NIZALEB CORZO/ULTIMÁTUM
Hay un mexicano nuevo, o quizá uno viejo que regresó. Entra a Walmart con una lista. La cumple. Se va. No pasea por los pasillos, no agrega lo que no anotó, no se detiene en la góndola de la promoción que antes lo seducía. Compra lo que necesita, paga, sale. El ticket que entrega en caja es más alto que el del año pasado, pero entró menos veces. Walmex lo reportó esta semana sin nombrarlo así: ticket promedio cuatro por ciento arriba, tráfico nueve décimas abajo. Los demás reportes del trimestre dicen lo mismo en otro idioma.
Liverpool lo confirma desde el otro extremo del ingreso. Sus ventas mismas tiendas cayeron dos y medio por ciento. La compañía habló de un consumidor cauteloso, enfocado en promociones. Tradúzcase: el cliente que antes entraba a ver, ahora entra a comprar lo que ya decidió comprar, en la fecha que la tienda eligió bajar el precio. Suburbia, su formato accesible, cayó más que Liverpool. Y las provisiones por cuentas incobrables saltaron veinticinco por ciento. La tarjeta departamental, instrumento histórico de rentabilidad, dejó de pagarse a tiempo.
Alsea cierra el cuadro. Starbucks, Domino’s, Vips. Marcas que viven enteramente del impulso, del antojo, del me lo merezco después de un día difícil. Los ingresos crecieron uno punto cuatro. La utilidad cayó dos terceras partes. Nadie dejó de tomar café, pero menos gente lo está tomando con tanta frecuencia, y la diferencia entre tomarlo cuatro veces a la semana o dos hunde un estado de resultados.
No hay mesa de consejo, sala de juntas, desayuno o comida con empresarios donde la conversación no derive, antes del café, hacia lo mismo. Las ventas no entran como entraban. Los pagos se atrasan. La cobranza se endurece. Los proyectos se posponen. Los presupuestos se recortan a mitad de ejercicio. Los reportes a la Bolsa son apenas la versión auditada de un coro que en privado lleva meses sonando, y que las empresas medianas y pequeñas viven sin micrófono.
Que el consumo se enfríe no es noticia. Pasa en cada ciclo. Lo interesante es la naturaleza del enfriamiento. El mexicano de clase media no está empobreciéndose de golpe. Está calibrando. Sigue gastando, pero con otra lógica. Compara precios donde antes no comparaba. Pospone donde antes resolvía. Reserva el gasto discrecional para ocasiones específicas y compra lo demás por necesidad. Es un cambio de actitud, no de poder adquisitivo, y por eso los datos macro tardan en captarlo. La encuesta de confianza puede seguir alta. Las remesas pueden seguir entrando. El empleo formal puede seguir creciendo. Y aun así, el consumidor está comportándose como si supiera algo que los indicadores no han terminado de procesar.
Lo que sabe es difícil de articular pero fácil de identificar. Sabe que el peso fuerte no es resultado de una economía fuerte sino de un diferencial de tasas que tarde o temprano se cerrará. Sabe que el subsidio a la gasolina contiene un precio que en algún momento el Estado dejará de poder pagar. Sabe que los planes oficiales de inversión hablan de cifras que la realidad presupuestal contradice. Sabe que la revisión del T-MEC no es trámite. No lo formula así, claro. Pero el comportamiento agregado de millones de decisiones individuales tiene una inteligencia que ningún funcionario logra negar mucho tiempo.
Banxico recortará tasas, probablemente, en mayo. La gobernadora ya lo anticipó. Los argumentos técnicos están alineados: peso apreciado, ausencia de presiones de demanda, rezago de la política monetaria. Lo que esos argumentos no dicen es que la presión real sobre el banco central no viene de la inflación, que sigue arriba del cuatro por ciento. Viene de un consumo que se desacelera más rápido de lo esperado, de un PIB que se contrajo ocho décimas en el primer trimestre, y de un gobierno que necesita una economía que se vea en movimiento. Recortar es una apuesta defendible. Pero conviene llamarla por su nombre.
Y aquí está el punto que importa. Una economía en la que el consumidor compra por necesidad y no por impulso es una economía sana en el corto plazo, prudente, financieramente disciplinada. Pero también es una economía que crece menos, que invierte menos, que arriesga menos. El comercio organizado lo va a sentir primero. Después la industria. Después la construcción. Después, cuando ya nadie pueda negarlo, los discursos.
El consumidor mexicano no está en crisis. Está más informado de lo que sus gobernantes asumen. Compra lo que necesita y se va.
Leída con atención, esa es la noticia económica más importante del trimestre.
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Nizaleb Corzo
Consejero empresarial independiente
Socio fundador de Corzo Diez y Asociados
Autor de Arquitectura o inercia: Gobierno corporativo para Consejos que quieren elegir su destino, no recibirlo.
