IDENTIDAD POLÍTICA/José Adán Altúzar Figueroa
La comparación entre la alfabetización tradicional y los resultados de la prueba PISA de la OCDE permite ubicar el debate educativo en una dimensión más amplia: el reto ya no consiste solo en que la población sepa leer y escribir, sino en que pueda comprender, analizar y aplicar información en contextos reales. Mientras las tasas de alfabetización miden el dominio básico de la lectoescritura, PISA evalúa competencias que reflejan la capacidad de los estudiantes para enfrentar problemas académicos, laborales y sociales propios del siglo XXI.

A partir de este contraste, resulta necesario precisar cuántos beneficiarios del programa de alfabetización “Chiapas Puede” se ubican en el rango de edad evaluado por PISA, particularmente los estudiantes de 15 años, para distinguir entre alfabetización básica y desempeño educativo medible.
La paradoja de los datos en América Latina
Muchos países de la región muestran números contradictorios que encienden las alarmas de los analistas:
Altas tasas de alfabetización: Países como México, Argentina, Colombia o España reportan coberturas y tasas de alfabetización formal superiores al 90% o 95% de sus poblaciones.
Bajos niveles de competencia real: Sin embargo, en los resultados más recientes de las pruebas PISA, se observa que hasta el 70% de los estudiantes no alcanza el nivel mínimo básico de competencia en Matemáticas y cerca de la mitad o más quedan rezagados en Comprensión Lectora. Esto significa que, aunque «saben leer», no logran extraer inferencias, sintetizar información ni aplicar el conocimiento a problemas prácticos cotidianos.
La alfabetización es simplemente el primer escalón o el «piso» del sistema educativo. Los resultados de la prueba PISA funcionan como un termómetro que demuestra que lograr que una población sepa leer y escribir no garantiza que esté preparada para las demandas laborales, tecnológicas y científicas del entorno global actual.
El abandono escolar no debe leerse únicamente como un indicador educativo, sino como una causa estructural que puede perpetuar los altos niveles de analfabetismo, pobreza y pobreza extrema en Chiapas. La estrategia pública tendría que partir de las condiciones actuales de niñas, niños y adolescentes, con prioridad en garantizar su permanencia en la educación básica y evitar que nuevas generaciones reproduzcan los rezagos que hoy afectan a la entidad.
Los datos duros detrás del desafío educativo en Chiapas
Chiapas vuelve a colocarse en el centro del debate educativo nacional. La elección de San Juan Chamula y San Cristóbal de Las Casas como sedes conmemorativas del Día Internacional de la Alfabetización no solo tiene un valor simbólico: también expone las brechas históricas que persisten en una de las entidades con mayores rezagos sociales del país. En este contexto, hablar de alfabetización implica mirar más allá de los actos oficiales y revisar las condiciones reales en las que miles de niñas, niños, jóvenes y adultos intentan acceder a la educación.
Los indicadores sociales permiten dimensionar la magnitud del reto. Chiapas se ubica entre los estados con mayores niveles de pobreza laboral y menor movilidad social en México; además, el ingreso promedio de su población se mantiene por debajo de la media nacional. A estos factores se suman problemáticas estructurales como la deforestación, la presión migratoria en la frontera con Guatemala, la violencia y las limitaciones en el acceso a servicios básicos. Bajo este panorama, los programas de alfabetización enfrentan un desafío que no se limita a enseñar a leer y escribir, sino a garantizar condiciones mínimas para que el aprendizaje pueda sostenerse en la vida cotidiana.
Costo financiero
Los datos oficiales difundidos hasta ahora (250 mil personas beneficiadas) representan un esfuerzo gubernamental relevante y pueden marcar un cambio en las condiciones educativas de la entidad. Sin embargo, dadas las condiciones socioeconómicas de Chiapas, también resulta indispensable evaluar el costo financiero de esta política pública y transparentar el uso de los recursos destinados a su operación. Hasta el momento, no se ha hecho público cuánto representa, en términos económicos, alfabetizar a una persona con relación a la inversión presupuestal total. Si, de manera hipotética, la inversión ascendiera a 2 mil 500 millones de pesos para atender a 250 mil educandos, el costo estimado sería de 10 mil pesos por persona alfabetizada. A falta de información oficial desagregada, este cálculo debe entenderse solo como una referencia para el análisis público y no como una cifra definitiva. La discusión de fondo, por tanto, no debe centrarse en la propaganda institucional, sino en la eficiencia académica, la transparencia presupuestal y el impacto real de los programas de alfabetización en Chiapas. Por el momento, es cuánto.
