FILIPICAS/PACO RAMÍREZ/ULTIMÁTUM
El tablero político rumbo a la sucesión municipal de Tuxtla Gutiérrez acaba de recibir un golpe de timón desde Palacio de Gobierno. La semana pasada, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar lanzó un exhorto directo a los partidos: las candidaturas de mujeres para las alcaldías deben ser reales, competitivas y con fuerza propia. Con una sola frase, el mandatario sentenció la vieja práctica de usar a las mujeres como relleno electoral, esas figuras conocidas como “Juanitas” que, una vez conseguido el triunfo, terminan siendo desplazadas por hombres que operan desde la sombra.
La declaración no cayó en el vacío. En algunos círculos y espacios mediáticos el exhorto del gobernador generó incomodidad inmediata —más elocuente que cualquier respuesta abierta. No es difícil entender por qué: sus palabras rompieron los acuerdos no escritos de las cofradías masculinas que ya se sentían dueños de las candidaturas más lucrativas del estado, sobre todo la capital chiapaneca. Al abrir de par en par la puerta a una verdadera alternancia de género, los grupos tradicionales de poder vieron amenazados sus intereses. Lo que dolió no fue la propuesta —fue el fin del pacto patriarcal en las boletas.
En medio de este torbellino, un nombre comienza a sonar con eco pesado y natural en las colonias de Tuxtla: María Mandiola Totoricagüena. La diputada local por el Distrito II y presidenta de la Comisión de Hacienda del Congreso del Estado no es una advenediza de la cuota de género. Su paso al frente de la Secretaría de Igualdad de Género y su trabajo cercano con las bases a través de “Mandiola en tu Colonia” la perfilan de forma orgánica en este nuevo escenario.
Pero en una capital históricamente golpeada por saqueos institucionales y alcaldes que han confundido las arcas públicas con su patrimonio personal, Mandiola tiene un as que incomoda a la vieja guardia: autonomía financiera. Hija de una familia con más de 40 años de arraigo en el sector ferretero local, la contadora pública llega con una ventaja que pocos políticos en Chiapas pueden presumir: no tiene necesidad económica de llegar a robar. En el imaginario colectivo de un Tuxtla harto de la corrupción de cuello blanco, ese capital económico muta en capital político; representa la posibilidad de una administración blindada frente al soborno institucionalizado.
El panorama está cambiando. La resistencia mediática contra la línea de equidad del gobernador es la prueba más clara de que el golpe dio en el blanco. Si las reglas de la nueva era exigen empoderamiento real y perfiles limpios, María Mandiola tiene la mesa puesta para demostrar que su aspiración no es de relleno. Tiene los recursos, las cuentas claras y las faldas bien puestas para gobernar la capital. Los dados están en el aire, y los machos de la política ya empezaron a temblar.
