PUNTO DE FUGA/ALFREDO PACHECO
Hay decisiones de gobierno que no se explican por la aplicación de la ley, ni por lineamientos de administración pública, ni siquiera por la seguridad, ¡vaya!, Solo se explican por el ego del gobernante en turno, tal es el caso del Mercado 5 de mayo, ubicado al norte oriente de la capital chiapaneca el cual es víctima del ego y el desarraigo de Ángel Torres Culebro, el edil capitalino.
La decisión del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, encabezado por Torres Culebro, de prohibir a los locatarios del mercado 5 de Mayo celebrar dentro de sus propias instalaciones el aniversario número 51 de ese centro de abasto parece ser una mezcla de desconocimiento de las tradiciones tuxtlecas y la necesidad de imponer su voluntad impulsada por el ego del alcalde.
Durante más de medio siglo, los comerciantes han celebrado su aniversario dentro del mercado. No es una fiesta improvisada ni una ocurrencia reciente: es una tradición que ha sobrevivido a medio siglo de administraciones municipales de todos los colores políticos.
Pero ahora, de pronto, el gobierno municipal de Ángel Torres decidió que esa tradición ya no es aceptable, tal vez porque el edil se formó en Tabasco y no en Tuxtla no valora las tradiciones de la ciudad.
La Dirección de Mercados y Panteones notificó que queda prohibido colocar mesas y sillas dentro del mercado y que tampoco se permitirá el consumo de bebidas alcohólicas. Lo delicado es que no se limita a la negativa, el ayuntamiento amenazó a los locatarios, que si se desacata se recurrirá a la fuerza pública para retirarlos.
Sí, así de grave, el uso de la policía para frenar una celebración que lleva más de cincuenta años realizándose y que ya es un icono en la capital chiapaneca.
Lo curioso, por no decir ridículo es que en el mismo oficio el ayuntamiento autoriza que la fiesta se haga… ¡en plena calle! Es decir, que dentro del mercado no se puede convivir, pero afuera sí; dentro del edificio está prohibido brindar, pero en la vía pública está permitido.
La lógica de la administración municipal es tan absurda que cuesta trabajo creer que sea una decisión basada en el orden público.
Por eso muchos de los locatarios del 5 de mayo ven detrás de esta medida algo más que mera burocracia. En los pasillos del mercado se comenta que la decisión podría ser una represalia política, luego de que el gobierno municipal no logró colocar a personas cercanas a su proyecto en la dirigencia del mercado.
Esto indica que Ángel Torres estaría usando el poder público para castigar a comerciantes por no alinearse políticamente, eso no sería un simple exceso sino una muestra del talante autoritario y vengativo del edil.
Lo más indignante es que mientras el ayuntamiento se ocupa de prohibir fiestas tradicionales, los problemas reales del mercado siguen presentes; los locatarios y clientes han denunciado desde hace años el deterioro del edificio, techos en mal estado, instalaciones viejas y sanitarios en condiciones deplorables, y respeto a ello la Dirección de Mercados y Panteones hace mutis.
Para reparar un techo no hay recursos suficientes, pero para mandar a la fuerza pública para impedir una celebración parece que sí.
Los mercados públicos de Tuxtla no son cualquier cosa. Son parte de la identidad de la ciudad, espacios donde generaciones enteras han trabajado y construido comunidad. En muchos sentidos, representan la economía popular que mantiene viva a la capital chiapaneca.
Por eso resulta preocupante que desde el gobierno municipal se actúe con tanta ligereza frente a tradiciones que forman parte de la historia urbana.
Cuando una autoridad llega al poder creyendo que puede cambiar de un plumazo prácticas que tienen décadas de existencia, lo que en realidad demuestra es una profunda desconexión con la ciudad que gobierna.
O peor aún: un intento de imponer control político donde debería haber respeto.
Porque gobernar no es mandar oficios ni amenazar con policías, gobernar también implica entender la vida y las costumbres de la ciudadanía, no obstante, al edil más tabasqueño que tuxtleco eso no le importa al no tener un verdadero arraigo por Tuxtla.
Cuando un gobierno pierde esa sensibilidad, el poder deja de ser servicio público y sirve para servirse, empieza a parecerse demasiado a un ajuste de cuentas con locatarios que han defendido su mercado al que le tienen cariño y que han cuidado por más de medio siglo.
PERSPECTIVA
Recientemente se aprobó la Ley Petrona en Chiapas, la cual, junto con la Ley Alina, pondera el principio de la legítima defensa cuando una mujer asesina a su agresor en defensa propia. Esto representa un gran avance y un verdadero reto para el estado, pues ahora se tendrá que sensibilizar a los ministerios públicos para que la perspectiva de género sea la regla y no la excepción.
¡Hasta la próxima!
