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PANORAMA CHIAPAS

10 de octubre de 2025
in Opiniones
Desde María Corina Machado hasta Chiapas: la urgencia de recuperar la empatía y el oficio político

Desde María Corina Machado hasta Chiapas: la urgencia de recuperar la empatía y el oficio político

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Desde María Corina Machado hasta Chiapas: la urgencia de recuperar la empatía y el oficio político

Javier Guizar Ovando/Ultimátum

La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado trasciende el reconocimiento internacional a una figura de la oposición venezolana; representa, en esencia, la reivindicación de una forma de lucha política cimentada en la dignidad, la resistencia civil y la convicción democrática. En un continente donde la política se degrada entre cálculos mezquinos y personalismos, este galardón interpela directamente a las élites regionales, incluidas aquellas en estados como Chiapas, donde algunos actores públicos parecen haber olvidado que el poder no se justifica sólo por la fuerza institucional, sino por la coherencia ética y la empatía hacia los demás.
Machado, perseguida, vetada y empujada a la clandestinidad tras las elecciones del 28 de julio de 2024 en Venezuela, ha articulado un movimiento que, pese a la opresión, ha logrado organizar redes ciudadanas, documentar el fraude electoral y mantener viva la reivindicación de una transición pacífica. El Comité Noruego del Nobel destacó su aporte por “su incansable trabajo promoviendo los derechos democráticos para el pueblo de Venezuela”. Este reconocimiento subraya no sólo su liderazgo, sino su capacidad de convertir el dolor colectivo en una plataforma de unidad y esperanza, desafiando la fragmentación impuesta desde el poder.
“Machado ha sido una figura clave y unificadora en una oposición que alguna vez estuvo profundamente dividida”, señaló el presidente del comité, Jorge Watne Frydnes. Esa afirmación condensa el verdadero mérito político de su trayectoria: la construcción de consenso en medio del miedo, la capacidad de inspirar sin ocupar un cargo público, la dignidad de una política que no se corrompe ni se resigna. Es precisamente esa fibra moral—la que une el discurso con el sacrificio—lo que vuelve su ejemplo tan incómodo para quienes, desde realidades más estables, han renunciado a la vocación de servicio.
En un mensaje difundido tras conocerse el premio, Machado escribió: “La maquinaria de la opresión ha sido brutal y sistemática. Sin embargo, la respuesta del pueblo ha sido firme e indoblegable. Hemos forjado un movimiento cívico formidable, y hemos unido a la nación en un anhelo poderoso: Paz en Libertad”. Estas palabras hablan no sólo de Venezuela, sino de cualquier territorio donde la política ha perdido la brújula moral.
El caso de María Corina Machado contrasta radicalmente con la actuación de ciertos actores políticos en Chiapas, donde la institucionalidad democrática no enfrenta los mismos niveles de represión, pero donde paradójicamente proliferan conductas que evidencian una profunda falta de empatía, oficio y sentido de historia. En este estado, marcado por desigualdades estructurales y heridas históricas, hay quienes acceden al poder no para mediar, sino para administrar silencios; no para escuchar al pueblo, sino para ocupar la tribuna.
Mientras figuras como Machado lideran desde la adversidad, algunos políticos locales se pierden en el vértigo del protagonismo, confundiendo gestión con espectáculo y discurso con propaganda. Carecen de autocrítica y empatía, dos virtudes esenciales para comprender que el poder sin sensibilidad se convierte en un acto de violencia simbólica. La política en Chiapas no necesita más operadores; necesita estadistas capaces de mirar los conflictos sociales, ambientales y culturales no como amenazas, sino como demandas legítimas de reconocimiento.
La empatía política no es una concesión sentimental; es una estrategia de Estado. Allí donde se desoye el dolor social, germina la ingobernabilidad. Y en Chiapas, un territorio donde convergen pueblos originarios, campesinos, desplazados, madres y hermanas de familiares desaparecidos y juventudes excluidas, la ausencia de empatía se traduce en fracturas irreversibles. La lección de Machado no reside sólo en su oposición a una dictadura, sino en su capacidad de encarnar el sufrimiento de un pueblo sin convertirlo en mercancía electoral.
Es aquí donde emerge la comparación incómoda: ¿cómo es posible que en democracias imperfectas, pero operativas, existan liderazgos que rehúyen la escucha, que desdeñan el diálogo y que reducen la palabra “pueblo” a un recurso retórico? La política sin empatía deviene en administración burocrática. La política sin riesgo ético se convierte en simulacro. Y Chiapas, con su historia de luchas sociales y memoria insurgente, merece algo más que discursos vacíos.
María Corina Machado logró cohesionar a una oposición fracturada en torno a una causa fundamental: elecciones libres. En Chiapas, donde no existe un régimen de terror como en Caracas, Venezuela; las fracturas emergen no por imposición, sino por omisión. La división política local no proviene del poder autoritario, sino de la soberbia y del distanciamiento entre representantes y representados.
El reto en Chiapas no es enfrentar una dictadura, sino reconstruir la política como un acto de responsabilidad y escucha. Se requiere una nueva ética pública que recupere la idea de “causa común”: justicia social, reconocimiento de los pueblos originarios, defensa del territorio, combate a la corrupción y dignificación de la función pública.
Por último, el Nobel a María Corina Machado es una interpelación moral que trasciende fronteras. No celebra la victoria electoral, sino la persistencia ética. No premia a un partido, sino a una ciudadanía que resiste. Su ejemplo desnuda, por contraste, la banalización de la política en escenarios donde aún es posible actuar con libertad, pero no se actúa con convicción, humanismo y empatía.
Chiapas no necesita mártires, pero sí necesita líderes que comprendan que el poder se legitima no sólo por el voto, sino por la sensibilidad ante el dolor de los otros, la coherencia y el compromiso con la verdad. Desde Venezuela, una mujer perseguida ha recordado al mundo que la política sigue siendo, en su forma más alta, un acto de conciencia. En Chiapas, queda por ver quién estará dispuesto a asumir ese desafío. ¡Es cuanto en sábado!

Comentarios y sugerencias al: 916 34 89296 y al correo: jguizar1966@gmail.com

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