DEMOCRACIA VIRTUAL/EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO
La violencia registrada en Venustiano Carranza y Nicolás Ruiz, el viernes pasado, volvió a encender las alertas en Chiapas y quedó de manifiesto que hay autoridad y control por parte del gobierno de la Nueva ERA.
Este no fue un incidente menor ni un choque aislado entre comunidades, fue una confrontación que dejó muertos, heridos, vehículos incendiados y el temor de que viejos conflictos territoriales vuelvan a convertirse en una amenaza permanente para la gobernabilidad.
El origen inmediato fue la irrupción de al menos cinco camionetas con hombres armados en Nicolás Ruiz, donde comuneros denunciaron un ataque desde los predios de San Juan y Santa Lucía. Ahí murieron dos pobladores.
Después, los agresores avanzaron hacia Venustiano Carranza, donde integrantes de la llamada Casa del Pueblo ya mantenían bloqueos en los accesos y el enfrentamiento escaló rápidamente derivando en más muertos, lesionados y vehículos calcinados.
El conflicto tiene raíces profundas de disputas agrarias históricas, presencia de grupos criminales que buscan control territorial y comunidades organizadas prácticamente en autodefensa ante la falta de seguridad. Es decir, representa una mezcla explosiva que Chiapas conoce demasiado bien.
Asimismo, a nadie le queda dudas que esto es herencia de malos gobiernos anteriores, pero principalmente del de Rutilio Escandón, quien, de acuerdo a declaraciones del presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Horacio Culebro Borrayas, el cónsul de México en Miami dividió el territorio para darle participación a tres cárteles del crimen organizado.
Esto, por lógica, ha generado enfrentamientos entre diferentes bandos, con el fin de lograr el control total de la región que, dicho sea de paso, su colindancia con Centroamérica la convierte en un lugar de interés para el tráfico de drogas, armas, personas, ganado, madera y muchas cosas más.
Frente a ese escenario, el gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar reaccionó con rapidez y no dio margen a la espera ni a la indiferencia.
Más de 200 elementos de seguridad fueron desplegados de inmediato a esos municipios, entre Policía Estatal, Fiscalía General del Estado y fuerzas de coordinación para contener la escalada y recuperar el control territorial.
La Fiscalía encabezada por Jorge Luis Llaven Abarca confirmó inicialmente dos personas fallecidas, siete lesionados por arma de fuego y una persona no localizada.
Sin embargo, comuneros sostienen que el saldo real fue mayor y, precisamente por eso, una de las prioridades fue abrir de inmediato las carpetas de investigación para esclarecer los hechos y evitar que la incertidumbre alimentara nuevas tensiones.
De igual manera, la Secretaría de Seguridad del Pueblo mantuvo presencia operativa estratégica en la zona, con vigilancia permanente para impedir represalias y evitar que grupos armados intentaran volver a tomar posiciones.
Esa permanencia es clave, porque muchas veces el problema no es el primer ataque, sino la venganza, el desplazamiento de familias y la consolidación del miedo que viene después. Por eso es de reconocerse la labor de Óscar Aparicio Avendaño, titular del SSP.
Por su parte, Eduardo Ramírez entendió que la batalla no era solo policiaca, sino política, toda vez que permitir que Venustiano Carranza y Nicolás Ruiz se convirtieran nuevamente en símbolo de ingobernabilidad habría significado abrir una grieta seria en la estabilidad estatal.
Esto parece repetitivo, pero hay que dejar claro que la paz no se impone con discursos, se construye con presencia, autoridad y decisiones rápidas.
Hoy, el reto no es solo contener este episodio, sino demostrar que Chiapas no volverá a los tiempos donde el territorio era gobernado por la ley del miedo.
Las autoridades no pueden relajarse en materia de seguridad por los buenos resultados que se han logrado, ni mucho menos por el descenso en la percepción de violencia; al contrario, se deben reforzar las medidas y cada vez generar nuevas estrategias, porque los criminales no descansan.
Sassón
Ese mensaje debía enviarse de inmediato y, para decepción de los delincuentes y enemigos de Chiapas, llegó a tiempo. No se puede volver al pasado de violencia y bloqueos en el territorio chiapaneco.
