#ALAHORADELPOZOL /DANIEL SOLÓRZANO
En tiempos donde la política suele quedarse atrapada en el discurso, hay quienes deciden caminar distinto. Literalmente. Y ahí es donde aparece Valeria Rosales Sarmiento: en los ejidos, en las colonias, en el rostro de la gente que sí espera resultados, no promesas.
No es casualidad que, en Villaflores, cientos de productoras y productores del campo se hayan dado cita para recibir al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. Lo que ocurrió no fue solo un evento protocolario. Fue un mensaje político claro: cuando hay gestión real, el respaldo institucional llega… y se fortalece.
La firma del convenio del programa Producción con Prosperidad Compartida no es un documento más. Es una ruta. Una apuesta por dignificar al campo chiapaneco, por reconocer que el desarrollo no se decreta desde una oficina, sino que se construye desde la tierra, desde quienes la trabajan todos los días. Y pronto la demanda más alejada del agua potable será una realidad.
Pero hay algo que no se puede ignorar: este tipo de logros no ocurren en automático. Requieren gestión, insistencia y presencia. Y ahí es donde Valeria ha marcado diferencia. No gobierna desde el escritorio, gobierna desde el territorio. Recorre comunidades, escucha de frente, toca puertas… y logra que se abran.
Porque gestionar no es tomarse la foto; es conseguir resultados. Y hoy Villaflores los está viendo.
El respaldo del gobernador no es menor. Es una señal de confianza política, pero también de reconocimiento a un trabajo que ha sabido alinearse con una visión más amplia: la de llevar bienestar real a quienes históricamente han sido olvidados.
Aquí no hay simulación. Hay coordinación. Hay voluntad. Y sobre todo, hay resultados que comienzan a sentirse en el campo, en la economía local y en la esperanza de la gente.
En un país donde muchas veces se promete más de lo que se cumple, vale la pena decirlo sin rodeos: cuando una autoridad camina, gestiona y cumple, se nota. Y cuando además cuenta con el respaldo del Ejecutivo estatal, el impacto se multiplica.
Valeria lo entendió bien: la política que transforma no se presume, se ejerce.
Y hoy, en Villaflores, se está ejerciendo.
