DEMOCRACIA VIRTUAL/ EUGENIO HERNÁNDEZ SASSO
La política mexicana ha experimentado una transformación significativa en los últimos años. Desde la llegada de Morena al poder, la forma de construir candidaturas y posicionar aspirantes ha evolucionado hacia un modelo que, sin violar formalmente la ley electoral, permite desarrollar actividades de promoción política con mucha anticipación respecto a los tiempos tradicionales de campaña.
La figura de las coordinaciones para la Defensa de la Cuarta Transformación se ha convertido en un mecanismo eficaz para que militantes y simpatizantes recorran territorios, organicen reuniones y fortalezcan su presencia pública antes de que inicien los procesos electorales constitucionales.
Lo que comenzó como una fórmula para definir liderazgos internos terminó convirtiéndose en una estrategia política de gran alcance que hoy se replica en municipios, distritos electorales, entidades federativas e incluso en la contienda presidencial.
Actualmente, el fenómeno se observa con claridad en la disputa por presidencias municipales, diputaciones locales y federales.
Decenas de aspirantes han comenzado a movilizarse con meses de anticipación, algunos incluso dejando cargos públicos para dedicarse de tiempo completo a la construcción de estructuras políticas.
La intención es llegar, evidentemente, al momento de la definición de candidaturas con una ventaja competitiva sobre sus adversarios.
Para las autoridades electorales, el desafío es enorme. La organización de los procesos comiciales implica una coordinación permanente entre el Instituto Nacional Electoral (INE) y los organismos públicos locales electorales.
La magnitud de la tarea resulta evidente si se considera que en México se renuevan 500 diputaciones federales en la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas estatales, congresos locales en los estados participantes y más de 2,000 presidencias municipales y ayuntamientos.
Supervisar cada actividad de promoción política y determinar si constituye o no un acto anticipado de campaña sería una labor prácticamente imposible.
Además, existe un elemento jurídico que favorece este esquema. Tanto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación como el INE han sostenido que los procesos internos partidistas son legales cuando están orientados a la organización y definición de candidaturas dentro de los propios partidos.
Bajo esa interpretación, las actividades realizadas en el contexto de elecciones internas no son consideradas actos de proselitismo dirigidos al electorado en general.
Sin embargo, más allá de la definición legal, resulta difícil ignorar el efecto político de estas acciones. Los recorridos, reuniones y eventos permiten que determinados perfiles incrementen su nivel de conocimiento entre la ciudadanía y consoliden redes de apoyo territorial.
En términos prácticos, constituyen una plataforma de posicionamiento que puede resultar determinante cuando lleguen las campañas formales.
La oposición enfrenta una situación particularmente complicada, pues aunque podría recurrir a mecanismos semejantes mediante consultas internas o procesos abiertos a sus militantes, la realidad es que muchos partidos carecen de la capacidad financiera y organizativa para sostener actividades permanentes de esta naturaleza. La diferencia de recursos y de estructura se traduce en una ventaja para quien gobierna.
Ante ese panorama, los partidos opositores tendrían que replantear su estrategia. La creación de comités ciudadanos permanentes, el fortalecimiento de estructuras de base y la promoción de liderazgos con auténtica aceptación social podrían representar alternativas viables para competir en condiciones más equilibradas.
Asimismo, abrir espacios a candidaturas ciudadanas e independientes podría atraer a sectores del electorado que buscan opciones distintas a las tradicionales.
La elección celebrada este domingo en Coahuila ofrece un primer indicador sobre el estado actual de las fuerzas políticas.
Aunque se trata de un proceso local, sus resultados pueden interpretarse como una señal de las tendencias que podrían manifestarse en las elecciones de 2027.
Si la oposición logra mantener espacios relevantes, demostrará capacidad de resistencia. Si Morena amplía su dominio electoral, confirmará que su modelo de organización y movilización continúa siendo altamente efectivo.
Sassón
Con los resultados preliminares sobre la mesa, el análisis podrá realizarse con mayor precisión. Lo que parece indiscutible es que México ha entrado en una etapa donde las campañas ya no se limitan a los calendarios oficiales, sino que se desarrollan de manera prácticamente permanente bajo nuevas reglas políticas y jurídicas.
