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Se acabó el maquillaje del verde

14 de junio de 2026
in Opiniones
Se acabó el maquillaje del verde
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FILIPICAS/PACO RAMÍREZ/ULTIMÁTUM

En la política, como en la vida, el tiempo lo acomoda todo. Las palabras que se dicen en la comodidad de una transición no aguantan el peso de la realidad cuando se empieza a gobernar. Para muestra, un botón: comparemos lo que se decía en noviembre de 2024, cuando el nuevo gobierno apenas se cocinaba, con lo que estamos viviendo en este junio de 2026. El cambio es total.

Hagamos memoria. En noviembre de 2024, el ambiente político era de una diplomacia exagerada, casi asfixiante. Manuel Velasco y la cúpula del Partido Verde caminaban con el pecho inflado. Se sentían los dueños de la finca, los «socios mayoritarios» que le habían llevado millones de votos a la coalición y que, por lo tanto, venían a cobrar caro el favor exigiendo secretarías y control. Su discurso era suave, de «terciopelo». Maquillaban la realidad y evitaban decir que el estado estaba en llamas, con la violencia desatada en la Frontera y la Sierra. Querían vender la idea de que Chiapas no caminaba sin ellos y que el nuevo gobernador tendría que compartir el poder.

Pero el cuento les duró poco. El reciente reconocimiento al trabajo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar no es un halago más; es el acta de defunción de esa fantasía del Partido Verde.

¿Por qué? Por dos razones muy sencillas de entender:

Primero, se acabó el maquillaje. Mientras que en 2024 el «Guerismo» intentaba tapar el sol con un dedo para no quemar a los suyos, hoy la realidad se dice con todas sus letras: se reconoce de frente que el estado se recibió “con uno de los índices de violencia más altos del país y nunca antes vistos en la historia”. Al hablar así, claro y raspado, se le cae la máscara al Verde y queda expuesto el desastre que dejaron.

Segundo, aquí manda uno solo. En la víspera del poder, Velasco pensaba que Chiapas seguiría siendo su feudo. Hoy, a mitad de 2026, la realidad le dio un baño de agua fría. La estrategia de seguridad, la recuperación de las carreteras y el regreso de la confianza para el turismo y el comercio no llevan el sello de una coalición de partidos; llevan la firma y el liderazgo del Ejecutivo estatal.

¿Logrará el Verde someter a Morena en Chiapas? La respuesta es un rotundo no. Al revés: Manuel Velasco ha tenido que guardar el traje de negociador rudo y conformarse con el de aliado disciplinado para poder sobrevivir en la periferia. Frente a un gobernador con carácter y control territorial, los caprichos de partido simplemente no caben.

El dilema de la casa y las piezas claves

Por supuesto, no podemos cerrar los ojos ante la estructura interna del gobierno, donde muchos se preguntan si hay lealtades divididas. Es un secreto a voces que en áreas clave hay funcionarios con fuertes lazos de afecto o trayectoria vinculados al pasado. Sin embargo, el gobernador ha colocado piezas estratégicas para desactivar cualquier tentación de desacato.

Ahí está Manuel Antonio Pariente Gavito en la Secretaría de Hacienda, un hombre de arraigo que funciona como el candado del dinero: presupuesto por ley a los municipios, pero ni un peso más para aventuras clientelares. En la trinchera operativa destaca Óscar Alberto Aparicio Avendaño, un secretario de Seguridad de mano dura que centraliza el Mando Único con la Federación, arrebatándole a los alcaldes del Verde el control de las policías locales. ¿Y la Procuraduría Fiscal? En finanzas públicas, la amistad se respeta pero la disciplina se audita; bajo el ojo clínico del Ejecutivo y la lupa de la Secretaría de la Honestidad, el manejo del dinero no se comparte, se vigila. 

El reciente pronunciamiento de Eduardo Ramírez en Cacahoatán no fue un discurso casual de equidad de género; fue un misil político de alta precisión. Al exigir formalmente a las dirigencias de los partidos que en estas venideras elecciones sean las mujeres quienes encabecen las candidaturas a las presidencias municipales y diputaciones, el gobernador activó el filtro de contención perfecto.

Con una sola palabra —Mujeres— la pasarela diaria de posibles candidatos en Tuxtla se queda sin pista de aterrizaje legal ni política. Además, desarmó por completo las estructuras tradicionales del Verde en las regiones, acostumbradas a basar su fuerza en cacicazgos masculinos y exalcaldes que ya tenían apalabrada la plaza. Lo mejor de la jugada es su legitimidad: nadie puede acusar al Ejecutivo de veto o persecución cuando lo que está haciendo es cumplir un mandato de justicia y empoderamiento real para las mujeres chiapanecas.

La lección de esta «Nueva Era» es cortita y al pie: las cuotas de poder se terminan cuando empieza el verdadero mando. Al Verde se le acabó el negocio del chantaje político; hoy en Chiapas hay orden, hay Estado, hay equidad obligatoria y hay un solo timón. Lo demás, es nostalgia de un pasado que no va a volver.

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