LO QUE NO SE NOMBRA, NO EXISTE/GELY PACHECO/ULTIMÁTUM
En la primera parte de esta reflexión hablábamos de cómolas redes sociodigitales se han convertido en nuevos espacios de participación política, pero también en escenarios donde la vida privada de las mujeres puede ser utilizada para cuestionar su legitimidad pública. El análisis de casos concretos permite observar cómo una relación personal puede convertirse, mediante imágenes, comentarios y narrativas digitales, en un mecanismo de desacreditación política. Sin embargo, esta discusión adquiere una dimensión todavía mayor cuando la relacionamos con los avances que actualmente se están construyendo en Chiapas para fortalecer la participaciónpolítica de las mujeres.
Y hay algo que debemos comprender, y es que la paridad no termina cuando una mujer aparece en una boleta, y tampoco termina cuando recibe su constancia de mayoría, ocupo una curul o entra a una sede de gobierno municipal; la verdadera disputa comienza cuando esa mujer empieza a ejercer el poder. Durante décadas, las mujeres fuimos excluida de los espacios de decisión bajo la idea de qué la política era un territorio exclusivamente masculino y hoy las leyes han cambiado, siguen cambiando y nuestra presencia también pero las estructuras culturales que han sostenido aquellas exclusión, no terminan de desaparecer y encuentran nuevas formas de operar, es a lo que yo a veces para fraseo, el machismo no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
La paridad de género ha representado una de las transformaciones más importantes de nuestra democracia. Las mujeres hemos pasado de ser consideradas sujetas excepcionales dentro de la política a ocupar, de manera creciente y eficiente, espacios de representación y decisión. No obstante, alcanzar una mayor presencia numérica no significa necesariamente que las condiciones en las que las mujeres participan hayan cambiado en la misma proporción. La incorporación de más mujeres a las instituciones debe acompañarse de condiciones que permitan ejercer plenamente sus derechos políticos, desarrollar sus trayectorias y participar en la vida pública libres de violencias.
En este contexto resulta relevante la reciente reforma a la Ley de Medios de Impugnación en Materia Electoral del Estado de Chiapas aprobada por el Congreso del Estado, que incorpora consecuencias relacionadas con la violencia política contra las mujeres en razón de génerocuando esta se presente de manera generalizada durante un proceso electoral. Entre sus elementos destaca la posibilidad de declarar la nulidad de una elección cuando se actualicen los supuestos previstos por la legislación, así como la presunción de determinancia cuando la diferencia entre el primero y segundo lugar sea menor al cinco por ciento. También contempla consecuencias para quienes resulten responsables de la violencia en relación con una eventual elección extraordinaria. Se trata de avances que reconocen que la violencia contra las mujeres no constituye un asunto secundario de la competencia electoral, sino que puede incidir directamente en las condiciones de libertad, igualdad y legitimidad de una elección.
Esto no es menor, y significa que se ha reconocido desde la legislación que la violencia contra una candidata o pre candidata no es un asunto periférico de una elección y puede afectar la voluntad ciudadana, alterar las condiciones de competencia, y por tanto, comprometer la legitimidad democrática del resultado.
A este proceso histórico, se suma la iniciativa anunciada recientemente por el gobernador Eduardo RamírezAguilar para fortalecer la participación de las mujeres en las candidaturas a las presidencias municipales a partir del próximo proceso electoral local. La propuesta plantea reglas de alternancia y el fortalecimiento de los principios de paridad horizontal, vertical y transversal, incorporando además dimensiones cuantitativas y cualitativas orientadas a garantizar no solamente la presencia de mujeres en las candidaturas, sino mayores posibilidades de acceso efectivo a los espacios de decisión.
La paridad sustantiva pide algo más: poder llegar, poder ejercer y poder permanecer
Esta discusión resulta particularmente pertinente para Chiapas. Los datos históricos sobre la integración de los gobiernos municipales muestran que la presencia de mujeres en las presidencias municipales ha sido considerablemente menor que la de los hombres. Como ha señalado Araceli Burguete, los avances formales en materia de inclusión pueden coexistir con prácticas que mantienen restricciones en el acceso efectivo de las mujeres al poder. Por ello, hablar de paridad implica preguntarnos no solamente cuántas mujeres participan, sino cuáles son las condiciones que enfrentan para llegar, ejercer sus responsabilidades y construir trayectorias políticas de largo plazo.
Aquí es donde la violencia digital adquiere especial relevancia. Una mujer que participa en política no solamente enfrenta los desafíos propios de cualquier carrera pública; también puede encontrarse sometida a una vigilancia permanente sobre su apariencia, sus relaciones personales, su edad, su maternidad, su forma de vestir o cualquier otro aspecto de su vida que pueda ser utilizado para construir una narrativa que cuestione su legitimidad. Las redes sociales han ampliado extraordinariamente las posibilidades de comunicación directa con la ciudadanía, pero también han ampliado los espacios donde se producen y reproducen estas formas de violencia.
La inteligencia artificial agrega una nueva dimensión a este fenómeno. Las herramientas disponibles actualmente permiten modificar imágenes, generar contenidos y construir representaciones que pueden circular rápidamente y adquirir una apariencia de autenticidad. Esto plantea desafíos importantes para la protección de los derechos político-electorales de las mujeres, particularmente cuando estas tecnologías son utilizadas para sexualizar, ridiculizar o desacreditar su imagen pública. El reto no consiste en limitar la tecnología ni la libertad de expresión, sino en construir criterios que permitan distinguir el ejercicio legítimo de la crítica política de aquellas prácticas que vulneran derechos y reproducen violencia por razones de género.
La igualdad sustantiva también implica generar condiciones para que las mujeres puedan participar sin que su vida privada sea utilizada como mecanismo de deslegitimación, sin que la violencia determine las condiciones de una contienda y sin que el costo de ocupar un espacio de poder sea el silenciamiento o la autocensura. Porque cada vez que una mujer sometida a un hinchamiento digital por ejercer su libertad, cada vez que su cuerpo se convierte en argumento político, cada vez que una imagen manipulada busca ridiculizar, y cada vez que miras de personas participan en ese castigo colectivo, no solamente estamos dañando a una mujer, estamos enseñando a las demás, cuánto cuesta ocupar el espacio público.
Además, esta reflexión debe incorporar una perspectiva interseccional. No todas las mujeres experimentan de la misma manera la participación política. Las desigualdades pueden profundizarse cuando convergen condiciones como pertenecer a un pueblo indígena, vivir con una discapacidad, ser joven, pertenecer a una comunidad históricamente discriminada o enfrentar otras formas de exclusión. En Chiapas, donde convergen profundas diversidades culturales y desigualdades estructurales, la construcción de una democracia verdaderamente paritaria exige reconocer esas diferencias y atenderlas desde una perspectiva intercultural.
Los cambios legislativos y las iniciativas que buscan ampliar la participación de las mujeres representan pasos importantes en este proceso, y es importante seguir incidiendo para que la transformación democrática y la participación política de las mujeres también ocurra en los espacios donde actualmente se construye la opiniónpública: las redes sociales, los medios digitales y las comunidades virtuales. Ahí también se define quién puede hablar, quién es escuchada y bajo qué condiciones puede permanecer en el espacio público.
Entonces es importante hablar de la paridad sustantiva que sería la suma de la cantidad de mujeres que llegan a una candidatura o a un cargo de elección popular y que esas mujeres puedan ejercer sus responsabilidades, construir sus liderazgos y desarrollar sus trayectorias políticas sin que su condición de género se convierta en una desventaja permanente.
Porque la democracia paritaria no consiste únicamente en abrir la puerta para que las mujeres entren al poder. También implica transformar las condiciones del espacio al que están entrando.
Y ese espacio, hoy, incluye inevitablemente el territorio digital. Enhorabuena por todos estos aciertos que vislumbran otros horizontes.
Lo que no se nombra, no existe.
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