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TE RECORDAREMOS SIEMPRE. Doña Yolanda: la que sostuvo sin que nadie lo viera

3 de junio de 2026
in Especial
TE RECORDAREMOS SIEMPRE. Doña Yolanda: la que sostuvo sin que nadie lo viera
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Descanse en la paz que tanto mereció, junto al hombre que la esperaba.

Hay mujeres que no necesitan título ni cargo para ser imprescindibles. Mujeres que no firman documentos importantes ni aparecen en fotografías oficiales, pero sin las cuales nada de lo que existe hubiera podido existir. Mujeres que son, en el sentido más profundo y más verdadero de la palabra, el origen.

Doña Yolanda Arce fue una de ellas.

No fundó un periódico. No escribió columnas que incomodaran al poder. No dio conferencias de prensa ni concedió entrevistas. Hizo algo mucho más difícil y mucho más duradero: formó personas. Crió hijos. Sostuvo una familia con esa clase de fuerza silenciosa que no hace ruido pero que todo lo mantiene en pie, como las raíces que nadie ve pero que impiden que el árbol caiga cuando arrecia el viento.

Y en Chiapas, donde el viento de la vida sopla fuerte y a veces con furia, doña Yolanda fue raíz.

Amet Samayoa Arce, el periodista que durante cuatro décadas le ha hablado a Chiapas con una franqueza que pocos se atrevieron a imitar, el hombre que fundó este diario con las manos y con la convicción de que la verdad no puede esperar, aprendió esa terquedad honesta en algún lugar antes de las redacciones y los micrófonos. La aprendió en casa. La aprendió de ella.

Porque los hombres y las mujeres que se plantan ante el poder sin doblar la rodilla no nacen así por casualidad. Los forma alguien. Los sostiene alguien. Los mira a los ojos en los momentos difíciles alguien que les recuerda, sin decirlo necesariamente con palabras, que la dignidad no se negocia y que hay cosas que valen más que la comodidad.

Esa alguien fue doña Yolanda.

La conocimos en los márgenes de cada celebración de esta casa editorial. En el quinto aniversario de Ultimátum, Amet la mencionó entre los suyos con una ternura que no necesitaba adornos: «Abrazo a mi madre Yolanda, por acompañarnos.» Pocas palabras. El peso del mundo dentro de ellas. Así nombramos a las personas que son tanto para nosotros que el idioma se nos queda corto.

Estaba ahí, doña Yolanda. Como siempre había estado. No en el centro de la fotografía sino en el lugar desde donde se ve todo: el costado del amor, ese sitio discreto y permanente que solo ocupan quienes no necesitan el reflector para saber que importan.

Junto a su compañero de vida, David Samayoa Nucamendi, construyó una familia que es hoy mucho más que una familia. Es un árbol con ramas largas y firmes: Amet y cada uno de sus hijos e hijas, Jassia y Nilse que hoy llevan adelante este periódico con el mismo temple heredado, los nietos que crecieron bajo la sombra generosa de sus brazos, los bisnietos que llegaron a completar el cuadro más hermoso que una mujer puede ver antes de cerrar los ojos: el de una familia que siguió, que creció, que no se rompió.

Don David se fue primero. El 11 de febrero de 2018 partió adelantado, como parten los que dejan a alguien esperando con la certeza serena de que el reencuentro llegará. Doña Yolanda esperó ocho años. Ocho años siendo el ancla de los suyos, el centro de gravedad al que todos volvían, la voz que todavía orientaba, la presencia que todavía consolaba.

El 2 de junio de 2026, doña Yolanda Arce dejó esta orilla.

Y los que quieren de verdad siempre se encuentran.

No hay palabras suficientes para el tamaño de este vacío. El idioma tiene sus límites y la muerte los expone todos de golpe. Solo queda decir lo que es verdad y esperar que alcance: doña Yolanda vivió bien. Amó profundamente. Formó personas íntegras. Sostuvo en silencio lo que otros construyeron en voz alta. Y se fue dejando detrás de ella algo que ningún tiempo borrará: la huella invisible pero permanente de las mujeres que fueron raíz.

Esta casa periodística, que nació del coraje de su hijo y que crece hoy en las manos de sus nietas, le debe más de lo que sabe nombrar.

Gracias, doña Yolanda.

Por Amet. Por cada uno de sus hijos. Por Jassia y por Nilse. Por los nietos y los bisnietos. Por todo lo que sembraste sin pedir que nadie te viera sembrar.

La familia Diario Ultimátum

La verdad no puede esperar

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