COLABORACIÓN INVITADA/SR. SMITH
Hay instituciones que se conforman con existir. Y hay instituciones que deciden crecer, mirar más allá de sus muros y ponerse a la altura del mundo. La Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, bajo la conducción del rector Oswaldo Chacón Rojas, pertenece con claridad a las segundas.
Esta semana, la UNACH está haciendo algo que nunca antes había hecho en su historia. Del 25 al 29 de agosto, la máxima casa de estudios de Chiapas es sede de la Convención Internacional Universitaria UNACH 2026, un evento de dimensiones inéditas que reúne a académicos, investigadores y especialistas de 17 países bajo un lema que resume una filosofía: «Ciencia, cultura y desarrollo con sentido humano».
No es un congreso más. No es un evento académico de rutina. Es, en palabras del propio rector, algo que nunca se había hecho con estas características ni con este alcance en la universidad. La idea es tan ambiciosa como reveladora del momento que vive la institución: unir en un solo espacio y en un solo momento a las comunidades académicas del mundo, traer a Chiapas durante una semana completa la representación de 18 sedes internacionales, con cumbres, presentaciones de libros, actividades académicas y culturales desarrollándose de manera simultánea.
Lo que está ocurriendo estos días en el Campus Uno, en el Auditorio Manuel Velasco Suárez y en las distintas locaciones de la universidad, merece dimensionarse en su justa magnitud. Porque para un estado como Chiapas, que durante demasiado tiempo cargó el estigma de estar en los márgenes, de ser el sur olvidado, de recibir siempre y exportar poco en materia de conocimiento, que su universidad pública se convierta en punto de encuentro de especialistas de 17 naciones es mucho más que un evento en la agenda cultural.
Es una declaración de que Chiapas también produce conocimiento. De que la Benemérita no es una universidad de provincia resignada a su geografía, sino una institución con vocación internacional y con la capacidad de convocar al mundo a su casa. De que los jóvenes chiapanecos no tienen que salir necesariamente del estado para acceder a lo mejor del pensamiento global: por una semana, ese pensamiento viene a ellos.
El rector Chacón lo planteó con una idea que vale la pena subrayar: el evento está pensado para que cada estudiante construya su propia ruta de aprendizaje. Un programa amplio, variado, con actividades que corren en paralelo, diseñado para que el joven revise, elija según su interés y arme su propia agenda. Esa es una manera profundamente respetuosa de entender la educación: no como imposición sino como oferta, no como camino único sino como abanico de posibilidades donde cada quien encuentra lo suyo.
Detrás de todo esto hay una visión. Y las visiones, en las instituciones, tienen nombre y apellido. La transformación de la UNACH en una universidad con proyección internacional no ocurrió por generación espontánea ni por inercia burocrática. Responde a una conducción que entendió que una universidad pública del siglo XXI no puede pensarse encerrada en sus fronteras, que debe internacionalizarse, tejer redes, abrir puertas, exponer a sus estudiantes a lo mejor que el mundo tiene para ofrecer.
Oswaldo Chacón ha impulsado esa visión con una constancia que hoy da frutos visibles. La Convención Internacional Universitaria no es un hecho aislado sino parte de una estrategia más amplia de posicionamiento de la Benemérita. Y como lo adelantó el propio rector, no es el único gran evento en el horizonte: en octubre viene la Feria Internacional del Libro, otro proyecto que confirma que la universidad no está descansando en sus logros sino construyendo, uno tras otro, los peldaños de una institución que quiere jugar en las grandes ligas del conocimiento.
Hay algo profundamente esperanzador en todo esto para Chiapas. Porque el desarrollo de un estado no se mide únicamente en carreteras, en obra pública o en cifras económicas. Se mide también, y sobre todo a largo plazo, en la calidad de sus instituciones educativas. Un estado con una universidad fuerte, conectada al mundo, capaz de retener y formar talento, es un estado con futuro. Un estado cuya juventud tiene acceso a lo mejor sin tener que emigrar para conseguirlo es un estado que está sembrando su propia prosperidad.
La UNACH, esta semana, está sembrando exactamente eso. Está diciéndole a cada joven chiapaneco que sus sueños no tienen que ser pequeños por haber nacido en el sur. Que el mundo cabe en su universidad. Que la ciencia, la cultura y el desarrollo con sentido humano no son eslóganes sino una ruta concreta que su casa de estudios está trazando frente a sus ojos.
