DEMOCRACIA VIRTUAL/EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO
Tapachula ha sido durante años una especie de termómetro de la seguridad en Chiapas debido a su posición geográfica estratégica, es el epicentro de la crisis migratoria y la disputa entre cárteles por el control de la frontera sur, pero si allá se respira calma, también se manda una señal importante en cuanto a que sí se puede recuperar el control y disminuir la violencia.
Por eso no es menor lo que hoy ocurre en la Perla del Soconusco, donde, pese a hechos violentos recientes como el ataque al bar “El Hormiguero”, la percepción de inseguridad ha comenzado a bajar de manera clara y contundente.
Hay que decirlo sin rodeos, una balacera de ese tamaño no se minimiza ni se maquilla. Tres muertos y siete heridos no son cualquier cosa, es un golpe fuerte que recuerda que el crimen organizado sigue peleando espacios y que la frontera sur continúa siendo una zona altamente sensible.
Sin embargo, también sería limitado ignorar o tratar de ocultar que, en medio de ese panorama, Tapachula ha dejado de figurar entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país gracias al trabajo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y la colaboración coordinada del presidente municipal Yamil Melgar Bravo.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi señala que, en septiembre de 2024, Tapachula encabezaba la lista nacional con un brutal 91.9 por ciento de ciudadanos sintiendo que vivir ahí era inseguro, pero en diciembre de 2025 se ubicó en el lugar 28 y, en marzo de 2026, cayó hasta el lugar 41. Eso significa un avance que merece reconocimiento.
Aquí entra el trabajo coordinado entre el alcalde Yamil Melgar Bravo y el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, porque en seguridad no hay magia ni discursos milagrosos, hay operación, presencia y constancia, es decir, cuando un municipio mejora, no es por casualidad, sino porque alguien decidió meterle cabeza, fuerza y arrestos.
Hay una parte municipal que ha sido clave para bajar la temperatura social y Yamil Melgar la ha entendido cabalmente, puesto que la seguridad no se logra desde el escritorio con aire acondicionado, sino desde la proximidad social, la presencia en colonias, escuelas y calles.
Eso, sin lugar a dudas, ha sido una herramienta importante para reconstruir la confianza, pues el ciudadano quiere ver patrullas, sentir que hay autoridad, saber que no está solo frente a la delincuencia.
Sería injusto no reconocer que la columna vertebral de esta estrategia viene desde el gobierno estatal encabezado por Eduardo Ramírez Aguilar, ya que recuperar la paz no fue un discurso de campaña, sino una obligación desde su llegada a la administración.
En días pasados la Secretaría de Seguridad del Pueblo, a cargo de Óscar Aparicio Avendaño, presentó una estrategia que consta de nueva red de radiocomunicación, más equipo operativo, fortalecimiento de vigilancia en zonas turísticas y arqueológicas, acciones preventivas y programas de reinserción social para jóvenes.
Esto último es muy importante, pues si no se corta el reclutamiento criminal desde abajo el problema nunca termina. Eso es una realidad inocultable.
En ese sentido, es preciso reconocer que no todo se resuelve con patrullas y rifles, también hay que quitarle al crimen su cantera principal de jóvenes sin oportunidades, quienes en ocasiones son reclutados a la fuerza.
Además, la coordinación con fuerzas federales, militares y navales ha sido determinante, toda vez que Tapachula no puede enfrentarse sola a una dinámica criminal que rebasa fronteras municipales.
Hay mejora en percepción general, sí; pero también se tienen que atender los focos rojos que persisten, pues la gente siente menos miedo, pero todavía escucha disparos demasiado cerca.
Hoy Tapachula vive justamente ese punto de inflexión. No está salvada, pero tampoco está condenada. Está peleando y tiene al frente un alcalde con valor para hacer frente a la situación.
También es importante decir que en esa lucha el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha logrado que la narrativa ya no sea solamente de caos, sino también de recuperación.
Lo más importante es rescatar la tranquilidad, porque gobernar no es prometer paz eterna; eso no existe. Gobernar es contener la violencia, reducir el miedo y demostrar que el Estado no se rinde ante los criminales.
Sassón
Cuando una ciudad como Tapachula supera al miedo y cambia su percepción, entonces es testigo de una verdadera transformación. Ahí está el verdadero golpe firme de sus autoridades.
