La inclusión real no posa: se ejerce con respeto. Lorena Ramírez, ultramaratonista rarámuri y embajadora de México Imparable, fue relegada a la orilla, sin contacto ni protagonismo. Símbolo de identidad y resistencia, terminó tratada como adorno.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
Una imagen, dicen, vale más que mil discursos. Y a veces, también los desmiente. Basta ver las fotografías oficiales del evento donde se presentó el serial “México Imparable: Raíces de Agua” en Villahermosa, Tabasco, para comprender que algo no encaja. Que el mensaje institucional no cuadra con el lenguaje corporal. Que el discurso de inclusión no está en los gestos, ni en las miradas, ni en las posiciones.
En las imágenes compartidas por la Secretaría de Turismo de Chiapas, la corredora rarámuri y ultramaratonista Lorena Ramírez Nahueachi, embajadora del proyecto, aparece en el extremo. Separada. Con los brazos recogidos. Sin contacto físico. Sin sonrisas sincronizadas. Sin cuerpo presente en el centro. Ella, que representa la fuerza, la resistencia, la identidad cultural de México Imparable, es también la gran excluida de la narrativa visual.
No la tocan. No la rodean. No la incorporan. La ubican al borde del encuadre. Y en comunicación no verbal, eso no es casualidad, es mensaje.
LA ESQUINA DEL FOLCLOR
La narrativa del evento habla de inclusión, de orgullo por las comunidades originarias, de turismo deportivo con sentido social. Y sin embargo, el cuerpo institucional reacciona como si Lorena fuese solo un adorno, un símbolo, una “representación”. No una figura de peso, no una vocera legítima. No una mujer con historia y con causa.
Quienes conocemos de comunicación entendemos que la forma también es fondo. Que el lugar donde te colocan habla de tu relevancia. Que el tacto comunica cercanía. Que la sonrisa compartida comunica complicidad. Y en estas imágenes, a Lorena Ramírez la empujaron al margen, como si su presencia fuera un requisito que incomoda.
Eso, desde mi experiencia como maestro y profesional de la comunicación, es un error grave. Porque mientras el gobierno federal presume inclusión simbólica, sus operadores en territorio no comprenden lo mínimo de comunicación estratégica. No basta con invitar a las comunidades originarias. Hay que incluirlas con dignidad. Hay que cederles el centro. Hay que escucharlas con el cuerpo.
MÉXICO IMPARABLE, PERO SELECTIVO
El proyecto México Imparable es una iniciativa poderosa. Promueve carreras en distintas regiones del país, con un enfoque intercultural, deportivo y turístico. Busca generar derrama económica, visibilidad para pueblos originarios y fortalecimiento del tejido social. Suena bien. Se ve bien. Pero se ejecuta mal cuando el respeto simbólico no se materializa en el trato humano.
Lorena Ramírez, con su falda rarámuri, su dignidad serena y su historia atlética, representa lo que este país quiere presumir ante el mundo. Pero si en el evento donde es embajadora no le dan ni el lugar, ni el gesto, ni la palabra… entonces no es inclusión, es simulación.
Las otras funcionarias posan al centro. Se abrazan. Sostienen las camisetas del evento. Marcan protagonismo. Ella, mientras tanto, permanece al margen. Y aunque no lo digan, lo muestran: no saben comunicar la inclusión. No la sienten. Solo la simulan.
MÁS ALLÁ DEL DISCURSO
La comunicación no verbal no necesita boletines. Las imágenes lo dicen todo. Y esta dice mucho. Dice que el México oficial aún no ha aprendido a mirar de frente a sus pueblos originarios. Que los sigue colocando en la orilla, aunque sus discursos los coloquen en el corazón.
Como docente, como periodista, como chiapaneco, seguiré defendiendo la tecnocracia comunicacional. Esa que entiende que no se puede gobernar sin estrategia. Que no se puede representar sin sensibilidad. Y que no se puede incluir, si no se sabe primero mirar con respeto.
Porque México será imparable, sí. Pero no mientras deje atrás a las mujeres que corren por él.
Querida María Eugenia Culebro Pérez, usted que se dice orgullosa chiapaneca y Secretaria de Turismo, recuerde: forma es fondo, y no solo pose. Incluir no es posar para la foto; es saber cuándo dar un paso atrás para que otras —como Lorena— estén al centro, donde merecen. Porque si no se comprende eso, entonces el discurso se cae… y la imagen lo revela todo.
Cordial saludo.

Muy acertado Erick …y si, solo fue simulación!