes viven de justificar, quienes administran el enojo social y quienes convierten cada crisis en propaganda. Lo grave no es solo la confrontación, sino la facilidad con la que desplaza lo verdaderamente urgente: pobreza, desigualdad, inseguridad, desempleo, servicios públicos deficientes y una población obligada a sobrevivir mientras sus dirigentes se disputan el control del relato.
El daño social es profundo. Cuando las instituciones se utilizan como armas de disputa, la confianza pública se erosiona. Cuando la polarización se alimenta desde el poder, desde la oposición o desde los grupos de interés, el país se fragmenta. Y cuando la agresión verbal se normaliza, el debate pierde altura y la sociedad termina acostumbrándose a una política que grita mucho, explica poco y resuelve casi nada.
La factura económica también es severa. La incertidumbre política espanta inversiones, frena proyectos, castiga a pequeños negocios y complica la vida de trabajadores que dependen de estabilidad para salir adelante. Cada hora invertida en fabricar escándalos o responder ataques es una hora que no se dedica a planear infraestructura, fortalecer la seguridad, mejorar escuelas, garantizar servicios de salud o impulsar el desarrollo regional.
El país real no vive de escándalos
Mientras la clase política se consume en exhibiciones, venganzas y cálculos electorales, el país real enfrenta problemas que no admiten simulación: inseguridad, violencia criminal, corrupción, impunidad, debilidad del Estado de derecho y tensiones institucionales. Ninguno de estos desafíos se resuelve con discursos incendiarios, campañas de desprestigio o lealtades ciegas. Se resuelven con responsabilidad, resultados medibles, instituciones fuertes y una voluntad política que hoy aparece debilitada por el apetito de poder.
La pregunta final es incómoda, pero necesaria: ¿quién gana cuando la política se vuelve espectáculo? Ganan quienes viven del conflicto, quienes lucran con la división y quienes prefieren una sociedad distraída antes que una ciudadanía exigente. Pierden los ciudadanos, pierde la economía y pierde un país que ya no puede darse el lujo de cambiar resultados por ruido.
Ultimátum
En Chiapas continúan los destapes rumbo a las alcaldías, están quienes aspiran, quienes ya se perfilan y quienes solo simulan. Hay quienes apuntan con precisión y otros que disparan al aire; algunos tiran hacia arriba con la esperanza de recibir lo que caiga. Las leyes electorales son letra muerta, la propaganda adelantada ya son parte del paisaje urbano. Aún faltan las definiciones para las diputaciones locales, mientras varios de los que hoybuscan presidencias municipales esperan turno y otros, ya señalados por el dedo decisivo, descansan en el sueño de los justos.
Ultimátum dos
Los pronunciamientos y lamentos de algunos dirigentes políticos alimentan la duda sobre las presuntas diferencias entre dos grupos encumbrados que hoy disputan el control de las circunstancias políticas dentro de MORENA. Entre los nombres que más se mencionan figuran Claudia Sheinbaum Pardo, Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal, Adán Augusto López Hernández, Ruben Rocha Moya y Omar García Harfuch. Incluso se habla de dos corrientes identificadas como obradoristas y claudistas. El asunto ha escalado a tal grado que ya circulan versiones sobre enfermedades de la mandataria y una eventualrevocación de mandato. Que el Gran Arquitecto del Universo nos agarre confesados.
Ultimátum tres
Mientras tanto la Presidenta está empeñada en reformar la vida de los adolescentes y jóvenes a travésde buenos hábitos: “Estamos proponiendo que un día a la semana haya un espacio, donde maestras y maestros puedan hablar con sus alumnos,particularmente en tercero de secundaria y en media superior de lo que llamamos el ABC de las emociones que aquí lo platicamos y lo vamos a presentar ahora antes de la entrada a clases, tiene que ver con la salud mental y justamente con orientar a los jóvenes de cuáles son los impactos del uso excesivo de las plataformas digitales; el objetivo es que servidores públicos vayan a todas las escuelas a leer y escoger los textos para poder leer sobre distintos temas a las y a los jóvenes;también voy a ir yo a leer los lunes, por lo menos una vez al mes para poder ir a compartir la lectura con niñas, niños y jóvenes”. Por el momento, es cuánto.
