Tarot Político/Amet Samayoa Arce/Ultimátum
Para nadie es un secreto que Antonio Santos Romero, el flamante y a la vez cuestionado representante de la presidenta Claudia Sheinbaum en Chiapas, tiene rota la interlocución política con el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. Lo que comenzó como una aparente disputa de espacios de poder hoy amenaza con convertirse en un conflicto de mayores dimensiones. Desde el arranque de la llamada Nueva Era, el querendón oaxaqueño dejó clara su postura respecto a que cada quien en su parcela de poder: jaguar con la fuerza del Estado y él con la de la Federación. El insolente supuso que tendría el control político de Chiapas.
“Es por amor y negocios”
La muestra está en su insistencia por impulsar, según versiones políticas, al menos seis candidaturas a presidencias municipales, entre ellas Tonalá y Tuxtla Gutiérrez. En la primera, el amor parece tener nombre y apellido; en la capital, el interés por sus negocios millonarios con obras y proveeduría con “el Ángel caído” tampoco pasa inadvertido. Porque una cosa es construir acuerdos y otra muy distinta pretender repartir el territorio como si se tratara de un patrimonio personal. Por si fuera poco, Santos Romero ya habría acudido a Morena para poner sus cartas sobre la mesa, presuntamente con la venia de su amiga, la presidenta Sheinbaum, lo cual resulta temerario.
*¿Detrás de los golpeteos?*
Hasta ahí, podría decirse que se trata de una intentona de Toño Santos por posiciones, de una estrategia para ganar terreno y de asegurar cuotas de poder. Eso nada nuevo en la política. Sin embargo, hay un asunto mucho más delicado que merece atención. Y es que lo verdaderamente preocupante sería que desde esa representación federal se estuviera alentando el golpeteo político y mediático contra el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, particularmente alrededor de la reforma de paridad efectiva. Las impugnaciones y los cuestionamientos públicos han abierto un frente que, de acuerdo con las versiones que circulan, podría tener aliados más allá de las fronteras chiapanecas. Hasta ahora, cualquier señalamiento en ese sentido debe tomarse con cautela; pero, si llegara a confirmarse la participación de actores que utilizan posiciones institucionales para minar al gobierno estatal, el asunto dejaría de ser una simple pugna por candidaturas. Porque una cosa es disputar espacios y otra jugar con fuego desde las entrañas del poder. Si Antonio Santos Romero está apostando a tensar la relación con el gobernador y a convertir las diferencias políticas en una confrontación abierta, convendría recordar que en política las facturas llegan, y no siempre las paga quien las expide.
De Tarot y Adivinanza
¿Será cierto que el “querendón oaxaqueño” ya hizo ligas con miras a la proyección sucesoria del 2030? Al tiempo. Ya lo verá… ¡Servidos!



