COLABORACIÓN INVITADA/NIZALEB CORZO/ULTIMÁTUM
México no está creciendo. México está resistiendo el deterioro suficiente para que el discurso oficial todavía pueda maquillarlo.
Cuando el INEGI reportó un crecimiento trimestral de 0.2%, los titulares celebraron que el país “esquivó la recesión”. Hubo comunicados optimistas, lecturas complacientes y el ritual habitual de explicar que la economía mexicana “ha demostrado resiliencia”.
Bonita narrativa. El problema es que los datos debajo de la superficie cuentan otra historia.
El PIB anual apenas avanzó 0.1%, contra 1.8% del trimestre previo. Desestacionalizado, cayó 0.8%, su peor desempeño desde finales de 2024. Pero como la palabra “recesión” requiere técnicamente dos trimestres consecutivos en negativo, el aparato político se aferra al tecnicismo para vender estancamiento como estabilidad.
Es el equivalente económico de celebrar que el paciente no está muerto porque todavía respira.
Lo verdaderamente importante no es el PIB. Es lo que está pasando debajo del agua, donde casi nadie quiere mirar.
La inversión privada acumula dieciocho meses consecutivos de contracción anual desde septiembre de 2024. En febrero cayó 3.6%; maquinaria y equipo se desplomaron 9.1%; la inversión privada retrocedió 5.4%, mientras la inversión pública creció 3.5%.
Tradúzcase sin eufemismos: el capital privado está levantando el pie del acelerador mientras el gobierno empuja el vehículo para que el tablero todavía marque movimiento.
Cuando el sector privado deja de invertir durante año y medio seguido, ya no estamos frente a una fluctuación normal del ciclo económico. Estamos frente a un problema de confianza estructural. Y la confianza estructural no se reconstruye con narrativa política.
El empleo formal merece el mismo nivel de lectura crítica.
Sí, el récord de 22.5 millones de afiliados al IMSS es real. Pero el dato agregado esconde una composición mucho más frágil de lo que el discurso reconoce. Abril apenas generó 19,964 empleos, menos del 6% de la meta anual estimada por el sector privado. Mientras tanto, la industria cayó 1.1% trimestral.
Y ese detalle importa.
Porque no todos los empleos tienen el mismo impacto económico. Los puestos industriales generan cadenas de proveeduría, inversión y productividad. Los servicios sostienen consumo inmediato, pero no necesariamente expansión estructural.
Quien observe únicamente el número total de empleos está leyendo el indicador correcto con la interpretación equivocada.
El consumo interno tampoco está resistiendo como aparenta.
México acumula dos meses consecutivos de contracción mensual en consumo privado. El consumo de bienes nacionales cayó 2.91% anual en febrero: su peor nivel desde la salida de la pandemia.
Las señales ya aparecieron en los corporativos de consumo masivo.
Walmart desaceleró crecimiento. Chedraui prácticamente redujo a la mitad su ritmo de expansión. Soriana continúa en terreno negativo. Y mientras eso ocurre, buena parte del sector comercial apuesta miles de millones al Mundial de 2026 como catalizador temporal de ventas.
Eso no es una estrategia de crecimiento. Es una estrategia de supervivencia disfrazada de optimismo.
Porque cuando una industria necesita que un evento extraordinario rescate el año, lo que está confesando es que su modelo normal dejó de funcionar.
Eso es exactamente lo que empieza a parecer México hoy: una economía que todavía crece en los agregados mientras comienza a vaciarse por dentro.
La definición más cercana a una recesión silenciosa.
Y nadie quiere nombrarla porque hacerlo obligaría a aceptar decisiones incómodas: cancelar proyectos, redefinir expansión, ajustar expectativas y admitir que la incertidumbre dejó de ser temporal.
_*¿Qué deberían estar haciendo los líderes empresariales?*_
*Primero:* reconstruir presupuestos bajo escenarios mucho más conservadores. Seguir proyectando crecimiento de 1.5% o 2% como si nada hubiera cambiado es administrar empresas con datos viejos en un entorno nuevo.
*Segundo:* dejar de tratar el Mundial como estrategia económica. El Mundial es un evento de demanda temporal. Una estrategia real se diseña para lo que ocurre después de que las luces se apagan.
*Tercero:* asumir que la incertidumbre prolongada ya no es contingencia; es escenario base. Si una empresa lleva dieciocho meses postergando CAPEX “en espera de claridad”, probablemente esa inversión ya murió. Lo único pendiente es reconocerlo formalmente.
Las recesiones silenciosas son las más peligrosas porque no comienzan con despidos masivos ni con titulares alarmantes. Comienzan con plantas que no se construyen, contrataciones que no ocurren, líneas de producción que no se amplían y proveedores que desaparecen sin ruido.
Cuando finalmente aparecen las cifras imposibles de maquillar, las decisiones que podían reducir el daño ya quedaron atrás.
Por eso la diferencia entre arquitectura e inercia vuelve a ser la misma: quién decide leer la realidad antes de que la realidad obligue a todos los demás a verla.
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Nizaleb Corzo
Consejero empresarial independiente
Socio fundador de Corzo Diez y Asociados
Autor de Arquitectura o inercia: Gobierno corporativo para Consejos que quieren elegir su destino, no recibirlo.
