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Fila de Morena en Pichucalco

19 de abril de 2026
in Opiniones
Fila de Morena en Pichucalco
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DEMOCRACIA Y VIRTUAL EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO

En Pichucalco ya empezó el desfile y, más que pasarela parece fila para las tortillas a la hora del almuerzo. Todos están con su platito en mano esperando que en Morena les sirvan la candidatura a la presidencia municipal.

No es para menos, cuando el partido en el poder huele a triunfo adelantado, la competencia deja de ser contra la oposición y se vuelve una «carnita asada» entre los mismos compañeros.

La escena no es exclusiva del municipio, es el reflejo de un fenómeno nacional producto de la cuasi hegemonía guinda.

Donde antes había campañas, ahora hay internas; donde antes se debatía con adversarios, hoy se mide el colmillo entre correligionarios.

En pocas palabras, la verdadera elección ocurrirá dentro del partido y lo demás será puro trámite, salvo que alguien se equivoque feo.

En el tablero local hay nueve nombres, pero siendo serios y un poco maliciosos, tres traen con qué pelear verdaderamente la Coordinación del Comité Municipal de Defensa de la Cuarta Transformación. Estos son Darinel Cruz Bernal, Suhey Dayana Hernández Vera y el ex alcalde Ricardo de Jesús Cruz Kerlegand, apadrinado desde Tuxtla por un compadrazgo.

Los demás que también levantan la mano son Moisés Aguilar Torres, Luis Miguel Pérez Ortiz, Mario Molina Villatoro, Elvira González López, Fernando López González y Norma Edith Gutiérrez Sánchez.

Sabemos que en política el “no” nunca se dice antes de tiempo, aunque el pasado pese más que una promesa en campaña o un trienio mal aprovechado.

Ese sería el detalle, dado que hay quienes buscan llegar con trabajo en territorio y otros que cargan el expediente de “ya goberné y mejor ni preguntes”.

Estos se anotan porque en la política mexicana se olvida lo malo, se exagera lo bueno y se confía en que el partido aguante todo. Ese sería el caso de Moisés Aguilar Torres y Luis Miguel Pérez Ortiz, quienes ya tuvieron oportunidad de ser presidentes municipales.

Mientras tanto, en la cocina del poder las dos figuras que podrían mover la cuchara son el alcalde Andrés Carballo Córdova y la secretaria de Gobierno y Mediación, Dulce Rodríguez Ovando, quién también es pichucalquense.

Ambos no decidirán oficialmente, pero pesarán en la selección de candidato o candidata, toda vez que, en Morena como en toda familia grande, el que reparte la barbacoa no siempre es el que aparece en la foto.

Las encuestas dirán quién va arriba, pero la operación política definirá quién llegará.

El consejo parece obvio, pero cuesta trabajo aplicar la máxima de elegir al mejor.

No se trata del más cómodo, ni del que grita más fuerte “yo soy de casa”, sino del que tenga calle, estructura y aceptación real, porque si se equivocan, el cuento de la hegemonía se les puede convertir en susto.

Pichucalco no es cualquier plaza, es un pueblo con memoria política y carácter. Ahí ya se vio que cuando en la cúpula no le dan al clavo la gente se brinca las trancas.

Basta recordar lo ocurrido en 1995, cuando Andrés Carballo Bustamante (padre del actual alcalde) tras no ser postulado por el PRI cambió de camiseta y, desde el PT —que en ese entonces era totalmente desconocido— terminó ganando.

La traducción de ese suceso sería que cuando el elector se enoja, vota con el hígado y con sesos (memoria).

Así que en Morena harían bien en bajar la espuma y subir el análisis, porque si la decisión se toma con cálculo corto, cuotas o caprichos, pueden abrir la puerta para que la oposición —esa que hoy parece de adorno— termine dando la sorpresa.

Si eso llegara a suceder, entonces sí, la fila de aspirantes se convertiría en «cola» de pretextos, porque la victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana.

Sassón

Al final de cuentas, déjeme decirle que la política en Pichucalco no es de trámite, es de colmillo de jabalí, y el que no lo entienda, aunque se vista de guinda se quedará sin silla.

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