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Mentiroso, mentiroso, mentiroso

28 de abril de 2026
in Opiniones
Mentiroso, mentiroso, mentiroso
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COLABORACIÓN INVITADA/SR. SMITH

En política hay errores, omisiones y hasta improvisaciones. Pero hay algo más grave: mentir con estrategia.

En Tuxtla Gutiérrez no hay un programa llamado “Calles Felices”. No existe. No está en papel, no tiene reglas, no tiene presupuesto, no tiene indicadores. No es política pública. Es, en el mejor de los casos, una etiqueta. En el peor, un engaño.

Y eso no lo dice la oposición, ni un rumor de pasillo. Lo dice el propio Ayuntamiento.

Un documento oficial de acceso a la información pública lo deja claro: “no existe un programa presupuestario, plan de acción o política pública bajo la denominación oficial de Calles Felices”. Más aún: no hay objetivos, no hay lineamientos, no hay dinero asignado ni forma de evaluar resultados.

Entonces, la pregunta no es menor: ¿qué es lo que presume el alcalde Ángel Torres Culebro?

Porque en redes sociales, en eventos, en discurso público, “Calles Felices” aparece como si fuera una gran estrategia de gobierno. Como si fuera una política integral que está transformando la ciudad. Como si fuera una marca de gestión.

Pero no lo es.

Lo que en realidad existe —según el propio documento— es una serie de acciones dispersas, ordinarias, permanentes, que distintas dependencias realizan como parte de su trabajo cotidiano: alumbrado, mantenimiento, pintura, imagen urbana. Es decir, lo mínimo que cualquier ayuntamiento debería hacer sin necesidad de bautizarlo con nombre bonito.

Y ahí está el fondo del asunto.

Cuando lo ordinario se disfraza de extraordinario, lo que se está vendiendo no es gestión, es narrativa. Cuando se le pone nombre a lo que ya se hacía, lo que se busca no es ordenar la política pública, sino capitalizar políticamente la percepción.

No es gobernar mejor. Es parecer que se gobierna mejor.

Y eso tiene consecuencias.

Porque mientras se invierten esfuerzos en construir una marca, la ciudad sigue con problemas que no caben en un eslogan: calles rotas, servicios irregulares, colonias olvidadas. Porque si el programa fuera real, tendría cobertura, estructura y resultados medibles. Pero no: apenas 17 colonias aparecen como “beneficiadas”.

En una ciudad que exige mucho más que pintura y fotografía.

La política contemporánea ha perfeccionado una técnica peligrosa: sustituir la realidad por su representación. No importa tanto lo que se hace, sino cómo se comunica. Y en ese juego, la verdad se vuelve incómoda.

Pero hay algo que no se puede maquillar: los documentos oficiales.

Ahí no hay filtros, ni edición, ni storytelling. Ahí está lo que es… y lo que no es.

Y hoy sabemos que “Calles Felices” no es lo que se dice.

Por eso la insistencia: mentiroso, mentiroso, mentiroso.

No como insulto fácil, sino como diagnóstico político.

Porque cuando un gobierno necesita inventar programas para presumir resultados, el problema no es de comunicación. Es de fondo.

Y en Tuxtla, ese fondo empieza a notarse.

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